La vida con príncipe azul
Hay harina en el piso. Desde el palier hasta la cocina. Tengo los zapatos un poco mojados, así que el engrudo se pegotea formando blancas huellas.
Hay utensilios sobre la mesada. De todo tipo. Cucharas de madera, bols de diferentes tamaños, tablas de picar, cuchillos, repasadores, dos rollos de cocina, un palote.
No se distingue el color del mármol, porque está cubierto además de bollos y más harina que, volátil, genera unas nubecitas blanquecinas que resplandecen con el sol matutino.
El delicioso aroma a la levadura fresca me calma y me lleva a la infancia, a la época en que las mamás (mejor dicho las abuelas, porque mi madre tiene nulas nociones culinarias) hacían todo en casa y nos daban su amor con colores y sabores encantados que convertían un día cualquiera en un evento de gala.
Ahora ya no hay tiempo, y cocinar algo elaborado se vuelve una empresa rara, casi imposible y quizás por eso más valiosa, pienso, mientras limpio mi calzado con un cepillito.
Elena:
¿Qué haces, amor?
Chango:
Pan de campo.
Elena:
¿Qué se te dio por hacer pan de campo?
Chango:
Quiero hacerte pan todos los fines de semana y llevarte el desayuno a la cama.
Elena:
¡Sos lo más!
Chango:
Sí, y aparte… hacer pan es algo ancestral, te pone en contacto con algo primitivo. Porque el pan es vida ¿sabés? Es sagrado. Fijate que si tenés que buscar otra palabra para “comida” decís “pan”. La gente ya perdió la costumbre de hacer pan pero es muy lindo y tampoco es tan complicado, seguís la receta del fascículo de Narda y ya está, no es tanto quilombo.
Elena:
Claro…
Chango:
¡Y te da una paz! ¡Yo estoy tan tranquilo que todavía no hice nada en el día! Bueno, ya está, ahora tiene que levar dos horas… ¿vas juntando acá mientras me pego una duchita?
Todavía drogada por el perfume de la masa, evoqué las tardes de primavera en casa de mi bisabuela, y vi los centenares de bollitos, perfectamente redondeados y alineados en la gran mesa de madera. Los repasadores de flores, hermosos para mí, fascinantes, cubriéndolos para que no se sequen, así las empanadas árabes quedaban bien suaves.
Le tomaba un día entero hacerlas todas y hornearlas, y yo la observaba como hipnotizada. Sus manos, larguísimas, amasaban y estiraban con una precisión digna del más eficiente chef internacional, como si estuviera bailando. Su perfecto cabello plata, en cambio, se quedaba quieto por el spray del que abusaba sin culpas.
Después comíamos todos juntos y la felicitábamos, contentos y con la boca llena. Ella sonreía, porque sabía que nadie haría jamás las empanadas árabes tan bien. Cuando terminábamos, apenas podía uno moverse, así que yo solía descansar en el pasto un buen rato hasta que fuera hora de irnos a casa.
Me imagino que a ella tampoco le gustaba limpiar después de haber cocinado. Y de hecho, creo que nunca lo hizo.
¿Quién limpiaría?
Oia… ¿Por qué estoy pasando el trapo?
¿Y el Chango?
¡Cómo me cagó!
–
(Este post es para Willito, el gurú de la paz interior)
Basta de blogs de ingratas minas solas. ¡Estar felizmente en pareja es mucho peor! elenapaoloni@gmail.com
Romi
23 de Enero, 2009 a las 10:14
Elen: que justo este post para mi crisis de hoy… sos facil de convencer… te engaño como a una colegiala!
Yo estoy preparando mi speech de hoy para que mi novio ordene o se vuelva a vivir con su madre. Ya me canse!
Saludos!
PD: yo cocino pizza casera… es muy bueno amasar para descargar broncas!
victoria
23 de Enero, 2009 a las 11:06
jajajaa
y obvio!
el es el divino que hace
pero bueno
vos la condenada que limpia
otra no queda
acordate que lo amas
y que te hizo recordar a tu bisabuela y las empanadas
acordate acordate
se fuerte
y no lo mates
jaja
de todas formas, yo . si fuera vos…(me conozco) y lo hubiese re puteaado y gritado para qu elimpie todo.
y bueno.
saludos
vamosabrillar
23 de Enero, 2009 a las 12:03
Che Elen, nada que ver, pero: Jeju trabaja en ventas telefónicas de Aerolíneas??
