Si me preguntan cualquier día de estos qué cosas materiales deseo, diría sin pensar: la depilación láser, un vestidor amplísimo lleno de zapatos y carteras de cuero en todos los colores y un secador de piso que venden por televisión que absorbe líquidos y barre el polvo al mismo tiempo. O una cámara de fotos nueva y todos los libros y revistas que mi mesita ratona pueda soportar.

Las mujeres miramos vidrieras con la constancia de un ritual sagrado -lo es-, e imaginamos cómo lucirían en nuestros cuerpos los modelitos de moda. Algunas también fantaseamos con tratamientos de belleza milagrosos y dejamos volar nuestra imaginación con las revistas de viajes o decoración y los catálogos de cosméticos.

Y sin duda, ellos también tienen algunos innegables objetos de deseo. Que todo hombre sueña con un plasma es una obviedad, pero además quieren sillones de cuero masajeadores, calentadores de toallas eléctricos, reproductores de DVD para el auto, mp4 faroleros, mesas de pool y ping pong, trajes a medida, manuales de supervivencia, cañas de pescar y raquetas de tenis.

Cuando era chica, por ejemplo, mi hermano no paraba pedirle a mi padre un family game, mientras él volvía loca a mi vieja para que le consiquiera los cuchillos de asado más extravagantes y ahora le llorisquea a su actual mujer por una bodega de esas que mantienen los vinos a una temperatura constante. El chango, por su parte, sólo quiere una TV 29′, un banquito para apoyar los pies mientras la mira y una bandeja de madera artesanal con huequitos para poner distintos fiambres.

Cada muchacho tiene sus preferencias, claro, pero hay un artículo que los desespera desde su aparición en el mercado. Se trata de un artefacto cuya función es primordial, está cargada de magia  y evoca todo lo bueno y santo que hay en el mundo. Los desvela y los seduce con su promesa de aromas y sabores maravillosos, ancestrales, y los hace delirar en un mar de baba que les nubla la razón.

Lo que todo hombre quiere sin distinciones de edad ni profesión, señoras, es la infame máquina de hacer pan.