Si hay algo que aún no hemos perdido con el chango es la pasión.

Claro que es una pasión algo más esporádica y un poco menos adrenalínica, pero aún así es altamente disfrutable.

Qué lindos esos momentos en los que uno se deja ir, se entrega sin más y disfruta de la piel del otro, de su olor, de su calorcito…

Chango:
Che, negra, estamos complicados con las panzas…
Elena:
Quiénes, ¿nosotros? ¿Nuestras panzas?
Chango (señalándose el pecho)
Sí… ¡Nos salen de “acá arriba”!
Elena (negación total):
…Pe…pero… ¡yo hago fight-do! ¡Y voy a correr a la plaza!
Chango:
Bueno, yo no te digo nada, yo también estoy gordo.
Elena:
No, no, yo no engordé, estoy hinchada, hinchada! ¡Es eso!
Chango:
No te estoy criticando, nada más te digo que están más grandes.
Elena:
Entonces tenemos que hacer algo para la angustia.

Acto seguido nos calzamos los joggins y salimos corriendo… hasta el kiosco más cercano, a comprar dos cachafaz y una coca.

(Light, maestro.)

Eso sí: mañana me calzo las llantas y voy al gym; no dejaré que una barriga irrespetuosa me dinamite las noches especiales.