¡Qué lindo es dormir abrazaditos o mirar una peli en el sillón una noche de semana! ¡Y qué aventura la primera vez que pidieron helado, elegir los gustos de a dos! Y desayunar juntos… sin dudas pasar tiempo con la persona que más nos gusta en todo el mundo es una experiencia que nos acerca a comprender el sentido de la vida.

De pronto, él se siente cómodo en tu casa. Conoce los espacios, se devenvuelve con tranquilidad por los ambientes, y te parece encantador. El vínculo se afianza y crece. Era justo lo que querías, o al menos eso pensabas.

Me acuerdo cuando el Chango empezó a querer pasar cada vez más noches conmigo. Yo estaba feliz y lo esperaba en casa, ansiosa, lista para pedir algo rápido por teléfono o dispuesta a cocinar algo especial, con el DVD preparado y la cama hecha prolijamente.

Las semanas se hacían cada vez más cortas, y con todo el sexo y la excitación,ni me di cuenta de él que había empezado a dejar sus remeritas y sus calzoncillitos en un cajón de la mesa de luz.

Tampoco me percaté de que todos sus amigos ya conocían mi departamento, ni me pareció un signo de alarma que cada tanto trajera comida y gaseosa o se animara a poner la pava para el mate. Yo disfrutaba.

A los quince días de este comportamiento, me dijo al pasar “creo que ya me voy a quedar acá, ¿qué te parece?

Y a mí me pareció la mejor idea del mundo, sin pensar en el Harpic baño, la factura de la luz, el ticket del súper, la familia política, el inodoro patinado, los ronquidos, la rutina implacable o el lavarropas. Nada me importó. Ni siquiera saber que ya nunca volvería a ser soltera, a comer del táper, a cenar yogur, a chusmear hasta las 3 con una amiga o a salir a cualquier hora, cualquier día y con cualquiera. Lo que yo quería era oler al Chango mientras dormía de lunes a domigo, y ni me preocupé por los problemas operativos.

Pero la convivencia es una prueba difícil, que hay que superar día a día, y a veces pienso que quizás no estaba preparada. Después de todo, sólo hacía un año que vivía sola. La verdad es que no me dí cuenta. Él simplemente vino, vino, vino… y un día no se fue más.

Por eso quiero hablarte a vos, novia con novio semi-cama adentro. ¿Querés dar el gran paso? ¿Estás lista para ser concubina? 

¡Prestá atencion a estas señales para que el muy vivo no te agarre desprevenida y se te instale sin que puedas decir nada!

1) Se baña en tu casa
Si pensaste que la señal era que caga en tu baño, olvídalo: ellos pueden cagar hasta en una estación de servicio. La prueba de que llegó para quedarse es que se bañe. Y si deja pelos en el jabón, estás perdida.

2) Te abre la heladera y ya sabe dónde están los vasos
Lo más probable es que este comportamiento tarde en aparecer, ya que vivís atenta a sus necesidades y todo el tiempo le servís gaseosa, le hacés café y le das galletitas o sanguchitos. Pero el día que él se levante, saque la botella de la heladera, y unos segundos después agarre un vaso de la alacena correcta… game over.

3) Te usa la Pc por más de media hora
Es decir, no sólo chequea los mails. También usa el messenger, baja música y actualiza su facebook. Cuando se arma una carpetita en el escritorio con su nombre y sus archivos, ya vive con vos.

4) Se queda dos días de la semana seguidos
Sin incluir lunes y viernes. Es decir, duermen juntos martes y miércoles o miércoles y jueves. Él ya sabe bien qué bondi o que subte tiene que tomar desde tu casa para llegar a tiempo al laburo, y te deja la taza del café para lavar. No le planches la camisa porque ya sería el colmo.

5) Dejó todo MENOS el cepillo de dientes
No quiere levantar la perdiz, es obvio. Se está autoengañando, también, porque cree que mientras no deje el cepillo de dientes en tu casa la cosa no es formal y él es un pibe libre. Pero nada más lejos de la verdad. Cuando mirás a tu alrededor ves sus libros, algunos apuntes de la facultad, su desodorante, películas en dvd, mudas de ropa y, lo más definitivo e irreversible, el cargador del celular. Felicitaciones, concubina.

Ahora ya estás advertida. Cuando empieces a ver estos síntomas en tu pareja, reflexioná con cuidado.

¡Es tu decisión!