Ya pasaron los primeros días sin el Chango.

La casa está impecable y en silencio. No se junta ropa con olor a chivo en los rincones, ni se acumulan vasos sucios o platos con cáscaras de queso mar del plata y migas de galleta.

Sobra la comida, duran el detergente y el shampoo, el jabón siempre está en su sitio y el inodoro nunca queda perdiendo.

Es aburrido y lloro.

¿Cómo llegué hasta acá? Ahora que él no está, todo el tiempo se me ocurren cosas divertidas para hacer… con él, y hay programas buenísimos para ver juntos en la tele.

Elena:
Hola, te extraño.
Chango:
¡Yo también!
Elena:
Puse una pila de ropa en la cama para que ocupe tu lugar y mientras duermo la abrazo, pero no me toca la cola.
Chango:
Yo me quedé sin papel higiénico y tuve que ir a comprar y ya era tarde, estaba todo cerrado, ¡en casa siempre había más rollos! Y quiero charlar con alguien mientras estoy en el baño y no hay nadie.
Elena:
Bueno, pero yo tenía cara de culo porque era la que los iba a comprar a los rollos.
Chango:
No mires películas con otros.
Elena:
¡Vos tampoco! Tengo un quilombo en la cabeza… cuando hablamos así no me acuerdo por qué estamos separados.
Chango:
A mí me pasa lo mismo, pero acordate de cómo nos peleábamos, de las caras de orto, de todas las veces que nos fuimos a dormir sin hablar, de los celos… era una mierda eso.
Elena:
Sí, tenés razón. Tenemos que hacer este corte porque todavía no estamos listos para intentar de nuevo.
Chango:
Quizás no tendríamos que hablar, por un tiempo.
Elena:
Voy a tratar.
Chango:
Bueno, pero antes, ¿me explicás algunas cosas?
Elen:
¿Como qué?
Chango:
Cómo se hace el pastel de papas, con qué se limpia la pileta del baño y qué marca de yerba tengo que comprar para que no tenga mucho polvo, quiero aprender todas estas cosas.
Elena:
Bueno, agarrá la birome. Yo quiero aprender a no sentirme la dueña de la sabiduría y a saber delegar.
Chango:
Ay pero… ¿No me lo podés mandar por mail que estoy acostado y no tengo ganas de ir a buscar para anotar?

Hicimos lo que teníamos que hacer.