Ya ni me acuerdo del día en que conocí a Estela. Lo que sí sé es que no importó mucho lo que tenía puesto ni lo que dije, porque el milagro era que por fin había llegado una tarada para llevarse al nene… ¡y con facturas!

Esta vez las cosas eran un poco diferentes. No solo porque Maxi no es mi novio y no se sabe bien qué estaba yendo a hacer a la casa de Liliana.

Al final hice unas galletitas de limón de un libro de Maru Botana. Las envolví en papel de seda y las puse en una cajita de esas que venden en las papeleras, que cerré con un moño lila.

Me planché el pelo y me hice una colita baja, con raya al costado, me puse un jean azul oscuro, zapatos negros con taco bajo y una polera de bremer negra ajustada. Más sobria imposible, chicos, sólo faltaba un collar de perlas o algo así onda película norteamericana. Me pinté poco, porque ese fue el consejo que más me dieron los lectores, y me perfumé con una fragancia suave para no quedar como una vieja cacatúa.

Y después hice pis como diez veces, porque eso es lo que hago cuando estoy nerviosa.

Maxi pasó a buscarme puntual, como recién salido de una producción de moda de la revista de La Nación  (le doy mal), pero bastante tenso. Ya entendería por qué.

Elena:
Hola, hice galletitas de limón, las puse en una caja porque vi que Dolly Irigoyen siempre pone las galletitas en cajas y Narda también, y qué se yo, no sabía que traer porque no conozco a tu mamá y no quería no llevar nada, pero está bien ¿no? ¿Galletitas de limón? ¿Dos docenas?

Maxi:
Está perfecto, ni te hubieras molestado, la verdad. Además va a estar mi mamá sola, mi papá está en Puerto Madryn.
Elena:
Ok, respiro hondo. Igual sabés que me estás extorsionando, ¿no?
Maxi:
Sí, pero tomalo como que me hacés un favor así me saco de encima a mamá, que me presenta chicas insoportables porque son “de buena familia” o porque saben cocinar. Estoy harto, quiero terminar con esto así no me pregunta más nada. Por eso te quiero llevar a vos, sos la chica más divina que conocí…

Elena:
¡Hubieras empezado por ahí!
Maxi:
Haceme quedar como equilibrado, ¿sí?
Elena:
Dalo por hecho.

La casa de Liliana, como era de esperarse, es impecable. La fachada blanca, como recién pintada, y las puertas y ventanas azules me hicieron acordar al cuadro de las islas griegas que mi depiladora tiene colgado en el gabinete hace al menos doce años.

El interior parece un set televisivo. Todo está pensado hasta el último detalle. Los muebles rústicos, los tapices de las paredes, los adornos -vasijas y esculturas de cerámica- evocaban las tardes del mediterráneo con total naturalidad.

Liliana es una mujer menudita, lleva el pelo en prolijo corte carré, usa sombra de ojos color tostado y veo que solo tiene puestas joyas de oro, nada de bijouterie ni accesorios de moda. Ni bien la ví pensé en Chiche Duhalde.

Me saludó con un beso en cada mejilla y me dijo “Encantada, querida”, con una sonrisa correcta. A Maxi le dijo que su polera tenía pelotitas mientras le daba una palmadita en el hombro.

Enseguida pasamos al comedor, donde la mesa ya estaba puesta. Maxi se sentó sin decir nada, aunque su cara de fastidio era evidente. En ese momento decidí tomarme todo como un juego o un casting, y hacerlo quedar a mi chico pintón como un rey, así “Chiche” no le rompía las bolas.

La “muchacha”, como le dice Liliana a la mucama, trajo platos servidos de la cocina. Era pescado. Puteé por dentro, hice de tripas corazón y comí como si se tratara de un manjar exquisito, mezclando todo con toneladas de pan. Maxi me codeó pero yo le hice un gesto para que se quedara tranquilo. El pan disfraza todo.

Mi posible futura suegra, que se había ubicado en la cabecera, comía con bocados ínfimos y se limpiaba la boca antes de cada sorbo de agua. Ah, porque había agua. Sin gas.

Pero basta de detalles, ¡vamos a la charla!

Elena:
Traje galletitas de limón, ¿le gustan, Liliana?
Chiche:
Más o menos, no como nada que engorde, pero gracias igual, querida, ¡por suerte sabés cocinar! Decime, ¿a qué te dedicás?
Elena:
Yo soy comunicadora social.
Chiche:
Pero ¿dónde trabajás? ¿Qué hacés?
Elena:
Trabajo en una agencia de publicidad y escribo para algunas revistas, recién estoy empezando…
Chiche:
¿Qué edad tenéS?
Elena:
26, casi 27.
Chiche:
¿Y recién empezás? Maxi empezó a los 20, le va muy bien, gana muy bien, vive en Palermo ¿sabías?
Elena:
Sí, tiene un departamento muy lindo, pero no tan lindo como su casa, Liliana, la felicito.
Chiche:
AAh gracias, gracias. Maxi, qué bien esta chica, mucho mejor que la otra.
Maxi:
¡Mamá!
Chiche:
Ay, perdoname querido, pero la otra era de terror, nosotros con papá no te queríamos decir nada porque somos educados, pero esa chica nunca no gustó para vos.

Maxi:
Mamá, dijiste que te ibas a ubicar...
Chiche:
Bueno bueno, Elenita, ¿te gusta el pescado? Es mero, la salsa la saqué de El Gourmet.
Elena:
Está riquísimo.
Chiche:
¿Sí? porque me dijo Maxi que no te gustaba el pescado, pero acá los jueves se come pescado… Se ve que sos bien educada.
Elena:

Maxi:
… ¡Ves cómo sos! ¡No se puede así!
Elena:
No pasa nada, está muy rico el pescado.
Chiche:
Viste, Maxi, le gusta. Vos siempre tan negativo. ¿Seguís enfermo? ¿Cómo vas con el psicólogo? ¿Le contaste a esta chica que vas al psicólogo?

Maxi:
Sí, ya le conté y estoy mucho mejor.
Chiche:
Sí, se ve porque no te molestan las migas de Elenita, antes no eras así, eras más prolijo, hasta que el médico dijo que era una enfermedad. Yo nunca entendí por qué.

Elena:
Es un transtorno, no una enfermedad, Liliana, perdón por las migas. Él está bien, no se preocupe. ¿No, amor, que estás bien?
Maxi:
Sí, ¡¡pero vos mamá sos una desubicada!!
Chiche:
No levantes la voz en la mesa, Maxi, que hay desconocidos.
Maxi:
No es una desconocida, es mi novia, ¡andá acostumbrándote!
Elena:
!!
Chiche:
Ay, ya sé que la traés para molestarme. Sabés que no es para vos esta chica. No es nada contra vos, Elenita, sos muy simpática pero nosotros queremos que Maxi…

Maxi:
Tené cuidado con lo que vas a decir.
Chiche:
No es nada, es que siempre nos imaginamos a Maxi con una chica… más como él.
Elena:
¿Como él cómo?
Chiche:
Y… más clásica, delgadita, que estudie una buena carrera…
Elena:
Pero yo soy licenciada, Liliana.
Maxi:
Suficiente, mamá, me tenés cansado.
Chiche:
Bueno, bueno, comamos en paz que se enfría.

(Continuará)