Las dos cosas que más le gustan a cualquier hombre, además del sexo y la televisión, son comer y dormir.

No me importa que me acusen de simplista. Así como los bebés lloran de hambre o de sueño, los hombres experimentan un terrible disconfort si se ven privados del descanso o la comida.

Mi papá, por ejemplo, no cambia por nada del mundo su ritual de comer tostados en la cama mientras mira History Channel hasta quedarse dormido con el plato sobre la panza y la barba llena de migas. Mi abuelo, en cambio, no podía mantenerse en pie sin cuarenta minutos de siesta diarios. Y ni hablar de mi tío, que aun hoy se levanta las diez de la mañana. Mis amigotes, por su parte, organizan asados y encuentros con pizzas y bolsas de papas fritas una vez por semana, mientras que mi hermano se desespera por los alfajores de nuez que le trae su novia de Mar del Plata.

Como no podía ser de otra manera, mi concubino combina todos esos vicios. Y cuando digo combina quiero decir que los experimenta todos juntos, miren si no lo que pasó una noche de la semana pasada:

>> Martes - 20:00

El chango se queda dormido después de chanchear. Como no sé cuándo se va a despertar y no quiero ponerlo de mal humor, me visto y aprovecho para adelantar algunos trabajos y ordenar un poco la casa.

>> Martes - 20:45

El chango se despierta y grita desde la pieza:

Chango:
¿Está la comidaaaa?
Elena:
No, mi amor, estabas durmiendo. ¿Para qué iba a hacer la comida si no sabía si ibas a querer comer?
Chango (chinchudo)
¡Pero tengo hambre! ¡Quiero comer AHORA!
Elena:
Ay, bueno, bueno…¡YA preparo algo!

>> Martes: 20:47

Improviso con unas milanesas del freezer, un puré instantáneo y unos tomates con orégano, al ritmo de los ronquidos del chango, que se ha vuelto a dormir.

>> Martes: 21:20

Con la comida en la mesa, me acerco a la cama y, suavemente, le toco el hombro:

Elena (en delicado susurro):
Amorcito…
Chango (en violento sobresalto):
¿QUÉ? ¿QUÉ PASA?
Elena:
Nada… está la comida…
Chango (irritado):
¿No ves que estoy durmiendo? ¡Por favor! ¡No ves que estoy DESCOMPUESTO DE SUEÑO!

Quisiera contar que le revoleé las milangas por la cabeza al grito de “me tenés harta, salvaje”, pero en cambio puse todo en una bandejita y se lo llevé a la cama.

Perdón, feministas del mundo…