Cuando recién lo estaba empezando a conocer, el Chango me parecía un hombre refinado, culto, con buen gusto. Lejos estaba de esos borrachitos inmaduros a los que estaba acostumbrada, y no tenía nada ver con los niñitos conflictuados que tanto abundaban en mi facultad.

Los primeros meses los pasamos viendo películas independientes y cenando comida china de delivery. Él nunca se demoraba más de dos minutos en el baño, y yo había logrado convencerlo de que en verdad casi no tenía vello en las piernas, y no me bañaba en perfume, sino que “este es mi olor natural, te juro” .

El domingo a la noche hablábamos del último libro que habíamos leído o comentábamos algún articulo mientras tomábamos una copa de vino. A la mañana siguiente nos levantábamos a escondidas y nos cepillábamos los dientes para volver a la cama y darnos besos impecables.

Pero después nos enamoramos, y de a poco ya “no hizo falta” dedicarse a la seducción.

Y así salieron las cosas, pero de lo que no caben dudas es de que a la larga, en un momento u otro, todos soltamos la hilacha y dejamos entrever nuestro verdadero yo, que no huele a rosas ni tiene piel de porcelana.

Por otra parte, cuanto más tarda en aparecer esa identidad que está oculta bajo el velo del cortejo, más grande es la sorpresa.

Ayer a la noche estaba a punto de quedarme dormida desnuda en brazos de Maxi,cuando él se dió vuelta para llevar adelante la criminal tarea de prender el velador. Aproveché para mirar qué buena espalda que tiene, toda marcadita, justo antes de ver que estaba mirando el reloj despertador.

Elena:
¿Qué haces?
Maxi:
Miro la hora.
Elena:
Sí pero ¿Para qué?
Maxi:
Es que necesito saber a que hora me duermo.
Elena:
?!
Maxi:
Claro, para hacer el cálculo de cuántas horas voy a poder dormir, y así programar el sueño.
Elena:
¿Qué?
Maxi:
Claro, así calculo si voy a poder dormir tranquilo o si me tengo que concentrar en descansar mucho en pocas horas. Por ejemplo, ahora es la 1:40 y nos tenemos que levantar a las 7, más 5 minutos de fiaca, menos 5 minutos que tardo en dormirme, o sea que tenemos 5 horas y 20 para dormir.
Elena:
Pero antes no lo hacías.
Maxi:
Sí, ¡Sólo que antes esperaba a que te durmieras!
Elena:
Ah… ya te pusiste cómodo.
Maxi:
Sí, pero todavía no te googleé, así que no se perdió el encanto.
Elena:
… bueh, me conforma, apagá la luz que ya es la 1:44.

Cada uno tiene sus cosas, ¿no? Mejor ir sabiendo ahora…