Como cuando vas a la peluquería y te dejan el pelo divino pero al otro día cuando te lo lavás te das cuenta de que el corte es una porquería y que sin 45 minutos de brushing tenés una nutria muerta en la cabeza, el espíritu navideño abandonó hoy mi cuerpo.

No sólo porque engordé como 4 kilos antes de nochebuena y soy una piñata, sino porque recién, limpiando la casa, encontré el recibo de mi hermoso arbolito rosa.

La jodita le costó al Chango $427,72, adornos incluidos.

Supongo que debería estar contenta de que no reparó en gastos para darme una navidad soñada, pero…

$427,72.

Empiezo a sospechar que vivo con un hombre que, o me ama muchísimo o toma pintura. Por suerte no sé cuánto salió el reno de la puerta.