Los días de lluvia (o de síndrome premenstrual) hago bizcochuelo con la receta de mi abuela, que en vez de manteca lleva queso blanco. Cuando mezclo los ingredientes y agrego la esencia de vainilla es como si ella se materializara a mi lado y juro que la escucho decirme con su voz chillona: “vainilla no, es muy vulgar, ponele ralladura que queda fino, ¡ralladura!“.

Y lo mismo me pasa cuando elijo suavizante para la ropa marca Max Suave
y se me viene a la mente la enseñanza de mi madre: “usá Vívere, ¡no comprés el trucho que te quedan las toallas todas duras!

Pero los seres queridos no solo dejan marcas en la manera en que hacemos algunas cosas como cocinar, archivar facturas, putear como cloaca o discutir porque nos cobraron demás los tomates, sino que dejan su huella en los espacios que ocuparon.

Así como nos traen recuerdos los aromas de la infancia o las frases sabias dichas a tiempo, también lo hacen el agujero gigante que dejó un vecino macanudo cuando nos intentó ayudar a colgar un cuadro, o la quemadura de cigarrillo en el mantel que sin querer nos regaló nuestra amiga neurótica mientras se quejaba de su novio.

Una vez cuando era chiquita, por ejemplo, dibujé las paredes del garage de mi casa con fibrones para que mi papá pensara en mí cada vez que sacaba el auto para ir a trabajar. Enojadísima, mi vieja llamó al pintor al día siguiente, pero parece que él se confundió de color, se hizo el boludo y dejó un lamparón amarillo que siempre los hacía acordar a mi travesura.

Y hablando de siempre estar presente, algo parecido me pasó ayer:

Elena:
¿Cómo te está yendo?
Chango:
Bien, re bien, con muchísimo laburo, no veo la hora de volver a casa ¿cómo anda Félix?
Elena:
Félix está espléndido, tiene un montón de hojitas nuevas bien verdes y  está creciendo sanito. Los días de mucho calor lo pongo en el baño para que le dé luz pero no se seque. Igual lo que más le gusta es que le ponga un chorrito de agua a la mañana y lo deje a la sombrita, se queda re pancho.

Chango:
¡Qué bien! Tengo unas ganas de clavarme unos ravioles al pesto… ¿Alguna otra novedad?

Elena:
Sí, se tapó el baño, recién llamé al plomero porque con la sopapa no salió nada. Probé con el destapacañerías líquido y tampoco, y no sé qué puede ser, metí la mano y no había nada… qué raro…
Chango:
…ups…
Elena:
¡Yo sabía!
Chango:
No, no, ¡no es lo que vos pensás! Es un desecho sólido. ¿Viste que siempre te digo que quiero poner un glade canasta para que perfume y no quede siempre olor feo? Bueno el otro día lo puse y me parece que se salió el huevito y se fue por el caño… pensé que se había caído al piso y que después iba a aparecer pero no lo encontré por ningún lado… capaz es eso lo que está tapando…

Elena:
¿Pero cuándo fue esto?
Chango:
Hace diez días más o menos, cuando fui a comprar papel higiénico me tenté y lo traje.

Elena:
Dios mío, pobre Jorge… me va a cobrar una fortuna… ¿Y cómo no me dijiste nada?

Chango:
Es que creo que fue el día de la choriceada… ¡te juro que pensé que con la fuerza de la caca se iba a ir!

Elena:

Chango:
¿Hola?
Elena:
No tengo ninguna respuesta para eso así que te voy a tener que cortar.
Chango:
¡Bueno, chau amorcito, hablamos pronto! No viste Lost ¿no?

Aunque no lo veamos, el Chango siempre está.