Estoy por hacer una ensalada. Como plato único, no para acompañar un bife, como quisiera él porque “ensalada no es comida, es guarnición y para eso prefiero papa“.

Saco de la alacena un bol de cuando mi mamá era soltera y lo dejo apoyado en la mesada un instante mientras corto los tomates.

Cuando vuelvo a agarrarlo veo un bicho horrible, gigante horrible, horrible amenazándome desde adentro y, con el bol todavía en la mano y presa de un pánico irracional, salgo disparada a la pieza, donde él habla por teléfono en calzoncillo.

Elena:
¡Chango mirá este bicho horrendo por DIOS SACALO del bol!!!
Chango:
(al teléfono) …a ver, esperá que Elena está gritando… (A mí) Ay mi amor, por favor, es un grillo. ¡No te va a hacer nada! (Al teléfono) Pffft, nada, Elena, haciendo un escándalo por un bichito, ahora te llamo(click).
Elena:
Bueno pero ¡SACALO!
Chango:
No seas maricona, querés, sacalo vos al balcón y que se vaya tranquilo, ¡no seas nena!
Elena:

(En silencio, deposito el bol con el monstruo sobre la cama, justo a su lado)

Chango:
¡¡¡¡AAAAAHHH!!! ¡¡¡NONONOSACALO QUE VA A SALTAR EN LA CAMA LLEVÁTELO LLEVATELO!!!! ¡¡AL BALCÓN TE DIJE, AL BALCÓN!!!

Conclusión: Él es nena.
Conclusión 2: Necesito otro bol. Ese quedó en el balcón.
Aclaración: Ni idea qué pasó con el grillo