Los que te conocen bien tienen un sexto sentido para percibir cosas sobre vos. No necesitan ninguna señal evidente, sino que es más bien como que olfatean que algo pasó, como los sabuesos que te huelen el bolso en la frontera para ver si llevás porro.

El martes salí del trabajo agotada, con ganas de darme una duchita calentita y hacerme un baño de crema. El colectivo estaba hasta las tetas, pero el viaje se me hizo muy ameno con los SMS de Maxi, que decían cosas como “Si no te veo pronto te voy a googlear” y “¿Si te googleo voy a encontrar algún videito hot tuyo?”

Cuando llegué a casa, la  Albóndiga Hedionda formerly known as Chango estaba sentada en la puerta.

Elena:
Hola… ¿Qué hacés acá?
Chango:
Tengo que hablar con vos, ¿Puedo subir?
Elena:
Prefiero que no pases a mi casa, ¿querés mejor ir a tomar algo?
Chango:
Es mi casa también, yo vivo ahí…
Elena:
Vivías, basta, ya lo hablamos esto. No quiero discutir, tomamos un café, me decís lo que me querés decir y listo, estoy re cansada, laburé mucho.

Lo llevé al bar más feo del barrio, de esos con paredes oscuras, helechos y detalles en metal dorado como decoración. No quería arruinar un lugar lindo con el recuerdo de una charla que seguramente sería una mierda. Él se pidió un pebete y un licuado de banana, y yo un café doble que gracias a Dios venía con bomboncitos. Nos trajo el pedido un mozo viejo con cara de orto.

Chango:
Petisa, no aguanto más así, no puedo vivir sin vos, quiero arreglar las cosas,  vos sabés que yo te amo.
Elena:
Mirá, Chango, cuando amás a alguien no tenés una amante. Es tan simple como eso. Y de última, vos sabés bien que no fue un desliz, que duró meses, que se estuvieron riendo de mí en mi cara mientras yo te amasaba pizza casera. Yo soy medio pelotuda, pero tengo un límite.
Chango:
No es así. Yo me equivoqué, tenías razón cuando decías que yo pensé con el pito, pero en este tiempo aprendí, vos sos mi compañera, te extraño tanto, el otro día iba en el subte y se subió Gerardo Rozín y una señora le tiró mucha onda y yo te quería llamar y contarte.
Elena:
¿Viste que no es tan gordo en persona?
Chango:
No, posta, tiene las piernas flacas pero ojo que tiene una panza importante.
Elena:
Es tipo muffin.
Chango:
¡Síiiii! Y yo te quería contar y no podía, casi lloro.
Elena:
Bueh, andá a cagar, mandale mensajitos a Jul, como hacías en Mar del Plata.
Chango:
Pará de atacarme, ¿qué te pasa? Además yo sé que estás con otro, no te hagás la pobrecita.
Elena:
¿En qué te basás para decir eso?
Chango:
¡En que te conozco! No me contestaste ningún mensaje, nunca estás en casa y aparte se te nota, tenés la piel linda, el pelo lindo, olés bien, estás buenísima, más flaca, te rrrre doy, los ojos te re brillan… cuando estábamos juntos no estabas así, así que es obvio que estás con otro tipo y me rompe las bolas.
Elena:
¡Sos un caradura! Pero está bien, ¿querés saber? Me ví con un tipo, pero a diferencia de vos, yo esperé a estar separada para meterme en la cama con otro y por lo menos tuve el buen gusto de que no fuera un amigo mío que viene a tomar mate a tu casa cuando vos no estás.
Chango:
¿Te viste con un tipo y lo decís así nomás? ¿Me querés hacer mierda? Me equivoqué, ya lo sé, ¿cuántas veces me lo vas a echar en cara? Estoy acá porque te elijo a vos, vos sos la mujer para mí y yo quiero ser el hombre para vos. Quiero ser lo que necesitás para ser feliz, ¿tan difícil es?
Elena:
Es que yo necesito que la persona que esté conmigo no me lastime, me respete, me cuide y no me deje sola contra todo. Y yo pensé que nosotros éramos así pero no sé… vos me lastimaste mucho. Yo me enamoré de vos hace mucho tiempo, y hasta ahora siempre pensé que eras el hombre de mi vida. Creí que íbamos a estar juntos hasta ser viejos, y sé que todos nos mandamos cagadas y que todas las parejas tienen crisis, subidas y bajadas, pero esto es distinto. Lo que me enamoraba de vos era lo buena persona que sos, lo sincero, lo cariñoso, ¿entendés? No sé cómo mirar a un tipo que me dijo que se quería casar conmigo y me mentía. ¿Cómo te enamorás de un tipo así? Es como me dijo Adrián, tengo que pensar en qué hombre es el que quiero para mí.
Chango:
¿Adrián es tu chongo?
Elena:
¡¡Adrián es mi terapeuta desde hace un año!!… mi pareja tendría que saber eso, pero parece que estabas muy ocupado organizando idas al telo con Jul…
Chango:
No voy a entrar en esa, te querés pelear, pero lo que yo quiero es estar con vos. Quiero otra oportunidad, eso es lo que te quería decir.
Elena:
¿Vos estás seguro de que querés estar conmigo?
Chango:
Sí. No te enamores de otro, enamorate de nuevo de mí.
Elena:
Y querés otra oportunidad…
Chango:
Sí.
Elena:
¿Sabés qué? Ganátela. Empezá de nuevo.

Y para fomentar la incredulidad de los lectores, hice algo que siempre había querido hacer y nunca se me había presentado la oportunidad: me levanté de la mesa con el café a medio tomar (es terrible, ¡dejar algo que pagaste sin terminar!), agarré el saco y la cartera y me fui sin mirarlo, con paso firme, bien derecha y sacando pecho.

A la media cuadra me largué a llorar, cuando estuve segura de que no me vería.

Aunque al pedo porque seguro se imaginó.