En la vida de toda pareja llega un momento en que se comienza a fantasear con la idea de tener un hijo. No sabemos por qué, ni tampoco tenemos muy en claro para qué sirven los hijos, pero lo cierto es que es muy común que en una relación consolidada surja el tema como algo natural.

Claro que cuando esto sucede, sólo estamos pensando en un hijo como un bebé, y creemos que lo único que tendremos que hacer es cambiar pañales, darle la teta y levantarnos a la noche si llora. Y eso es una pavada, decimos. ¡Con lo lindos que son los bebés! ¡Con ese olorcito tan rico que tienen! ¡Con lo simpáticos que se ponen cuando les hacés caritas y se ríen!

A nadie se le ocurre que después de la lactancia viene el jardín, los compañeritos del jardín (pediculosis y conjuntivitis), las mamis de los compañeritos, la escolarización, las maestras, hacerle las tareas, comprarle los materiales para plástica, que tu suegra y tu vieja te rompan los huevos con la crianza porque consideran que sos idiota e inconciente pero después nunca te lo puedan cuidar, llevarlo a basket y a inglés, festejarle los cumpleaños, bancarse a las novias atorrantas, lavarle las zapatillas podridas de adolescente, tolerar la música a todo volumen y que se le ocurran vocaciones ridículas y poco redituables como skater o acróbata, que te odie pero nunca se vaya de casa, o que se case con una estúpida que no sabe hacer una milanesa y te conviertas en vos misma en…. ¡suegra! (tengo entendido que cuando esto sucede tu cuerpo se cubre de verrugas y comenzás a tener misteriosos poderes… al menos eso le pasó a mi mamá cuando me emparejé con el Chango).

La gente no suele pensar a largo plazo. Entonces, te vienen con planteos como este, justo cuando no tenés un buen día, desembolsaste un fangote de guita para pagar impuestos y acabás de discutir con tu jefe, que considera que 50 horas semanales no es tanto y podrías esforzarte un poco más:

Chango
¿Te imaginás cuando tengamos un changuito?
Elena
No.
Chango
Daaaale, ¡no me digas que no te gustaría!
Elena
Creo que es una responsabilidad un poco grande para nosotros.
Chango

¡Por qué! Si a mí me encantan los bebés, no viste que siempre me los dan para que los haga dormir.
Elena
Bueno, a mí también me encantan los bebés, los bebés son lo más, pero esos son bebés de otra gente, los ves un rato y listo, yo no creo que estemos preparados para ser responsables de la vida de otra persona por al menos 25 años. Porque te recuerdo que sólo son bebés por un tiempo.

Chango
Nada que ver, yo sería un re buen padre.
Elena
Yo creo que tendrías entre seis meses y dos años de muy buen padre y después te olvidarías.
Chango
Qué desubicada, no podés decirme eso.
Elena
No es nada malo, yo lo que digo es que vos no podés mantener el interés en algo por un período prolongado de tiempo. No digo que no puedas cuidar a alguien, ni digo que no puedas educar un ser humano para que sea buena persona y siga sus sueños; digo que sólo podrías hacerlo hasta que te aburras.
Chango
Me parece injusta tu acusación y me ofende.
Elena
Mirá, sin irme a temas concretos, como el hecho de que nosotros somos dos pordioseros cuya carrera profesional viene lenta y con trabajos de dudoso rendimiento: ¿Te acordás de cuando dijiste que ibas a limpiar el baño todas las semanas y lo hiciste por menos de un mes? Es así. Al principio te divierte y después pierde novedad y no le prestás más atención, como cuando te pareció que era re copado que venga el sodero los sábados a la mañana y me clavé todo el verano con los sifones. O como cuando compraste el bombo y dijiste que ibas a aprender todo sobre el folklore, o como cuando quisiste ser dibujante y gastaste fortunas en carbonillas y papel y a la semana dejaste todo en una caja. Un bebé no es como un par de zapatillas, que te deja de gustar y lo regalás, eh. Un hijo es para TODA LA VIDA, ¿entendés? y yo no me pienso ensartar con media docena de sodas, un balde con lavandina y el pibe.
Chango
No puedo creer que consideres que no soy capaz de asumir un compromiso a largo plazo.
Elena
Bueno, vamos a hacer lo siguiente. ¿Viste ese experimento que hacen con los chicos para ver si pueden cuidar algo, que les dan un huevo y les dicen “traémelo en una semana así como está, sano y salvo”? Un huevo me parece un poco exagerado, así que vamos a tener una planta, y a ver cuánto dura.
Chango
Te voy a sorprender.

El fin de semana pasado compré una maceta, una bolsita tierra fértil y una plantita de albahaca. Armé nuestro hijo ficticio, lo regué y lo deposité en la mesada de la cocina el lunes a las 17 horas y veinte minutos. Como no sé absolutamente nada de plantas, la dejé ahí a ver qué hacía el Chango, sin darle ninguna indicación.

Pero no quiero contar qué sucedió. Prefiero que adivinen ustedes:

¿En qué estado está la plantita de albahaca hoy?

a) Impecable, con las hojas firmes y verdes, despidiendo ese perfume característico y tentador que alegra cualquier plato. Quizás dentro de unos meses adoptemos un perrito.
b)
Ahí anda. Algunas hojas se secaron, pero la planta recibió riego y luz.
c) Después de haber quedado un día y medio al sol calcinante del balcón y a 34 grados de temperatura, la planta quedó mustia y agonizante. Para compensar, recibió medio litro de agua que pudrió las raices e inundó el platito de drenaje. Hojas sanas: 3.

Hagan sus apuestas.