La vida con príncipe azul
La primera vez que lo vi él estaba espléndido, moviéndose bajo las luces locas del salón del gimnasio con la exactitud y la pasión de quien hace de la actividad física su fuente de ingresos.
Motivada como nunca por sus gritos tipo “¡Vamos!”, “Vos podés”, “¡Más duro!!” y “¡Ponele tooooda tu energíaaaaa!”, salté como un renacuajo ridículo, hice 500 piruetas sin quejarme y me sequé el sudor con una toallita creyéndome Anna Kournikova. Él era una especie de divinidad latina enfundada en ropa deportiva, alto y majestuoso. Hasta la transpiración le quedaba bien.
No me importaron sus pantalones de raso colorados con velcro a los costados, ni me pareció horrenda su musculosa de lycra negra que dejaba ver sus axilas peludas. Tampoco me desagradó el gel efecto húmedo que sujetaba su jopo de côté cuidadìsimo, al mejor estilo boliche de zona Sur en 1997.
Para nada. Me encantaba así, con toda, toda su brillante grasitud, así que seguí yendo a su clase con devoción por unos cuantos meses en los que jamás le hablé. Sólo lo imitaba en silencio. Levantaba rítmicamente la pierna derecha o la izquierda según la ocasión, o me concentraba en menear la cadera lo más cariocamente posible al ritmo de la percusión empalagosa que soltaba el equipo de música.
Cada tanto, él me felicitaba por mi tesón y yo me ponía colorada y orgullosa y experimentaba, además, un poco de vergüenza por sentirme atraida hacia un profesor de aerolasalsa que encima se vestía como un stripper y seguro tenía olor a chivo.
Pero es que si bien seducción, romanticismo y amor muchas veces se piensan como una trinidad sagrada e infranqueable, la verdad es que, por más enamorada que una esté, siempre es susceptible de que le gusten otros tipos. Y la que diga que sólo mira a su novio, miente. Y la que diga que nunca le gustó un impresentable, también.
A los tres meses él dejo de trabajar en el gimnasio y no lo ví más. Nunca entendí la razón de mi descontrol hormonal, porque si hay en este mundo un hombre que nada tiene que ver con el Chango es este.
Ayer me lo crucé en el colectivo. Él me reconoció y me saludó y nos sentamos juntos. Aproveché para charlar con él y conocerlo un poco más. Seguro era inteligentísimo, pensé… ¡con esos bíceps!
Elena:
Che y ¿por qué no das más clases en el gimnasio?
Profesor:
Y, no, entendés, re que la mina del dueño me quería levantar y re que me vinieron a apurar y a mí no me gustó la onda, entendés. Re que me llamaron, yo llevé a todos mis alumnos y después ellos re que inventaron algo para sacarme del medio y quedarse con mis alumnos, entendés. Porque yo laburo re bien y tengo mis alumnos que me re respetan y, nada, ellos tienen el re gimnasio pero necesitaban mis alumnos.
Elena:
Aaaaah…
Profesor:
Si, igual entendés no me importa, porque re hice más plata en otro lado y ahora me va mejor. Además la mina estaba bien pero no estaba taaaan buena y además era medio viejarda.
Elena:
Aaaah… claro… bueno, me bajo acá. ¡Nos vemos, suerte!
Profesor:
Te dejo una tarjetita del gimnasio donde estoy ahora, está re bueno. ¡Te re espero, eh!
Me bajé espantada y corrí a casa. Ahí me esperaba el chango con el termo lleno de agua a punto y el mate de artesanal que compramos en nuestras últimas vacaciones. Me contó cómo le fue en el trabajo, me invitó a ver una película a la Alianza Francesa , me dio un beso y me dijo que le gusta mi cola carnosa. Yo me sentí una estúpida infiel por haber tenido pensamientos impuros con alguien tan indigno de ser comparado con mi concubino caviar simpático, bueno, divertido, inteligente y tan exóticamente buenmozo.
Y bueh.
Cosas que pasan cuando hacés aerosalsa.
Basta de blogs de ingratas minas solas. ¡Estar felizmente en pareja es mucho peor! elenapaoloni@gmail.com
lalola
24 de Octubre, 2008 a las 10:59
“Y la que diga que sólo mira a su novio, miente. Y la que diga que nunca le gustó un impresentable, también.”
Una afirmación con-tun-den-te. Y 100% verídica.
Muy buena la descripción del aerosalsero. No hay nada más feo que una musculosa de lycra (y esas que son como redes! oh… que asco)
saludos elen!
Lolo
24 de Octubre, 2008 a las 11:06
Jajajaja!
Siempre me pareció un mundillo ruin el de los profesores de aero-algo. Y su relato comiquísimo así lo demuestra. Me hizo reir mucho!
Y sepa que después de la mortadela no se inventó nada más berreta que la ropa que usaba este sujeto.
Romi
24 de Octubre, 2008 a las 12:39
Jaja, mortal el relato.
