Elena:
Bueno, supongo que es justo, ahora me toca a mí plantarlo a Adrián…
Chico pintón:
Sí, además está de mal humor hoy, seguro te hace hablar de algo conflictivo para divertirse.
Elena:
¿Sí?
Chico pintón:
Mirá, a mí me preguntó sobre la relación con mi viejo…
Elena:
¡Vámonos ya!

Dejé a Adrián y sus preguntas capciosas y me fui con el chico pintón a un bar de por ahí nomás.

La sensación que tuve fue la misma que me invadió el primer día del secundario y más adelante cuando me dieron mi primer beso: incertidumbre y un toque de incomodidad, pero también una especie de curiosidad divertida. De cualquier manera, era una sensación de “primera vez”.

(De cualquier manera era una sensación).

Chico pintón:
Hace poco terminé una relación larga, es la primera vez que le invito un café a alguien después de muchos años, disculpá si soy medio… anacrónico.
Elena:
Yo también me acabo de separar… bah, me estoy tomando “un tiempo”.
Chico pintón:
Ah, sí, yo también, “un tiempo”… hace seis meses que me estoy tomando “un tiempo”. Creo que ella ya está con otro y qué se yo… cambiemos de tema que para hablar de cosas desagradables está Adrián… ¿Vos por qué hacés terapia?
Elena:
Aaah, sí, ¡un tema muuuucho mejor! Hago terapia porque soy incapaz de tomar decisiones y vivo cuestionándome a mí misma. No creo en mí, tengo baja autoestima y dejo que la rutina me arruine la vida. Creo que más o menos viene por ese lado la cosa. ¿Vos?
Chico pintón:
Yo tengo TOC.
Elena:
Ah, pero creo que eso tenemos todos…
Chico pintón:
Eso dicen… Che, me llamo Maxi, no te dije.
Elena:
Yo soy Elena.
Maxi:
Ya sé, le leí los papeles a Adrián cuando fue al baño.
Elena:
Uyyyy no quiero saber qué dice de mí.
Maxi:
Hacés bien. Igual estoy seguro de que Adrián exagera, a mí me parecés divina.

En eso estaba, disfrutando de una conversación bastante normal, mientras un sector de mi cabeza recordaba el principio y los cafés con el Chango. Desde el primer momento nos habíamos llevado bien, las anécdotas fluían, y ninguno de los dos había necesitado impresionar al otro. El Chango me hacía reír sin esforzarse, y yo era naturalmente encantadora. No teníamos citas, sino que más bien era como si después de varias vidas juntos nos estuviéramos reencontrando en esta.

Nunca antes me había pasado algo así, y ahora estaba con otro tipo que era tan imprudente como para haber elegido a Adrián como psicólogo, tan atrevido como para revisarle las anotaciones y tan desquiciado como para haberme hablado a mí.  Y estaba jugando al levante.

Entonces me llegó un SMS del Chango:

“Che, te acabo de ver en Córdoba y Esmeralda. ¿Quién es el goma ese? Sentémonos a hablar la semana que viene, plis!”

Me despedí de Maxi y me tomé el colectivo, un poco más mareada que de costumbre, pero tranquila.

Todo va a estar bien, porque ya no estoy muerta por dentro.

Espero que Adrián no esté enojado.