Me gusta que todo me salga bien, y me preocupo mucho por estar en todos los detalles, aunque no sé si es un rasgo de mi personalidad que siempre estuvo presente, o es algo que me inculcó mi abuela un verano horrible que pasé con ella en la costa.

“Las otras nenas son lindas, pero vos te vas a tener que esforzar más para compensar”, me dijo con ese tono de superioridad que usan las viejas cuando te quieren dar una enseñanza de vida. “Y no podés usar dos piezas, tenés panza“.

O quizás tenga que ver con mi boletín de 4to grado. Todos 10 menos dibujo: 7. Mi madre se limitó a exclamar “¿Cómo sacaste un 7? ¿no te podías esforzar más?”

Para que el Chango se sintiera en su hogar cuando empezamos a vivir juntos había bastado con llenar la heladera de quesitos untables y la alacena con paquetes de maníes y galletitas.

Para impresionar a mi (ex)suegra fue igual: sólo tuve que comprar una docena de cañoncitos con dulce de leche y ponerle azúcar al mate.

Pero Maxi no era tan fácil, y preparar mi casa para para que él la conociera me llevó bastante más tiempo.

Empecé cambiando las sábanas y armando la cama. Después reemplacé las toallas del baño por unas nuevas, suaves y sin manchas de lavandina; limpié el inodoro y el bidet con harpic, los espejos con limpiavidrios, la bañadera con cif crema; puse jabones nuevos y lavé la alfombra, que ya tenía un olor a humedad bastante intenso. Saqué los folletos de ofertas de Coto y los catálogos de farmacity que siempre me gusta hojear
mientras hago pis, y en su lugar dejé un ejemplar de la revista Lugares.

Seguí con la cocina, que a decir verdad estaba bastante bien. Desde que no vivo con el Chango prácticamente no la uso, así que alcanzó con pasar un trapito y tirar los papeles de golosinas y las aglomeraciones de yerba húmeda que se habían juntado en la mesada.

El resto fue sacudir, lustrar, apilar y esconder hasta lograr que mi casa pareciera salida de un folleto de Easy de hace algunos años.

Los libros copados quedaron a la vista, en filas prolijas. Los adornos rotos, las facturas sin pagar, las tazas con los bordes saltados y las medias desparramadas por el piso desaparecieron tras el placard del comedor. Fregué las ventanas, enderecé los cuadros y aromaticé los ambientes con sahumerios de sándalo.

Después me saqué los bigotes y me depilé las axilas, me bañé, me puse perfume y me vestí y me terminé de hacer la planchita justo cuando sonó el timbre.

Maxi llegó con dos botellas, la polera azul y el pelo fabuloso. Me saludó con un beso mojadito en la boca.

Maxi:
¡Qué rico perfume! Es el que tenías el día que te conocí.
Elena:
¿Dos vinos?
Maxi:
Traje un blanco y un tinto porque no sabía qué vamos a comer.
Elena:
Mejor, me tomo los dos y me empedo así no estoy nerviosa.
Maxi:
¿Estás nerviosa en serio?
Elena:
Es que sos el primer hombre que viene a mi casa desde el Chango…
Maxi:
No me mientas, ¡mirá que yo hago terapia! Querés causar una buena impresión ¿no? Querés que todo sea perfecto.
Elena:
Ah, ahora sos Adrián.
Maxi:
No, pero es que a veces es como si estuvieras dando examen y necesitaras sacarte 10. No podés sacarte siempre 10 y tampoco importa. ¿Podemos subir que hace frío?

Lo odié por conocerme tan bien y lo dejé pasar.

Maxi:
Tu casa es muy linda.
Elena:
Hago lo que puedo, es todo medio viejo y nada combina, pero de a poco voy a ir cambiando algunas cosas para que quede mejor porque ahora nada tiene que ver con nada y como igual me quiero mudar, tampoco quiero hacerle demasiadas cosas ni gastar mucho en decoración porque no sé cómo va a ser mi próxima casa, no sé si me darán un crédito, me gustaría comprarme algo chiquito en otro lado para empezar de nuevo, y ahí sí, le pondría más cosas, cambiaría el sillón y pondría unos vinilos en las paredes, ¿ubicás esos vinilos que tienen dibujos y los pegás en la pared y queda como un mural? Esos quiero, pero bueno, por ahora está así, pero trato de mantener todo siempre limpio, eh.

Maxi:
¡Relajate! Sos más obsesiva que yo. Tu casa está bien.

Mientras comíamos, me contó sobre su laburo, me elogió el pollo al horno y me agradeció haberle servido la salsa aparte.

Él hablaba tranquilo entre bocado y bocado, pero yo miraba de reojo a mi alrededor. ¿Había sacado bien el polvo de las repisas? ¿Había dejado a la vista el Abba gold? ¡Que no lo vea! ¿Le puse sal al pollo? ¡No! ¡No le puse!!! ¿Se dará cuenta de que las sillas son todas distintas? ¿Se me ve el grano?

Tomé unas cuantas copas de vino, o al menos las suficientes como para olvidarme de mis complejos de ama de casa desesperada y lograr concentrarme en el hombre buenmozo que tenía delante, y ni bien terminamos la cena nos tiramos en el sillón del living a hacer cosas chanchas.

Al rato, Maxi habló entre un beso y otro.

Maxi:
¿Vamos a la cama?
Elena:
¿Es metafórico o no te gusta el sillón?
Maxi:
Es que no puedo en el sillón.
Elena:
?!
Maxi:
Es que acá miraba la tele tu marido y aparte la gente se sienta con ropa de calle…
Elena:
No, bueno, en realidad miraba más en la cama, por eso tengo 2 DVDs…
Maxi:
Estás cortando el momento…
Elena:
Pasemos al dormitorio, por favor.

Me levanté como pude, ya completamente ebria y con todo el alcohol en la cabeza, y lo arrastré a los tropezones. Mientras nos manoseábamos contra la pared, se me ocurrió una maniobra que, en mi mente, no podía fallar.

Sin dejar de besarlo, le intenté sacar la polera onda femme fatale, con calentura y elegancia a la vez, pero la muy chota se trabó en la parte del cuello, y tironeé tanto que cuando finalmente salió, Maxi se golpeó la nuca contra la pared haciendo un ruido como… “PPPOC“.

Maxi:
¡AUUUUCH!
Elena:
¡Boludo perdoname, me quise hacer la sexy! ¿Estás bien? ¿Te lastimaste?
Maxi:
Se me va a hacer chichón, pero no pasa nada.
Elena:
Ay, esperá que te voy a poner hielo, ¡me quiero matar!
Maxi:
Estoy bien, en serio, no pasa nada.
Elena:
No, no, es que me quise hacer la sexy, ¡perdoname! Encima ya sé que a la comida le faltaba sal y estaba fea, ¡pero te juro que me esforcé! ¡Puse toallas nuevas, todo! ¿Y viste los jabones?

Maxi:
A ver a ver, calmada, calmada… ¿si te digo que tenés un 10 te quedás tranquila?
Elena:
Sí…
Maxi:
Bueno, pero eso sí, alumna Paoloni, su desempeño esta noche dejó bastante que desear, así que vamos a tener que recuperar los puntos perdidos de alguna manera…
Elena:
Ay, bueno, profe, pero el pantalón sáqueselo usted que no soy buena con los cierres y no quiero más accidentes.

Creo que aprobé.