Querida Mami:

Perdón por todas las noches en las que te desvelé para contarte algún chisme o para comentarte que me parecía que la canilla del lavadero perdía, para que me traigas agua o para reflexionar sobre si me convenía estudiar comunicación o una carrera con futuro o ser actriz o cantante o irme a vivir al campo aunque sabía que te tenías que levantar a las seis.

Perdón por nunca haber lavado mi ropa.

Perdón por llamarte neurótica, loca y exagerada cada vez que decías que no te alcanzaba la plata o cuando te ponías a barrer a las once de la noche porque yo había embarrado todo con las zapatillas.

Perdón por siempre comerme la última porción de pizza, la última empanada y la última factura.

Perdón por pedirte que me trajeras medias y bombachas aunque estuvieras todo el día trabajando en el centro y salieras tardísimo de la oficina.

Perdón por decirte que lo que habías cocinado estaba medio feo aunque te habías pasado una hora y media rebanando zapallitos.

Perdón por nunca haber hecho la cola en el pago fácil y no apagar las luces que no utilizaba.

Perdón por cambiar de planes cada 10 minutos y desorganizarte la vida.

Perdón por todas las veces que no te avisé que llegaba tarde.

Perdón por quunca jamás haber vaciado el mate ni enjuagado un vaso.

Perdón por dejar el shampoo destapado chorreando todos los días porque “total después te bañás vos”.

Perdón por decirte que “es mi cuarto y si quiero lo dejo hecho un quilombo”.

Perdón por cambiarte de canal cuando estabas viendo.

Perdón por pedirte cosas para emprender nuevos hobbies y después olvidarme y dejar todo tirado (el uniforme de hockey, las zapatillas de ballet, la raqueta de tenis, la malla de natación, el juego de ajedrez, el skate y los óleos).

Perdón por nunca haber cambiado el rollo de papel higiénico ni mucho menos el de cocina.

Perdón por haber quemado la pava por dejarla hirviendo 45 minutos y por haber arruinado el teclado de tu PC al volcarle una taza de café.

Perdón por todas las veces que te grité irritada “No hay queso rallado” y “Se terminó la  gaseosa”.

Perdón por nunca haber desocupado el baño.

Perdón.

Te quiero.

Ahora entiendo.

Tu hija,

Elen

 

P.D: Lo hacías porque me querés, ¿no?