En una pareja es esencial respetar los espacios y conocer los propios límites. Quiero decir que en la sociedad de la sobreinformación, está bueno poder decir “basta, hasta acá quiero saber, el resto me va a hacer mal”, y preservar la salud mental y el ego intactos.

Y para ser capaces de trazar esa línea, es necesario estar muy en contacto con nuestro interior más profundo, ser reflexivos y jamás actuar por impulso.

Ayer, mientras el Chango hacía caca, le llegó un SMS. Le iba a llevar el celular al baño, pero cuando él está concentrado en la evacuación intestinal prefiero no molestarlo porque se pone de mal humor . Además si llegara a abrir la puerta tendríamos que evacuar el edificio, posta.

Así que fui a ver si era de su mamá o sus hermanos, sin intención de leerlo.

Pero era de Jul.

Jul, la de las tetas gigantes, la veinteañera de ojos claros, la de los jeans elastizados, la que le regala compilados y siempre lo está abrazando, la que labura en RR PP, la de la concha de palangana, la atorrant…la “amiga” del Chango.

Me encantaría afirmar con orgullo que elegí confiar, creer en la persona que tengo al lado o al menos darle el beneficio de la duda, a sabiendas de que no iba a poder manejar la situación en caso de que el mensaje dijera algo desagradable, pero no.

Nnnnnnop.

Me cagué en los espacios, en el respeto y en el derecho a la privacidad y, sin pensarlo un segundo, apreté “leer”.

“Bombón, ¿Dónde andás? ¡Te esperé el sábado y no viniste! ¿Volviste con tu mujer?”.

No se preocupen, no seguí con el historial de mensajes. Algo es algo.