El Chango entró a casa cargando una mochila sucia, con cara de vergüenza y movimientos cautelosos.

Hizo un comentario sobre lo limpio que estaba todo y yo le respondí que en realidad es muy fácil mantener todo ordenado si uno tiene en cuenta que todo lo que ensucia lo tiene que limpiar después.

Le dije que dormiría en el futón del escritorio y le mostré el estante de la heladera que estaría destinado a su comida.

Preguntó dónde podía guardar su ropa, le contesté que en algún cajón que encontrara libre.

Quiso bañarse y pidió un toallón. Le dí uno playero que tiene dibujado un tucán y una palmera, y me senté a ver la 5ta temporada de Dr. House.

Yo estaba incómoda, pero él… bueno, él no sé porque no se le nota. Los tipos tienen esa capacidad de poner ojitos tristes, borrarte la memoria y hacerse los desamparados para que los cuides. Pero conmigo no va a funcionar esta vez. En serio. Una cosa es hacerle un favor a tu ex y otra es volvera ser pelotuda.

En el capítulo de anoche, el Dr. House besa por primera vez a Cuddy, mientras ella llora porque se le pinchó el tema de la adopción de su bebé.

Chango:
¿Qué mirás?
Elena:
House.
Chango:
Uh, contame más o menos así lo miro con vos.
Elena:
Ya termina y aparte esta es la quinta temporada, no vas a entender nada.
Chango:
¿Puedo mirar igual?
Elena:
Dale, te lo dejo prendido, me voy a dormir que estoy muerta. Secá el baño.

Cuando vivíamos juntos mirábamos series hasta las 2 de la mañana, enroscados como garrapatas. Yo le acariciaba la barriga y él me pellizcaba la cola o las tetas, o lo que tuviera más a mano. ¡Eran tiempos felices!

Ahora el Chango me parece una ruina. Gordo, barbudo, con la piel grasosa y la mirada lastimosa de los que saben que las cosas no tienen arreglo pero se mienten a sí mismos para no sentirse tan mal.

Me levanté a servirme un vaso de agua y rogué que estos 10 días pasen rápido.

Chango:
Gracias.
Elena:
De nada. Espero que algún día le devuelvas el favor a alguna otra mujer.

Me cepillé los dientes, me puse un jogging grueso y me metí en la cama. Había cerrado la puerta del cuarto, así que lloré tranquila, calladita, hasta que me quedé dormida.

Cuando me desperté esta mañana, lo primero que pensé fue: “me re equivoqué”.