Soy ansiosa, no puedo esperar, me frustro enseguida, me agarra miedo, me enojo, lloro, pataleo, duermo y vuelvo a llorar.

Hay tantas dinámicas interpersonales como parejas en el mundo. Cada relación es diferente, y cada individuo maneja sus ansiedades a su manera, aunque lo esencial es, sin duda, lograr un balance para que la vida tienda a ser armónica y apacible.

Cada vez que discuto con el Chango lo echo de casa y le digo que se terminó para siempre, ya sea que estemos discutiendo porque no sacó la basura, porque gastó 300 pesos en un pantalón y se olvidó de comprar un kilo de manzanas, o porque sospecho que me engaña o que secretamente está planeando dejarme, o porque le leí el mail y ahí decía que soy una loca de mierda, o porque no podemos concretar ningún proyecto y nuestro futuro es borroso e incierto y hay que pintar porque las paredes tienen humedad y a la noche vienen bichos.

A mí no me importa el motivo. Si me peleo es hasta las últimas consecuencias, hasta el fin, porque estoy dispuesta a ir hasta el fondo, a arriesgarlo todo con gritos y llantos sin pensar en absoluto en las consecuencias. Si abro la boca agarrate porque se pudre todo y no sabemos qué puede llegar a pasar.

El Chango en cambio es más tranquilo. Jamás me toma en serio, la mitad de las veces que le voy con un planteo se ríe y le parece ridículo, nunca se armó el bolso pese a que yo le he revoleado las chombas por el aire en unas cuantas ocasiones, y siempre, siempre viene a darme un beso después de 15 minutos del más violento silencio post batalla campal.

En general tiendo a pensar que no le importa nada y para él la vida es joda, mientras que yo soy volátil y pasional para mí no tiene sentido discutir porque sí y después arreglarse sin más porque es una pérdida de tiempo.

Bah, en realidad me parece que soy una desequilibrada.

> Por ejemplo:

Elena:
¿Cuántas veces te dije que vacíes el mate después de usarlo? ¡Y tenés que usar el mate grande que carga medio kilo de yerba para tomar cinco minutos! Así no hay economía que aguante, pero claaaaaro, ¡al señor no le importa porque jamás mira un precio y ni siquiera mueve el orto para ir a comprar otro paquete!
Chango:
Relajá… ah, eso, no hay más yerba, no te olvides de comprar.
Elena:
¡Andalaconchadetumadre! ¿Qué soy yo, la sirvienta que te va a comprar la yerba? ¿Sabés qué? ¡si querés que te compren yerba andate a vivir con tu mamita, que seguro va a salir corriendo cada vez que quieras algo! ¡Yo ya me cansé!
Chango:
Ah, claro, vos lo solucionás así, “mejor me saco al chango de encima” ¿no? Bueno, ni loco me voy.
Elena:
Te vas porque lo digo yo. ¡Ya mismo! ¡Agarrate tus cosas!
Chango:
¿Sos conciente de lo que estás diciendo?
Elena:
No y no me importa. ¡Chau! llamá a tu mamá y decile que vas para allá, ¡que te vaya comprando 5 kilos de yerba, que es lo que te gastás en dos días!
Chango:
Ay, vení, dame un besito, ¿querés que vayamos a comprar un mate chiquito y esa yerba de yuyitos que te ayuda a ir al baño?
Elena:
Sí.

> O por ejemplo:

Chango:
No tengo calzoncillo… ¿no lavaste?
Elena:
Lavé el domingo, si gastás veinte calzones por día no es mi culpa.
Chango:
Pero me quiero bañar y no tengo calzoncillo… ¿Por qué no te fijaste? ¿Ahora qué hago?
Elena:
Acá tenés uno que quedó, usá este.
Chango:
¡Pero este tiene olor a humedad!
Elena:
Si no te gusta como lavo te podés ir a vivir con tu vieja, que seguro te lava bien linda la ropa como a vos te gusta. Es más, te voy preparando la ropita sucia para que se la lleves, ¿dale? ¿Y de paso ya te quedás allá?
Chango:
Uso este y le pongo un poco de perfume, no te preocupes.

> O sino:

Chango:
Cada vez que camino descalzo me pincho con una de tus hebillitas. ¿Por qué las dejás siempre tiradas? ¿No podés guardarlas a todas en un mismo lugar? ¿Qué te cuesta?
Elena:
Para mí que te pinchás con tus uñas, asqueroso. Si volvés a cortártelas en el piso y no barrés, te echo de casa.
Chango:
Uuuuh bueeeno, qué draaaaama ¡Tan difícil es barrer!
Elena:
Pero escuchame una cosa, ¿qué te pensás que hago todo el día yo? ¿Me rasco? ¿Te pensás que mi única aspiración es barrer el piso? ¿Sabés todo lo que hago y me venís con esa pelotudez?
Chango:
Pero vos me hacés quilombo porque dejo migas en la cama y te pinchan… yo nada más te digo que me gustaría que guardaras las hebillitas en una caja…
Elena:
Me cansé de que me estés encima todo el tiempo, no puedo seguir así… si no te gusta como vivo ¡te vas!
Chango:
Uffff… dejá, me pongo las ojotas.

Quizás el Chango sea un poco más pacífico que yo, y gracias a él mis nervios están bajo control, pero es indudable que gracias a mí él no muere de hambre y frío.

Equilibrio perfecto.