Dicen que las ganas de vivir son lo más importante. Ante la adversidad más terrible, lo que nos salva es la voluntad de salir adelante aunque el camino sea difícil, y a simple vista no veamos la solución.

La fuerza con que nos aferramos a la vida puede determinar si sobrevivimos a una catástrofe porque no hay nada más poderoso que la mente.

La planta estaba en un estado crítico. Prácticamente podrida y quemada a la vez, si es que eso es posible. Me dispuse a tirarla a la basura, frustrada pero con la templanza de quien conoce la complejidad real de la misión que ha fracasado, cuando recibí el llamado del Chango.

Chango:
Elen, ¿cómo está el hijito?
Elena:
Casi muerto, Chango, qué esperabas, si te lo olvidaste al sol.
Chango:
Hacé lo que te digo: Fijate si la tierra de la maceta está humeda.
Elena:
Ok, sí, está húmeda apenitas.
Chango:
Perfecto, ahora llevala al balcón de atrás. Que tenga luz, pero no sol directo porque hace demasiado calor.
Elen:
¿Pensás salvarlo?
Chango:
Claro, es mi deber como padre. Ya hablé con un amigo que es jardinero, le hace falta luz pero hay que tener cuidado con los golpes de calor, y hay que regarla de noche y sólo cuando la tierra está seca. Perdón por haberme olvidado que estaba afuera con el sol… pobrecito… Félix Caprese
Elena:
A mí me dijeron que es una planta hija de puta que se muere de nada, así que no te sientas mal, un bebé es más resistente, mientras no se te caiga al piso ni nada de eso.
Chango:
Vas a ver que lo salvamos, entre los dos, de a poco va a ir saliendo adelante. Bueno, te tengo que dejar, nos vemos a la noche, ¡acordate de lo de la luz!

Con paciencia saqué las hojitas secas y puse a Félix afuera y a la sombra, en un lugar fresco pero con mucha luz. Me acordé de las recomendaciones de los lectores y presté especial atención a que estuviera cómodo y alegre.

Cuando llegó el Chango, él mismo chequeó la tierra y comprobó que se había secado. Acarició las hojas que quedaban y les prometió que todo saldría bien, mientras le daba un poquito de agua a las raices sedientas.

Así estuvo varios días. Chequeaba a Félix Caprese a la mañana, a la tarde y a la noche, constante y esperanzado. Pero al principio parecía ser el fin de nuestro hijito. Los golpes de calor y nuestra neglicencia como padres habían hecho mella en el tierno follaje, y pensamos que quizás ya era demasiado tarde y Félix estaba sacando pasaje para el cielo de las plantitas.

Pero al tercer día de cuidado intensivo, las hojas reverdecieron, y de a poco comenzaron a emanar ese aroma dulce que llena de magia las cocinas y es el polvo de hadas en la comida de todos los días.

Chango:
Mirá, ¿viste qué hermoso que está?
Elena:
Sí, lo que no entiendo es por qué le pusimos nombre de varón a una planta.
Chango:
Porque quiero que sea futbolista.
Elena
¡Tiene tus ojos!

(Gracias a ustedes, chicos, por toda su ayuda y sus tips de jardinería. Los quiero).