Elena:
¿Cuándo fue la última vez que hablaste con Jul?
Chango:
Ya te dije, dejé de verla cuando me dí cuenta de que quería estar con vos.
Elena:
No mientas.
Chango:
¡En serio! ¡Sabés lo que me costó! Pensá que además éramos amigos…
Elena:
Ayer me la crucé por la calle y no me podía mirar a la cara, así que seguro vos le contaste que yo ya sé todo, no te hagás el boludo, la seguís viendo.

Chango:
Hablé con ella hace un par de semanas, sí, pero para decirle eso, que no me quiero mandar más cagadas y que no podemos ser amigos. No se lo tomó muy bien.

Elena:
Mirá, si sos amante, tenés que saber que siempre vas a ser la segunda, ese no es mi problema. Bah, o casi siempre, porque me podrías haber dejado por ella, son cosas que pasan pero bueno, vos me habías dicho que habías cortado la comunicación con ella hace mucho, cuando te leí el mensaje.

Chango:
Sí, sí, eso también… Te pido que te pongas en mi lugar. Yo voy a tener que vivir toda la vida sabiendo que casi pierdo a mi mujer por pensar con el pito, mientras que vos vas a vivir con la grandeza de espíritu que significa perdonar una infidelidad. Pensá que quedás en una posición superior.

Elena:
¿Quién te dijo que te voy a perdonar? Estoy cansada de sufrir, por ahí me conviene quedarme sola.
Chango:
¿Pero vos no te das cuenta de que yo siempre te voy a venir a buscar? ¿Qué necesitás que haga para volver a quererme?

Elena:
…la verdad… no sé. Me quiero operar las lolas.
Chango:
Son perfectas así.
Elena:
No, las quiero más paradas y grandotas, así mi próximo concubino no se va atrás de la primer atorranta con talle 100 y delirios de PJ Harvey que se cruce. ¡Estúpido! ¿No ves que nadie te va a querer como yo?! ¿Sos pelotudo?

Chango:
Y… sí…