Sabía que no iba a ser Sushi porque no me gusta, y supuse que tampoco se inclinaría por algo demasiado complicado, como unas costillitas de cerdo con puré de manzana y batatas o un pollo con almendras; pero ni bien vi la bolsita de plástico blanca que decía “Lo de Chiche” me dí cuenta de que la noche no sería tan cursi como me había imaginado.

Eran las once menos veinte, y se notaba que el Chango había estado trabajando todo el día. Estaba cansado y ojeroso, pero se había bañado y afeitado, y le habían planchado la camisa.

Lo saludé con un beso en el cachete y sin abrazarlo.

Elena:
¿Trajiste… milanesas?
Chango:
Sí, pero no es cualquier milanesa, ¡Son milanesas de Chiche! ¿Te acordás que dijiste que te gustaban? Y también voy a hacer un puré cheff y ensalada caprese con hojas de Félix.

Elena:
…sí… gracias, pero… Félix murió.
Chango:
¡Noooooooo! ¿Lo dejaste morir?
Elena:
No, lo dejó morir el corpiño de Jul, yo solamente lo miré secarse.
Chango:
Ok, ok, entendí.
Elena:
Además, Félix ya no tenía razón de ser, porque nosotros nunca vamos a tener hijos.
Chango:
… ok, ok, listo, listo, mejor comamos… ¿me prendés el horno?
Elena:
Sabés qué, dejá, mejor las pongo yo a las milanesas, vos quedate por ahí, no toques nada.
Chango:
¡No, no, dejame a mí! Esta es una cena para vos, traje un vino y chocolate y un quesito Adler para picar y cremona.

Encendí el horno y abrí el vino. Me prometí que bebería poco y me serví una copa por la mitad. Estaba rico, era torrontés, mi favorito desde que viajamos al Norte con el Chango en otra vida.

Chango:
¿Te puedo pedir un favor?

Elena:

Decime.

Chango:

¿Podemos no hablar de lo que pasó? ¿Me contás cosas de tu vida? Te extraño mucho. Por favor.

Elena:

… Bueno… bajé un poco de peso, me compré bastante ropa porque ahora tengo muchos menos gastos, fui al cine, estuve escribiendo, por suerte ando con bastante laburo, y no hay mucho más. ¿Viste lo del avión de Air France?

Chango:

Seeeh, re Lost, dentro de unos años van a hacer la película y la va a dirigir alguno horrible tipo Joel Shumacher.

Elena:

Seguro, y va a actuar el pibito de la película de Vampiros, que parece que es el más grosso ahora.

Chango:

Ese pendejito te encanta ¿no?

Elena:

No, ahora me copa el Dr. House. Sólo pienso en él.

Chango:

Y en tu chongo nuevo…

Elena:

¿Querés que hablemos de Jul? Contame, cuando decías que te tenías que quedar laburando hasta las 11 o que tenías un cumpleaños, ¿a qué telo se iban, al Kansas?

Chango:
Tenés razón… No sé cómo vamos a salir de esto, por ahí te lastimé demasiado, y vos a mí, con tu indiferencia, haciéndome sentir un inútil, onda un bebé que no puede arreglarse solo, pasaron muchas cosas…
Elena:
Supongo que los dos tenemos culpas en esto… sólo que lo que vos hiciste no tiene que ver con nosotros, sino con vos. Vos elegiste a otra persona pero no tuviste los huevos de irte. ¿Cuántas veces te lo tengo que decir? Cuando una relación anda mal, es culpa de los dos, pero cuando uno tiene una amante para evadirse de la realidad, es sólo culpa suya, ahi el sorete es uno solo

Chango:
Yo no elegí a otra persona, al contrario, todo esto me sirvió para darme cuenta de que te quiero a vos.
Elena:

Chango:
Boluda… se quemaron las milanesas ¿no olés?
Elena:
Se TE quemaron. Comámoslas igual, ya fue.

Comimos las milanesas con puré y tomate casi en completo silencio. Lo miré más detenidamente. Estaba bastante más gordito por los guisos de mi suegra, pero se notaba que había hecho un esfuerzo. Trataba de sonreír y ser simpático, pero el clima era un poco denso.

Qué curioso, me dije a mí misma, qué fácil es destruir algo y qué difícil es volver a armarlo. Había sentido el impulso de alejarme de la persona con la que quería pasar toda mi vida, pero ahora lo tenía ahí, limpiándose la boca con el repasador en vez de usar la servilleta y dejando marcas de dedos aceitosos en su copa.

Chango:
¿Me contás más cosas?
Elena:
Bueno… mi terapeuta, Adrián, me canceló esta semana porque tiene a la nena enferma, así que hace mucho que no voy, pero eso va bien. Estoy haciendo avances. Y dejé las pastillas anticonceptivas porque me hacían doler todo y ya es al pedo… y estuve leyendo historietas.

Chango:
Uh, sabés que me compré “El granjero de Jesú”, es de uno que estaba en Historietas Reales, es un genio.
Elena:
Angel Mosquito. Lo tengo acá, ¡es lo más!
Chango:
¿En serio?
Elena:
Sí, odio que tengamos tantas cosas en común. Me resulta más difícil todo. También tengo uno de Lucas Varela.

Chango:
“Estupefacto”.
Elena:
¡Ese! ¡Qué loco está ese hombre!
Chango:
Lo leía y me acordaba de vos.
Elena:

Chango:
Yo creo que sos mi alma gemela ¿sabés?

Elena:
Yo creía eso también.
Chango:
Quiero volver.
Elena:
Dame tiempo, necesito pensar mucho.
Chango:
¿Comemos chocolate? Pensá tranquila.
Elena:
Ahora no quiero pensar. Chocolate y un Dr. House.
Chango:
Joya, pongo para hacer un café mientras lavo los platos. La hornalla sí la sé prender.

Se hizo bastante tarde, y le avisé al Chango que me tenía que levantar a las 6 al día siguiente.

Chango:
¿Puedo seguir viniendo?
Elena:
Mejor invitame a salir, pero este fin de semana no, porque estoy ocupada. Llamame en la semana y vemos.
Chango:
No te voy a preguntar nada. ¿Te puedo abrazar?
Elena:
Sí.

Nos abrazamos y tuve que aguantarme las lágrimas. Toda su redondez blandita y su olor a hombre contra mi pecho me trajeron demasiados recuerdos.

(¡Por qué me cagaste, estúpido!)

Chango:
La pasé muy bien.
Elena:
Sabés que yo también…

Le dí un beso en el cachete y cerré la puerta. Una vez en piyama, me llevé lo que quedaba de la cremona a la cama.

Las milanesas de Chiche siempre fueron lo más, pensé justo antes de dormirme.