Cuando alguien se separa, enseguida recibe recomendaciones de quienes se preocupan. “Hacé cosas que te gusten“, “no te quedes sola“, sentencian con las mejores intenciones, aún a sabiendas de que uno ya está perfectamente al tanto de que es eso lo que tiene que hacer.

Pero sin dudas el consejo que más seguido nos regalan nuestros seres queridos es “tratá de recuperar tus espacios“.

En mi caso ya no me acuerdo de cuáles son esos espacios o mejor dicho, todo es espacio. Todo es grande y está vacío. La casa sigue estéril como si ni siquiera yo viviera en ella y la cama sólo se deshace de un lado. La heladera está repleta porque nadie devora todo a su paso y hace semanas que no enciendo el horno ni como un plato de comida caliente.

Mi vida entera estaba amalgamada con la del Chango, y todo giraba de alguna manera en torno a él, desde el horario de mi curso de francés y qué sábado del mes salía con mis amigos hasta los zapatos que usaba, porque a él le gustan las chicas prolijas; pasando por las incalculables cuestiones de logística que hay que tener en cuenta cuando se convive. Ahora, después de cuatro años de tenerlo presente cada minuto, la separación es un hecho y ya no corresponde pensar en él.

Pensá en vos“, dicen.

Intenté entonces empezar por algo de eso. Hice un esfuerzo, pero esto es lo que resultó:

07:30 - Me levanto y desayuno.
08:00 - Me fijo si hay cosas para lavar. Hay dos bombachas y una musculosa así que no lavo.
08:30 - Me acuerdo del olor de las remeras del Chango y lloro.
09:00 - Voy al gimnasio.
10:00 - Me acuerdo de cuando el Chango me esperaba a la salida de la clase y lloro.
11:00 - Tomo mate de yuyos mientras trabajo en casa, sin bañarme.
13:00 - Voy a la heladera. Agarro un pedazo de pizza fría y lo como parada,directamente del tapper. Dejo un pedazo mordido sobre la mesada.
14:00 - Lloro y sigo trabajando.
15:30 - Me hago un baño de crema y miro fotos de otros en facebook.
16:00 - Hago un break. Salgo a mirar vidrieras y compro una ropita que no necesito.
17:00 - Retomo el trabajo. Hablo con amigos y lectores sobre cuánto amo y extraño al Chango.
19:00 - Tomo té de tilo desnuda mientras miro una comedia romántica en cinecanal.
20:00 - Me doy un baño de inmersión y lloro porque sí.
21:00 - Hablo a los gritos con mi madre sobre lo mucho que se debe cuidar Cristina Kirchner en las comidas.
22:00 - Ceno compota de ciruelas y vino frente a la PC, adelantando trabajo.
23:00 - Voy al kiosco en ojotas y compro un helado Tofi. Lloro y como en la cama.
24:00 - Miro Seinfeld y me acuerdo del Chango. Lloro.
02:00 - Miro “Animales extremos” y me agarra miedo. Uso las dos almohadas.
02:30 - Lloro y me duermo

Después de varios días de esta rutina es evidente que recuperar los espacios no tiene que ver solo con dormir en diagonal, mirar programas de moda hasta las dos de la mañana o hacer pis con la puerta abierta, sino más bien todo lo contrario.

Recuperar los espacios significa apropiarse de todo lo que hay ahí afuera y que no veíamos porque estábamos muy ocupados dentro la cápsula en la que se puede convertir una pareja. Para encontrarse con uno mismo hay que encontrarse con el mundo, parece, y estar preparado para sentir cosas nuevas.

Aunque es doloroso tener la posibilidad de estar bien sin el otro, es algo que nos debemos a nosotros mismos, así que después de llorar sobre la leche derramada tooodo el tiempo que sea necesario, hay que pasar un trapo con pinolux y seguir adelante.

Eh…

No sé por dónde empezar.