Los profesores bananas de gimnasio que se creen mil, siempre me parecieron todos putos… o son putos o la tienen muy chiquita y necesitan aparentar virilidad… anda a saber, pero por suerte (?) siempre me gustaron los gorditos con pancita de donde agarrarme..
y al gym siempre voy el primer mes y luego nunca pago la segunda cuota.
Saludos!
Mai
24 de Octubre, 2008 a las 12:42
no es pecado recrearse con la belleza d otros hombres!!
esta bueno porq reconfirmas lo que tenes en casa!!
besos
LO*QUE*SEA
24 de Octubre, 2008 a las 14:27
umm si pudieramos controlar los pensamientos impuros seguro no lo serían tanto.
Saludos Elen!
maju
24 de Octubre, 2008 a las 15:06
Estos especímenes pueden tener su analogía en algunos que veo en el trabajo… Jaja te digo esto porque no voy a un gimnasio hace años! igual debe haber sido una cuestión de endorfinas y sudor combinados para que mires a ese tipo.
(No tiro la primera piedra por haber sido atraída por un impresentable. Lo admito)
Natalia Alabel
24 de Octubre, 2008 a las 15:17
Jajaja, al segundo “re” quería matarlo!
Milton!
24 de Octubre, 2008 a las 15:40
Yo al segundo re, intenté virtualmente tirarme por la ventana del bondi!
Ce
24 de Octubre, 2008 a las 16:53
Me RE gustó este post!!!!
JAJAJAJJA, todas hemos tenido pensamientos impuros con musculosos aero-algo, pero siempre abren la boca a tiempo, y nos evitan pasar a los actos impuros 
Lilu
24 de Octubre, 2008 a las 17:47
decime, los “re” esto “re” lo otro, fue lo que te dio asquito?
Eso hace valorar al principe azul que tenemos al lado.
besos
Samis
24 de Octubre, 2008 a las 17:53
No Elen, te zarpaste! me re identifique!!! Yo estaba re enamorada de mi profesor de boxeo!! lo malo que no era ni grasa ni bruto ni nada, era re hot: hablaba francés,le gustaban las peliculas de Fellini y leer a Leon Tolstoi y además estaba mas bueno que un cabsha! yo que en mi vida habia hecho ejercicio, hacia 3 horas, tres veces por semanas y me agarraba a las piñas con hombres igual de grandotes que el con tal de verlo. Hinche tanto las bolas que MiMarido en un punto me dijo: Mirá Samantha si le quieres dar, dale nomas que me tenes harto.
Yo me fui de vacaciones por tres meses a México para las fiestas (soy de alla, vivo aca en Bs.As.) y cuando volví el chabon no trabajaba mas ahí. fue una suerte porque sino en serio le re hubiera metido los cuernos.Con el tiempo lo olvide.
Loco es genial poder confesarlo al fin.
((...gi!...))
25 de Octubre, 2008 a las 12:07
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yo a todos los gym que fui, nada… siempre minas
obvio que todas muy muy fuertes cosa que te dieran ganas de pegarte un tiro más que de seguir yendo , porque una sabe concientemente que nuncaaaaaa iba a quedar así!
lo de recrearse la vista con ajenos e impresentables…. la pura verdad… sobre todo con impresentables!
Bye Elen , Besos!
silvia
25 de Octubre, 2008 a las 13:36
Tengo la teoría de que cuando una se mete a hacer algo laborioso (gimnasio, facultad, trabajo) automáticamente se busca a alguno para mantener un pseudo romance unilateral que nunca llega a nada. Motivación, querida, nada mejor para no faltar a clase que preguntarte si ese compañero (o el docente, porqué no) usará otra vez la camisa que más nos gusta, o notará nuestro nuevo corte de pelo. Si se nos acercara a hablar en un bar, no le daríamos ni la hora, pero ahí nos resulta irresistible.
En tu infinita sabiduría, ¿podrías iluminarme acerca de la relación hombre-trapo rejilla? Porqué si yo lo dejo limpio, prolijamente doblado, escurrido y oliendo a limón, después de que él lo agarra es un trapo inmundo, duro de mugre, lleno de particulitas de café y goteando un líquido infame? Lo mismo pasa con el repasador.
Ale
25 de Octubre, 2008 a las 16:28
Muy bueno el post!
Creo que la mejor manera de no dejar el gimnasio al mes y medio es tener un enamoramiento adolescente y platónico con el profesor en cuestión. Te motiva a no faltar lluva o truene o hagar 54 grados.
Eso si: jamás hay que cometer el error de hablar más de tres palabras porque la magia se evapora y a la semana avandonás.
Aprendiza
4 de Noviembre, 2008 a las 20:50
jajajaja, me partí con tu post!! muy bueno!!! La verdad que escribes re bien viste?? jijiji
Saludos
Bueno, me alegra haberme encontrado con tu blog!! pasaré de vez en cuando a re leerte
juz"
6 de Julio, 2009 a las 22:44
son todas iguales!