Se viene San Valentín, esa irritante festividad empalagosa parte de la trilogía compuesta, además, por el día del amigo y el infame halloween.

Según el portal oficial de esta celebración dedicada al amor y a la amistad (léase: a vender osos de peluche y cualquier pelotudez con corazones rojos), el Día de San Valentín tiene su origen en la Roma del siglo III. En esa época, parece ser, estaba prohibido que los soldados se casaran, ya que se creía que los hombres solteros rendían más en batalla. Ahí es cuando aparece la figura de Valentín, un sacerdote que se animó a desafiar las leyes y unía en matrimonio secretamente a las parejas que se amaban bajo el ritual cristiano. El pobre Valentín fue descubierto y condenado por el emperador Claudio II, y finalmente fue ejecutado un 14 de febrero.

Más tarde, la iglesia católica recuperó la figura de este sacerdote para opacar una celebración pagana en honor a Lupercus, el dios de la fertilidad, en la que los muchachos elegían a una chica por medio de un sorteo, para convertirse en compañeros durante un año. Con San Valentín canonizado, el aniversario de su muerte se convirtió oficialmente en el día del amor.

Unos cuantos siglos después, en esta fecha los restoranes se llenan de parejas espantosas y rutinarias que nunca salen, pero que se sienten en la obligación de mostrarle al mundo que no son solteros yendo a comer a una parrilla y compartiendo un matambre a la pizza.

También están los renegados que no adhieren a las costumbres capitalistas extranjerizantes y se quedan en sus casas, piden unas empanadas y ven algún programa de perlitas de archivo conducido por una insulsa dupla que llena el aire con chistes ídem.

Y no pueden faltar, desde luego, los noviecitos melosos que se dedican temas de Axel en la radio, se regalan muñecos que sostienen almohadoncitos con puntillas y la leyenda “te quiero mucho” o tarjetas con nenitos tomados de la mano y se mandan powerpoints con frases de amor como “eres el amor de mi vida” o “quisiera estar junto a tí por siempre”.

Los solteros, por su parte, a veces salen a tomar cerveza con amigos y la pasan bomba, o quizás deciden comprarse una bolsa de golosinas y sufrir un poco por no tener con quién compartirlas, hay de todo.

El Chango y yo todavía no sabemos qué posición tomar. La verdad es que el matambre a la pizza nos encanta e ir a comer es un lujo que nos gusta disfrutar de vez en cuando, aunque también somos fanáticos de vegetar en el sillón.

Por otra parte, nos oponemos a gastar dinero en merchandising inútil, como en ese capítulo de los Simpsons en el que Marge decora toda la casa con guirnaldas y carteles del “día del amor”, solo para tirar todo 24 horas después.

Pero de lo que estamos seguros es de que, lejos de refunfuñar contra el orden mundial o creernos súper originales por decir que “no festejamos San Valentín” o que “San Valentín es todos los días”, nuestro plan será emborracharnos, tener sexo toda la noche y decirnos “te amo” antes de
quedarnos dormidos desnudos y abrazados.

Es que estamos enamorados, señores, qué se le va a hacer.