Como niños a los que se les niega un juguete o una golosina, los hombres chillan y patalean cuando sus ocurrencias no son festejadas como si se tratara de descubrimientos asombrosos y se ofenden profundamente cuando no celebramos cada iniciativa con efervescencia incontenible y ofertas de sexo (esto último los hombres, no los niños).

Es que ellos necesitan ser reyes, genios, perfectos y si no reciben hurras incondicionales se sienten defraudados. Pero ¿Cómo explicarles que eso no es condicion sine qua non para nuestro amor?

¿Cómo hacer que comprendan que no los amamos menos por el hecho de que nos irrite que estén tocando la guitarra hasta las 3 am y dejen enfriar la comida porque se colgaron “leyendo un blog”, sino que, al contrario, nuestra tolerancia es la más clara muestra de que los amamos con devoción?

¿Cómo explicarles que nuestra cara de culo resignada no significa, en ningún modo, que nuestro objetivo sea coartarles la inspiración o sabotearles sus proyectos personales y que los apoyaremos aunque para nosotras sea un dolor de huevos?

El amor es no quejarse porque tardan 45 minutos en bañarse y gastan miles de litros de agua sin pensar en el medio ambiente, ¡no besarlos apasionadamente porque son limpios!

El amor es no alterarse cuando es hora de salir y ellos todavía están en bolas y querer invitarlos al cine a pesar de eso, ¡no aplaudirles la libertad de expresión y perdernos 10 minutos de película!

Lo que quiero decir es que no hace falta vitorear cada hábito, cada manía y cada hobbie para expresar afecto sino que, al contrario el amor está en la aceptación de las cosas que más nos molestan del otro, justamente porque nunca alcanzan a opacar todo lo bueno.

Así que sí, Chango, te espero con el pollo y las papas en la mesa mientras hablás por teléfono con tu amigo, porque me gusta que tengas vida social; hacé pan casero a las once de la noche de un martes porque está bien romper la rutina; usame la laptop porque quiero que trabajes cómodo en el sillón; olvidate el celular en modo silencioso porque está bien que lo personal no influya en las horas de trabajo… pero no esperes que esté loca de contento.

Igual te amo.