Una pareja, entre otras cosas, debe ser capaz de aceptar y hasta encontrar simpáticos los defectos más atroces de su compañero/a.

En este sentido, el chango se lleva bastante bien con mi tacañería. No sólo se toma con humor el jabón con olor a plastilina que le traje porque estaba de oferta, sino que me contiene, me comprende y me ayuda a superar situaciones horribles y estresantes como esta:

El domingo a la noche, con la excusa de mirar una película en el sillón, decidimos tirar la casa por la ventana y comprar empanadas.

Cauteloso, el Chango se decidió por una conocida franquicia cuyas promotoras recorren las calles disfrazadas de manjar arrepulgado, a sabiendas de que el precio no me haría convulsionar de la indignación.

Pedimos ocho empanadas: 4 de carne, 1 de verdura, 1 de roquefort (puaj), 1 de queso y cebolla y 1 de humita. $18.50 rezó la registradora, y mi concubino engordador pagó encantado.

Hasta acá todo bien. Habíamos desembolsado una suma razonable, y yo estaba orgullosa de haber podido comprar comida hecha, sin pensar que  hacer las empanadas en casa nos hubiera salido mucho más barato.

Pero ahí se fue todo a la mierda. Nos sentamos en unas sillas de cuerina roja al costado del local, yo alcé la vista y lo ví. Un cartel. Enorme. Cómo no lo vi antes. Decía “DOCENA CLÁSICA $18″. ¡Docena! ¡Nosotros habíamos pagado 50 centavos más por cuatro empanadas menos!

Él me conoce y se dió cuenta en una milésima de segundo y me detuvo antes de que abriera la boca:

Chango:
Respirá… ¿Podés aguantar o cambiamos el pedido?
Elena:
No, no, no…dejame… yo tengo que aprender de estas situaciones.
Chango:
Además no pasa nada, son cincuenta centavos…
Elena:
¡¡¡No entendés,no son cincuenta centavos, son cuatro empanadas¡¡¡ Es el 50% de nuestro pedido, hubieran sobrado para mañana y te las llevabas al laburo.
Chango:
Pero ahí dice que la docena solo puede ser de carne, pollo o jamón y queso, vos pediste de verdura.
Elena:
¡Pero si hubiera sabido que por esta plata me daban 4 empanadas más, habría pedido de pollo! ¡Además por qué no te  avisan! ¡Te quieren cagar! ¡Te quieren cagar!
Chango:
Escuchame, respirá. Pensá en esto: Entraste a un lugar, pediste una cosa, pagaste el precio correspondiente y te llevaste exactamente lo que querías. ¿Podés?
Elena:
Bueno, voy a tratar.
Chango:

Elena:

Chango:
Se te arruinó la noche, ¿no?
Elena:
Sí. Abrazame fuerte.

A veces no sé qué haría sin él.