La vida con príncipe azul
Si las peleas son el condimento picante de los vínculos entre personas, las reconciliaciones son el vasito de gaseosa fresca y burbujeante que se hace esperar, pero que cuando llega lo hace en una explosión de emociones igualmente sabrosas.
Tan importante son la una para la otra que cuando discutimos con alguien, nuestra voz interna nos dice si es en serio o si hay posibilidad de arreglar las cosas más adelante.
Como cuando le digo al Chango que lo nuestro se terminó con toda la soltura del mundo porque sé que en 15 minutos me va a venir a dar besito, o cuando le corto el teléfono a mi vieja porque estoy segura de que me va a volver a llamar, aunque solo sea para gritarme que soy una desequilibrada.
Hay mil maneras de hacer las paces. Con una sonrisa, dando besos y abrazos en silencio, pidiendo disculpas, mediante e-mail o sms, cocinando una cena especial o comprando una ropita interior sexy para sorprender, y hasta dejando una notita en la puerta de la heladera.
Pero esta vez no sabía que hacer. Quería volver pero no podía acercarme. Había cerrado la puerta para siempre, y aunque ahora me arrepintiera, el paso ya estaba dado y no había vuelta atrás. Quizás vendrían otros, pero nadie sería como él, eso era seguro. Hasta que sonó el teléfono y esa voz familiar me reconfortó enseguida.
“Elena, necesito verte“.
Acepté sin dudar. Acordamos fecha y horario, y cuando llegó el gran día me puse la ropa que mejor me queda, me hice brushing en el flequillo, me perfumé con una de esas fragancias que se podían comprar en los ‘90 y me dirigí hacia lo que esperaba fuera el escenario de una reconciliación de novela.
- Mirá Elena, te llamé porque no estoy de acuerdo con que interrumpas el análisis.
- ¿Por qué?
- Porque no.
- Ok. Hoy quiero hablar sobre por qué me dan un poco de miedo los números impares.
¡Y lo fue! Volví con el terapeuta y me siento más plena que nunca.
Basta de blogs de ingratas minas solas. ¡Estar felizmente en pareja es mucho peor! elenapaoloni@gmail.com
Romi
13 de Febrero, 2009 a las 9:37
Jajajaja…. y bueno, si no conseguiste otro, mejor algo que nada.
Perdon que utilice este espacio Elen, pero ayer fui al teatro a ver una obra que se llama “Por que sera que las queremos tanto?”, en el paseo la plaza.
Realmente la recomiendo!! Es Espectacular! nunca me rei tanto en la vida. La mirada de los hombres sobre nuestras histerias es genial! Esta solo los jueves a las 21hs. Si alguien quiere ir se las super recomiendo!
Saludos!
Peter
13 de Febrero, 2009 a las 10:03
Nahh, no podes!
Natalia Alabel
13 de Febrero, 2009 a las 10:33
Bien por la nota en La Nacion, te felicito!
gi!
13 de Febrero, 2009 a las 10:53
jajaja…
yo estoy pensando lo mismo pero pospongo la llamada con otras actividades
ana
13 de Febrero, 2009 a las 11:51
Noooo, Elen! los que dan miedo son los números pares!
Saludos!
Mag
13 de Febrero, 2009 a las 12:13
Los feos son los impares, al menos hasta que pasa algo tan grande que tenés que empezar a quererlos… como que te nazca una hija en un día impar…
Acerbus
13 de Febrero, 2009 a las 15:38
Los terapeutas ¿No son quienes nos dicen un montón de cosas obvias sobre nosotros mismos, que podríamos haberlas descubierto solos?
¿O quizás charlando con algún amigo?? En toda mi vida, nunca sentí que estuviera tan mal como para necesitar a un terapeuta. Siempre me las arreglé solo.
Romi
13 de Febrero, 2009 a las 15:46
Acerbus, los amigos te dicen las mismas cosas que el terapeuta y el terapeuta no te dice nada nuevo, que vos no sepas, pero uno le hace mas caso a un desconocido que los amigos y a si mismo.
Romi
13 de Febrero, 2009 a las 15:47
Y no hace falta estar mal para ir a un terapeuta… no es necesario estar loco, ni depresivo ni nada parecido… el tipo es un guia, una persona que te ayuda a superar algo que te tiene trabado en la vida…
Quiero ser una mantenida
13 de Febrero, 2009 a las 19:47
Basta de post que aparentan una falsa separacion! buuuu, los lectores tenemos corazón ♥
(¿Te hiciste brushing para ir a ver a tu terapeuta!? que onda?!)
Pam
13 de Febrero, 2009 a las 19:48
En mi opinión, si te hace bien pagar a un extraño para que te escuche y te diga cosas que ya sabés, hacelo. Si eso, dentro de una rutina vertiginosa y caótica, te hace mantener un equilibrio mental, emocional o lo que fuere, hacelo.
ana
14 de Febrero, 2009 a las 20:40
Los terapeutas a lo sumo te dicen lo mismo que un amigo, lo que pasa es que tienen las herramientas para hacerte reaccionar. También te dicen cosas que un amigo nunca te diria.
ana
14 de Febrero, 2009 a las 20:41
y bueno … tenía que escribir algo más para que los coments sean impares, sino me cae un rayo en la cabeza!