El fin de semana pasado nos fuimos a Mar Del Plata con el Chango para disfrutar del festival de cine. Como la fecha coincidía con las finales de los torneos bonaerenses, al principio nos costó conseguir alojamiento y en un momento llegué a pensar que tendría que cancelar todo, porque ni loca me arriesgaría a ir sin nada reservado, a sabiendas de que la ciudad estaría inundada por hordas de cinéfilos y 50.000 pibes deportistas.

Finalmente, después de decenas de correos y llamados a hoteles una estrella y hostels, un amigo salvador nos alquiló un departamentito en el centro por poco dinero.

Yo había estado ahí hacía siete u ocho años en unas locas vacaciones adolescentes, y recordaba un detalle que, sabía, no podía comentarle al Chango por ningún motivo. Si él se enteraba, sería el fin de nuestra escapadita.

Durante todo el viaje me sentí culpable. Un nudo en la garganta me impidió descansar en el micro. Ni siquiera me comí el alfajor que te dan en esas cajitas con el logo de la empresa. Estaba intranquila, conciente de mi engaño. Pero no podía hacer nada.

No tenía opción.

Cuando llegamos, el Chango subió la llave de la luz y recorrió el lugar con tranquilidad, observando cada detalle. A mí me temblaban las piernas. Intenté distraerme recordando nuestras vacaciones en el noroeste argentino el año pasado, pero solo se me vinieron a la mente las dudas con las que me atormentaba antes de llegar a cada lugar. “Fijate que la habitación tenga baño privado“, “Preguntá si hay bañera“, “¿Hay fotos de los baños en la página, así las voy viendo?“, “Si hay que compartir preguntá con cuánta gente”.

Estoy loca, pensé, esto es para quilombos, y entonces, él descubrió lo que yo tanto había temido:

Chango:
Elen… ¿Dónde está el bidet?
Elena:
Ah… me olvidé de decirte, está ahí, en la ducha.
Chango:
¿Cómo en la ducha?
Elena:
Claro, ¿ves el borde de la ducha? Bueno, te sentás ahí y abrís esa canilla del costado y es como un bidet, te sale el chorrito por ahí abajo.
Chango:
¡¿Qué?!
Elena:
Pensá que son pocos días…
Chango:
¿Pero la gente usa esto?! ¿Cómo te vas a limpiar la cola en el lugar donde te bañás? ¡Corren todos tus desechos por ahí y después vas y te parás arriba de todo eso para bañarte? ¿Cómo no me avisaste antes de venir? ¡Me hubiera preparado! ¡¿Cómo pensás que voy a hacer todos estos días?! Lo hiciste a propósito, y te voy a decir algo. La persona que inventó esto está muy, muy enferma.
Elena:
Perdón amor, es que si te decía no ibas a querer venir y no pude conseguir otro lugar, pero mirá qué lindo está el resto del departamento… ¡Hasta tenés tele, para mirar a la noche mientras comemos!
Chango:
Esto lo vamos a discutir más tarde, ahora tengo que hacer algo.

Acto seguido, tomó una revista y se encerró en el toilette.

25 minutos después:

Chango:
NO TE LO PUEDO CREER… ¡ELENA!!!!
Elena:
¿Qué pasa, amorcito?
Chango:
No corre el agua.
Elena:
Bueno, no te hagas problema, ahora te alcanzo un balde.
Chango:
Primero no hay bidet y ahora no anda el inodoro… estás jugando con fuego.
Elena:
Ya sé, pero para compensar ¡te traje esto!

Le alcancé un paquete de toallitas húmedas para la higiene del bebé, que siempre llevo en la cartera por si me agarran ganas y estoy en la calle.

Chango:
Sos de lo peor. No pensás en nada, no te importan los demás. Sabés qué, voy a hacer caca una sola vez por día, cuando me bañe, y me voy a intentar olvidarme de esto, pero en casa vamos a hablar tranquilos sobre el respeto por el otro. ¿Está claro?

Elena:
Si mi amor. ¿No querés las toallitas, entonces?
Chango:
Metételas en el bolso y andá a llenarme un balde.