La vida con príncipe azul
La vida, además de darnos sorpresas, nos destroza la espalda con las largas horas de oficina, las sillas de mierda que te dan tus empleadores capitalistas, el escaso planeamiento en la elección del mobiliario que te lleva a doblarte para ver el monitor -siempre demasiado bajo-, y es el culpable del dolor de muñecas eterno producto del tipeo frenético posmoderno.
Hace tiempo que, con la intención de revertir este malestar, tomo clases de pilate y stretching. Hace unas semanas, el Chango se decidió a darle una nueva oportunidad al gimnasio y empezó a venir conmigo, para corregir la postura y abandonar para siempre el aspecto de batata adolorida, fofa y encorvada, típico de joven trabajador.
Y la verdad que nos está yendo muy bien. El Chango ya es capaz de tocarse las rodillas con las manos, estirado en el piso, e incluso logra algunas posturas complicadas. Respira mejor y camina más derecho, y hasta está de mejor humor.
La clase de pilates es un lugar lleno de clisés. Hay viejas achacosas que van porque las manda el médico, bailarinas clásicas que quieren mantener su elasticidad y como quince jovatas teñidas que aman estar a la moda, tienen las tetas hechas y usan calzas blancas de las que salen 200 pesos y suelen galardonar los culos de las famosas en los programas de televisión.
Normalmente nos situamos al fondo del salón, hacemos los ejercicios y nos vamos, silenciosos y sin hacer contacto visual con nadie. Pero hoy fue diferente.
Ni bien entramos, se escuchó un “¡Aaaaah!” de alegría. Silvia y Estela, dos cuarentonas operadas, se acercaron corriendo a besar al Chango. “¡Cómo le va al morocho más lindo!”, exclamó Silvia, mientras Estela le tocaba la panza y le decía “¡Estás cada vez mejor, Changuito!”.
Por si esto fuera poco, las demás mujeres -las sexagenarias Elsa y Marta, la bailarina Violeta y Juana y Andrea, unas adolescentes redondeadas- se colocaron en ronda dejándome afuera, mientras le sonreían al Chango que estaba en el centro y le hacían fiesta. “¡Vinisteeee!”, “¡Te extrañamos!”, “¡Qué lindo que estás con esa remera!”, “¿Te ponés al lado mío?”, “¡No, no, Chango viene al lado mío!”.
Asombrada, ví como la profesora se acercaba a mi concubino y lo abrazaba con una sonrisa que le poblaba el rostro completo, mientras gritaba “¡Llegó el príncipe de la clase! ¡Bienvenido!”.
El Chango saludó a todas, una por una. “¿Qué tal Silvia? ¿Te pudiste comprar las zapatillas al final?”, “¡Elsa! ¡Qué remera canchera!”, “¿Y cómo le va a mis nenas?”, se dirigió a las más jovencitas, que respondieron con un irritante “jijijiji” mientras yo imaginaba que les hacía cosas horribles por festejar a mi hombre con ese descaro.
No entendía nada, pero el resto de la clase fue igual. A cada rato pescaba a alguna atorranta haciéndole caritas, o susurrándole que iba bien, que había progresado mucho y que tenía cada vez más fuerza.
Cuando terminamos, Marta pidió “¡¡Un aplauso para el príncipe Changooooo!” y todas lo ovacionaron, mientras él saludaba estilo artista, feliz y en su salsa.
Ni bien salimos quise entender lo que acababa de vivir. ¿Qué hacían todas esas cacatúas mimando al Chango? ¿Cómo sabían su nombre?
Elena:
Bueno, ahora que ya estamos afuera me podés explicar qué demonios fue eso.
Chango:
Ay nada, ¿por? A mí me encantó.
Elena:
“¿El príncipe de la clase?”
Chango:
Ah, es porque el jueves que laburaste hasta tarde fui a la clase solo y me hice amigo de las chicas. Son divinas. Y la profe me dejó hacer gimnasia con ella sobre la tarima, re divertido, y después mientras las chicas estiraban las piernas, la profe y yo las ayudábamos y las hacíamos elongar mejor. ¡Y también me dejó elegir la música porque soy el único varón!
Elena:
¿Ellas saben que sos mi novio?
Chango:
Sabés que no sabían, me preguntaron si tenía novia y les dije que sí, que sos vos y que siempre venís a la clase, pero ninguna te pudo ubicar… qué loco, porque todas se acordaban de mí…
Elena:
Necesito que dejes de ser encantador con las mujeres.
