Siempre consideré que una pareja debe ser un refugio. Un espacio donde podemos ser nosotros mismos sin que nos juzguen, y sentirnos protegidos, cuidados.

En ese sentido, nuestra pareja tiene que saber contenernos, consolarnos y ser capaz de decirnos la palabra justa en el momento indicado. Tiene que ser la cara que vemos cuando nos volteamos porque no sabemos si está bien el camino que estamos eligiendo, y la persona que nos da ese empujoncito que necesitamos para salir adelante.

Y en eso, la verdad que el Chango es… eh… maravilloso.

Chango:
¿Qué te pasa, amor? Veo que no me compraste los alfajorcitos… ¿Estás bien?
Elena:
No, estoy de mal humor.
Chango:
¿Qué pasó? Contale al Changuito
Elena:
Nada, nada, dejame.
Chango:
Daaaale, contame, ¡con total confianza, eh!
Elena:
Bueno… nada… me encontré con una compañera de la primaria en el facebook, eso.
Chango:
¡Pero eso está bueno! ¡Qué flash!
Elena
No, no entendés. El facebook nos está jodiendo la vida, está desafiando al orden natural de las cosas. ¡Lo normal es que uno no vuelva a cruzarse con esa gente para no deprimirse cuanto se entera de sus logros! Mirá, esta piba tiene mi edad y estudió lo mismo que yo. Vive en Europa, es ejecutiva de una multinacional, viaja todo el tiempo, está casada con un muchacho que tiene una empresa constructora, tiene una nena de dos años, y es propietaria de una casita en el campo. Propietaria, entendés, y viaja. Y sabés qué me dijo, me dijo “te dejo que me tengo que subir al avión”. ¡Ella se subía al avión mientras yo miraba TN en jogging! Lo peor de todo es que está flaquísima. Yo hice todo mal. Todo. Mal.
Chango:
Bueeeeeno, mi amor, pero pensá esto. Si ella tiene 26 años y ya tiene la vida totalmente armada, lo que le queda son décadas y décadas de rutina. Vos, en cambio, a esta edad todavía no sabés a dónde vas, no tenés tu carrera encaminada, ni un trabajo muy estable, ni sabés dónde vas a estar viviendo dentro de un año, y tampoco tenés un “plan”… ¡Tenés todo por delante! ¡Años de aventuras! ¡Te puede pasar cualquier cosa! Disfrutá, mi amor, y si no, estoy yo para contenerte.
Elena:
… gracias, la verdad no sé qué haría sin tu grandísimo apoyo.
Chango:
¿Estás siendo irónica?
Elena:
Digamos que reconozco tu buena intención.
Chango:
Me alcanza. Ahora, esos alfajorcitos…
Elena:
Ya vengo.
Chango:
¡Esa es mi mujer!