Maxi me sirvió los ravioles en un plato cuadrado color negro, que decoró con una hojita de albahaca. La salsa de tomate era casera, y no tenía ajo porque sabe que no me gusta. Después volvió a la cocina a buscar su porción, pero me impacienté un poco porque tardaba en volver.

Elena:
¿Qué hacés?
Maxi:
Cuento los ravioles.
Elena:
¿Estás haciendo dieta y no podés comer más de siete ravioles o algo así?
Maxi:
No… es que tienen que ser número par.
Elena:
Pará… ¿los míos son número par?
Maxi:
No me fijé, no quiero arrastrar a nadie en estas cosas así que a vos te serví así nomás.
Elena:
Lástima, hubiera estado copado que fueran número par…
Maxi:
¡No me cargues! ¡Estoy en rehabilitación!
Elena:
En serio, en serio, no me caben los impares.

Volvió de la cocina y se sentó con cara de hacerse el boludo. Sus ravioles estaban acomodados en 4 grupos bien separados entre sí, ubicados en cada esquina del plato.  Uno de ellos no tenía nada, otro tenía sólo queso rallado, otro sólo salsa y el último salsa y queso.

Elena:
Eso sí explicámelo.
Maxi:
No tengo manera de zafar ¿no?
Elena:
No.
Maxi:
Prometeme que nos vamos a seguir viendo.
Elena:
Si los ravioles están buenos te lo prometo.
Maxi:
Bueno… es así. Los ravioles no sólo tienen que ser número par, sino múltiplo de 4, para separarlos en estos cuatro grupitos, ¿ves? Y cada grupito tiene una de las 4 combinaciones de sabores posibles, o mejor dicho, tres, porque hay uno que es el grupo de control, que son los ravioles que no tienen nada. Primero como uno blanco, para ver cómo es el sabor, y después voy avanzando, como uno con queso, después uno con salsa, así hasta llegar al “completo”, y disfrutar de todo junto y ver cómo se fue modificando el gusto al agregar ingredientes.

Elena:

Maxi:
Y después empiezo la vueltita de nuevo.
Elena:

Maxi:
¿No nos vamos a ver más, no?
Elena:
La próxima quiero los ravioles así.