Chango:
¡Pero el Chango es así!
Y bueh, tiene razón.
Por lo menos ya no ronca tanto.
Creo que mejor lo mando a un masajista.
Basta de blogs de ingratas minas solas. ¡Estar felizmente en pareja es mucho peor! elenapaoloni@gmail.com
Barby
16 de Enero, 2009 a las 13:59
Puedo llegar a desfigurarles la cara con una colchoneta si le hacen eso al mio…
Sravaka
16 de Enero, 2009 a las 14:25
Cuando empece a leer, crei que el chango iba al gimnasio a hacer aparatos, pero me di cuenta que lo metiste en una clase de Pilates!!! La verdadera pregunta es como el chango te dijo que si!!!
Yo me considero un tipo abierto. Es mas, mucho tiempo hice yoga, pero ¿Pilates? Creo que el chango siempre va a ser el unico hombre de la clase…asi que…bancatela, jajajajajaaaaa!!!
M (Una Ramera)
16 de Enero, 2009 a las 14:57
¡Ay qué inmundicia todas esas mujeres! ¿Cómo se atreven a coquetearlo tanto frente a vos?
max
16 de Enero, 2009 a las 15:15
chango rules!
Kitty Wu
16 de Enero, 2009 a las 15:21
Si si…coincido con lo de los clises…en mi clase pasa lo mismo.Ahora, no estaria mal que las desplumaras la proxima vez que hagan eso…o metete en alguna clase de gym que este llena de hombres, a ver si le gusta…mejor, APARATOS!!!…
Saludos
Jorge
16 de Enero, 2009 a las 15:36
Que grande el chango!! Y vos no sos celosa Elen?
Lor
16 de Enero, 2009 a las 16:44
Las estrolo contra los espejos!!!!
LO*QUE*SEA
16 de Enero, 2009 a las 17:04
Si el Chango estaba asi con las chicas es porque claramente no le ve nada inetresante a las silicolas y arrugas que lo rodeaban… disfruta Elen que everybody loves Chango!! (no da gustito saber que el Principe de la clase es tu chico? seguro que si!)
saludos!!
P Granovsky
16 de Enero, 2009 a las 21:34
Bien por el chango, de grande quiero ser como él
paz
17 de Enero, 2009 a las 0:22
aguante el changooooooooooooooooo!
paz
17 de Enero, 2009 a las 0:23
menos mal que te da celos por él, y no por NO ser vos la princesa de la clase, a muchas mujeres les pasaría esto último
ana
17 de Enero, 2009 a las 2:44
Nooooo, yo lo mato haciendole tragar la colchoneta! O haces la gran Yiya Murano y la próxima le llevas galletitas a las chicas o te anotas en una clase de aparatos y te haces amiga de todos los chabones! Ante cualquiera de las dos, la colcheneta se la hago manyar lo mismo!
Saludos!!!
Juan Carlos
17 de Enero, 2009 a las 10:29
Elen, lo que deberías comprobar es si es por el chango, o es porque no hay hombres en la clase. Quizás sea por las dos cosas, pero podrias llevar a la clase a algun amigo con onda, que tenga ganas de hacer pilates y ver que pasa. (Dale tiempo, el chango corre con ventaja, ya lo conocen)
Por otra parte ya sabes que cosas divertidas pueden pasar cuando vos trabajas hasta tarde jaja
Quiero ser una mantenida
17 de Enero, 2009 a las 14:16
Como le dice Graciela Borges a una de sus hijas en La Cienaga “China Carnavalera” este es un tipico caso de Chango carnavalero…
Paula, la malvada
18 de Enero, 2009 a las 4:13
Ahhhhhhhhh nooooooooo
yo lo mato!
Paula, la malvada
18 de Enero, 2009 a las 4:14
(Igual está bueno estar al lado de un hombre tan codiciado, o no?)
((...gi!...))
18 de Enero, 2009 a las 16:04
dios… yo pensaba que no era celossa o x lo menso de eso me quería autoconvencer…
a mi novio siempre le dije que no soy celosa… y me desfigurooo de pensar en que un par de urracas le anden revoloteando!
tendría q admitirlo y trabajarlo soy muy celosa… yo las estrangulo con los tensores de la camilla de pilates!
bsote elen!
Nacho
20 de Enero, 2009 a las 15:13
Qué grande el Chango!! Lo banco a muerte!