Lilu
23 de Enero, 2009 a las 12:06
Cuando cocino yo, ensucio más que el, jeje y después el tiene que limpiar. Cuando el cocina va lavando lo que usa y me va diciendo: “viste, asi, cocinas y de paso dejas ordenado”. De a poco voy aprendiendo.
Grande tu chango que te transportó al pasado!
Jote
23 de Enero, 2009 a las 12:22
yo lo matooo!! ahi mismo cuando dijo: … mientras me pego una duchita.. jajaja
el q cocina limpia.. es asi !
((...gi!...))
23 de Enero, 2009 a las 12:29
Elen!
en casa la regla es que uno cocina y el otro lava…
ahora si te querés hacer la jui lopez may y ensuciar mil cosas en el proceso ts ts ts asi no…
igual q ternurisima la idea de llevarte el desayuno!
punto para el chango!
alternatyka
23 de Enero, 2009 a las 17:08
el olorcito del pan leudandose te anuló todo pensamiento racional, pero hay q reconocerle la buena intencion!
LO*QUE*SEA
23 de Enero, 2009 a las 17:37
Yo soy de las que ama limpiar y ni la menor idea de cocinar, he concluido con mis amigas que por eso sigo soltera.. igual como ellos no limpian, la prefieren que cocine.
Abril
24 de Enero, 2009 a las 7:12
Pobrecita de ti, los hombres no tienen el menor sentido del orden, pero bueno, tómalo por el lado amable, malo fuera q tuvieras un chango q ni siquiera se animara a cocinar! porq hay muchos q ni uno ni lo otro ehhh..
Elen yo soy la chica de méxico con la q platicaste hace unos días en facebook.. adoro tu blog!! y con todo orgullo puedo decir q has sido mi inspiración para hacer el mío
http://detenganelmundomequierobajar.blogspot.com/
Porfa léelo a ver q te parece!
oLVIDO
24 de Enero, 2009 a las 18:29
lo*que*sea: Remarcas mi teoria…la que ama la cocina odia limpiar y viceversa. Yo adoro la cocina y puedo amanecer lavando los trastos…me relaja montones…pero a que encuentro mil excusas antes de pasar un trapo por el resto de la casa… No te hagas problema… hombres los hay que valoran mas una casa arreglada que un buen plato de comida hecha en casa… textualmente me dijo uno: “sale mas barato comer fuera que una mucama permanente”… la proxima vez que alguien me deje por eso, te lo mando
Anoia
24 de Enero, 2009 a las 22:27
Que chantaaa!!!
Sonia
25 de Enero, 2009 a las 11:49
Y lo mejor de todo será que cuando se lo cuentes a otras mujeres pondrán una sonrisa bobalicona mientras dicen: “Pero qué monoooo tu concubinoooooooo. Mirá que sos suertuuuda vooooos”.
Un saludo
ladyMirinda
27 de Enero, 2009 a las 1:01
tengo una amiga que cuando está sola añora “lavar calzoncillos” y luego cuando consigue algún bagre que le haga compañía reniega de su condición de susanita que tantó añoró…gataflora total!!
eushinashina
27 de Enero, 2009 a las 2:53
y si probás alguna vez a la inversa no??? tirarle un chamuyo de la comida que estabas preparando e irte a bañar?? muejeje
eushinashina
27 de Enero, 2009 a las 2:53
y decirle.. andá limpiando changuito
y poniendo la mesa changuito… ya vengo changuito
Elen
28 de Enero, 2009 a las 13:50
Ayer me fui a bañar y dejé los platos sucios en la mesa
Elen
28 de Enero, 2009 a las 14:03
vamosabrillar: No, aunque Aerolíneas tiene más glamour que su actual trabajo, Jeju odia, detesta el teléfono