Tres personas son esenciales en mi vida: mi mamá, mi depiladora y mi terapeuta.

La obligación de todas ellas es escucharme, ya sea porque me dieron la vida y ahora se tienen que hacer cargo, porque me tendrán inmovilizada con cera caliente en el cuerpo por 45 minutos y no quieren que me queje o porque simplemente les pago por hacerlo.

Sin embargo, algunas me inspiran más confianza que otras.

Elena:
Volví con el Chango.
Adrián:
¿Cómo? ¿No estás saliendo con Maxi, vos?
Elena:
¿Eh?
Adrián:
Sí, Maxi me dijo que está saliendo con vos. Uh, pará, no sé si corresponde que te cuente lo que me cuenta otro paciente, menos si es tu novio.
Elena:
¡No es mi novio! ¡Fui a tomar un café!
Adrián:
Uh, ¿en serio?
Elena:
Sí, ¿por qué “uh”? ¡Te estoy diciendo que volví con el Chango!
Adrián:
…uh, perdoname… es que le dí el teléfono de tu casa a Maxi.
Elena:
¿Pero vos sos boludo? Sos mi terapeuta, ¡no podés hacer eso!
Adrián:
Es que él me dijo que te había dejado un montón de mensajes en el celular y que te había llamado y no contestabas y que estaba preocupado y me pidió el teléfono de tu casa y qué se yo, como le diste el celular pensé que era lo mismo. Igual hablemos sobre tu relación. Volviste con el Chango pero estás viendo a Maxi. ¿Cómo es eso?

Elena:
¡Yo no le dí nada! A ver, Adrián, hace un año que vengo, te pido que esta vez prestes atención: fui a tomar un café con Maxi pero no pasó nada, y después hablé con el Chango y decidimos ponernos las pilas para poder volver a estar juntos. ¿Qué es todo esto de Maxi? ¿Me podés explicar?
Adrián:
No, nada, en realidad tenés razón, no puedo discutir con un paciente los casos de mis otros pacientes. Mejor contame de tu reconciliación, ¿cómo te hace sentir?
Elena:
¡Pero le diste el teléfono de mi casa!
Adrián:
Bueno pero no me dí cuenta, me pareció normal después de todo lo que dijo.
Elena:
O me contás o te denuncio a la obra social por faltar a tus sesiones y cobrarlas igual, por discutir tus casos con los pacientes y por violar el secreto profesional médico.

Adrián:
Uf… me dijo que le habías dado a entender que te gustaba y que habían salido y que le interesás, que quiere saber todo de vos y ese tipo de cosas.
Elena:
¡Nada que ver! Le diste mi teléfono a un pibe con TOC que te dice que “quiere saber todo” de mí, sos un iluminado. Si ese loco me llega a dejar un mensaje en casa y lo escucha el Chango te mato.
Adrián:
Bueno, si me permitís ejercer mi profesión, te puedo decir que vos deberías reconocer que algo te debe haber gustado de él y que en ese momento no estabas pensando en el Chango. ¿Qué te llevó a salir con otro hombre? ¿Qué buscabas? ¿Y si se llevaban bien? ¿Cómo ibas a resolver tu tema con el Chango?
Elena:
Esperá, no te conté algo peor… el Chango me vió con Maxi, y por eso hablamos y nos empezamos a arreglar.
Adrián:
Ah, entonces no hay problema, disculpá, ahí entendí. Lo hiciste a propósito para que te viera él y se diera cuenta de que te extraña. En vez de expresar tus necesidades comunicándote verbalmente, lo hacés con hechos que buscan una reacción violenta en el otro, o un shock que provoque la actitud que querés conseguir. De cualquier manera, el tema es que sos incapaz de expresar tus necesidades, y sin comunicación adulta no hay pareja que resista.
Elena:
Todo muy lindo, pero le diste mi teléfono a otro paciente.
Adrián:
Pero te acabo de decir una gran verdad.
Elena:
¡Es tu trabajo!
Adrián:
Y lo hago bien. Le voy a pedir a Maxi que no te llame, pero después me gustaría que habláramos sobre por qué te buscás tipos con problemas y tu tendencia autodestructiva.
Elena:
Me parece bien, pero no me dejes plantada.
Adrián:
No, a ver si te vas con Juan Campos, que es psicótico y estuvo internado seis meses.
Elena:
¿Es lindo?