Dime con quién andas y te diré quién eres, reza el antiguo proverbio. Pues bien, en líneas generales suele ser bastante cierto.

Nuestro entorno dice mucho sobre nosotros. Un grupo de amigos triste, deprimido, pesimista nos llevará por el camino de la desidia y la depresión; unos compañeros de trabajo vagos o ñoquis nos quitarán las ganas de trabajar y unos compinches ebrios nos conducirán a las borracheras más escandalosas.

De la misma manera, si nuestro círculo de conocidos está conformado por gente que admiramos, nos sentiremos motivados a ser cada vez mejores y a explotar nuestros talentos. En ese sentido, el Chango está bien estimulado. Sus amistades son interesantes y tridimensionales, llenas de cosas para decir y cualidades diversas.

Hasta acá todo bien. El tema es que aún así, cada tanto me aparece con el Gonza.

No sé qué tienen en común ahora que son adultos, pero el Gonza es mi pesadilla, además de ser el amigo más inexplicable de mi concubino. De hecho, cuando duermo mal, sueño que él planea hacerme un secuestro express y amenazarlo al Chango con cortarme los dedos de los pies si no le damos lo que sea que tengamos disponible en el cajero; o me lo imagino haciendo un inventario mental cada vez que viene a casa, para después venir a llevarse todo cuando no estemos.

El otro día, sin ir más lejos, pasó “a saludar”. Tuve que salir a comprar una gaseosa cola de marca porque él no toma otra cosa, y cuando volví ví que estaba abriendo un placard y mandando SMS como loco en un V3. El Chango ni lo miraba, porque estaba conectando algo a la TV, excitado. Al oler la botella de gaseosa multinacional reaccionó.

Chango:
Mirá, Elen, ¡mirá lo que nos trajo el Gonza!
Gonza:
Sí, amiga, para que no pensés que soy un desagradecido, es mucho mejor que el que tenías, te acordás, el Takuma que comprastes en 2004 en Garbarino. Esos son japonese, encima usado no te dan más de 20 mango. Este es mejor, te lee VCD y te toma el USB y te ponés las películas ahí y te levanta todo de ahí, entendés, un caño, como el del amigo de al lado, se compró uno así, está la caja en la basura, Fílip.
Elen:
Gracias, Gonza, en serio, no te tendrías que haber molestado. Pasame la caja que yo también aprovecho y la saco al palier.
Gonza:
Lo traje sin la caaaaja, amiga, ¡me pesaba en la bici! Cuchame, te hago una preguntita: el encargado, ¿qué día tiene franco? Por si vengo a saludar, digo, que me abra así no tenés que bajar vos, amiga, le digo que te vengo a ver y me abre ¿no?

El gonza se tomó 3/4 litros de cola y pidió permiso para ir al baño. Cuando salió dijo que estaba muy apurado y que tenía que ver a un amigo y se fue, prometiendo muchas nuevas visitas. Ni bien nos quedamos solos, le fui sincera al Chango:

Elena:
No me gusta el Gonza. ¡Todo lo que tiene es robado! ¡Cómo no te das cuenta!
Chango:
Boluda, sos paranoica, el Gonza es un amigo del barrio, de la infancia, ¿cómo va a ser punga? ¡No viste las zapatillas que tenía! Mínimo 500 mangos. Si sos chorro no te podés comprar unas así.
Elena:

Chango:
¡Qué!
Elena:
Es que siempre anda con electrodomésticos sin caja… ¿qué hace con las cajas, las tira? ¿Dónde compra? Además, un DVD… ¿no es mucho para un regalo de fin de año?
Chango:
Las cajas pesan y molestan, si después vos las vas a tirar, ¡es lo mismo! Daaaale, relajate, no seas gorila, aceptá a los que son diferentes, te digo que el Gonza es un pan de Dios. Además, no podés vivir desconfiando de la gente y menos sin pruebas, te hace mal y te envenena y ese no es el pomponcito del que me enamoré.
Elena:
¿Pomponcito?
Chango:
Bomboncito, bomboncito. Dale, miremos una peli y estrenamos el DVD.
Elena:
Bueno, voy a tratar. Andá a buscar alguna, mientras yo lo voy prendiendo.

Me calmé y me dispuse a disfrutar del regalo. Apreté open/close. Es bueno aprender a no prejuzgar, pensé mientras dejaba el control remoto a un costado. La bandeja se abrió.

Ahí descansaba, colorido, un DVD original de los Backyardigans.

Al mismo tiempo, el Chango me gritó desde el escritorio:

Chango:
Amor… ¿no viste el ipod?