Al igual que cualquier otro proceso, una reconciliación tiene varias etapas.

Durante la primera, la sensación “luna de miel” se apodera de nosotros, y perdemos la capacidad de razonar. Nos olvidamos de los motivos que generaron el conflicto en primer lugar y elegimos, con todas nuestras fuerzas, creer que todo va a estar bien.

Semana Santa consistió en días de mimos y noches de sexo. No hablamos demasiado, a decir verdad.

El domingo no nos movimos de casa. Estela y mi mamá llamaron varias veces para invitarnos a sus respectivos almuerzos pascuenses, e incluso intentaron sobornarnos con promesas de abundancia chocolatera, pero decidimos que lo mejor sería quedarnos desnudos en casa.

(Además, cuando tenés mucho sexo se te va el hambre, ¿viste?)

Pero, como todo, la magia inicial debe llegar a su fin, conforme entramos en la etapa siguiente, y ahí es cuando surge la pregunta:

¿Qué hacemos?

Elena:
Llegó la hora, Changui…
Chango:
Sí… ¿qué vamos a hacer?
Elena:
Quedamos en que vos pensabas…
Chango:
Sí, yo pensé algo pero no sé.
Elena:
¿Qué pensaste?
Chango:
Pensé que nuestros problemas vinieron de la convivencia, y entonces si volvemos a convivir tan pronto quizás empiece todo de nuevo.
Elena:
¿No querés volver? ¡Pero tuvimos sexo!
Chango:
Obvio que sí, pero antes quiero un poco más de esto. Te quiero cortejar, onda seducirte y que vos te mueras por mí, y que cojamos como cogimos estos días, sin preocuparnos por otras cosas ¿entendés?
Elena:
Sí, sí.
Chango:
O sea, lo que quiero decir es que a mí me parece que no tendríamos que volver a vivir juntos ya-ya. Por ahí podemos salir, divertirnos y empezar de nuevo. Primero con el levante y después avanzando de a poco. Eso sí, los fines de semana me quedo acá con vos, como corresponde a un chongo que marca su territorio.
Elena:
¿Decís que eso va a funcionar? Yo sin bombacha y después de tanto pingui-pingui no puedo pensar, así que hago lo que vos me digas.
Chango:
¡Qué grande el Changochongo, es un titán! Sí, probemos. Cualquier cosa, para traer mi ropa tengo tiempo.
Elena:
Sí, yo igual tengo algunos calzoncillos y unos pares de medias acá.
Chango:
¿De quién? Boluda, no me digas que del goma ese del bar.
Elena:
No, no, los tenía siempre de repuesto por si te quedabas sin ninguno limpio y me olvidé de dártelos.
Chango:
No te puedo creer, ¡no cambiás más!
Elena:
Error. No hay más papel higiénico.
Chango:
Bueno, ya fue, usamos del rollo de cocina y listo, yo mañana compro. “Pétalo”, 90 metros.
Elena:
¡Bieeeeen! Tenemos esperanza ¿no?
Chango:
Yo creo que sí, pero igual la comida seguí haciéndola vos.
Elena:
Nunca se me ocurrió lo contrario.

Lo bueno del amor es que es tan personal y complejo que uno puede definir y redefinir las etapas como se le cante.

Y eso está muy bien.