En la cocina de Maxi, los vasos y tazas están acomodados prolijamente en un mueblecito con puerta de vidrio esmerilado, al igual que los platos cuadrados y los bols. Los repasadores son todos del mismo juego y siempre están colgados de un ganchito en la pared, al lado del horno. Los tapers están apilados con su correspondiente tapa, en un estante destinado a tal fin, junto a otro que exhibe libros de cocina de todo el mundo. No hay nada desprolijo, ni librado al azar.

Ni bien me quedé sola hice lo obvio y empecé a abrir puertitas.

En la alacena de abajo estaban las cacerolas. Todas Essen,ordenadas por tamaño. Luego venían las fuentes de pirex, colocadas una dentro de la otra perfectamente. Todos los objetos estaban separados por el mismo espacio y no había olor a humedad, cosa que me dio un poco de vergüenza porque en casa tengo bichos bolita por todos lados.

Hasta acá todo normal, pero lo jugoso estaba en la alacena de arriba, la que tenía las cosas de despensa.

Los productos no estaban ordenados alfabéticamente como sugirió un lector y yo misma esperaba, pero sí había 2 unidades de cada uno, colocados como en el supermercado, en hileras. Todo era de primerísima marca, y lo que tenía fecha de vencimiento más próxima era lo que estaba más al alcance de la mano. (No es que yo tenga un especial ojo para el detalle, sino que las fechas estaban resaltadas con marcador en cada envase).

Había: dos purés de tomate, dos latas de atún, dos botellas de aceite de oliva extra virgen, dos de aceto balsámico, dos paquetes de fetuccinis italianos, dos bolsitas de café de filtro provenientes del mismo país, dos paquetes de arroz yamaní, dos latitas de té en hebras, dos paquetes de palmeritas y dos de galletitas rellenas con limón, dos frascos de dulce casero, dos paquetes de tostadas de gluten (¡para míii!) y un paquete de yerba (el otro estaba sobre la mesada), y creo que nada más.

No había calditos para saborizar, ni frascos de mayonesa -que tampoco hay en la heladera porque Maxi no usa aderezos-, ni arvejas, ni choclo cremoso para meter adentro de las empanadas, ni jardinera, ni arroz común, ni latas de salsa de tomate ya preparada, ni sopas instantáneas. Del café instantáneo o el té en saquitos marca genérica ni noticias.

Y ya sé que soy una loca de mierda por revisarle las cosas, pero este hombre me está seduciendo terriblemente. Y en mi defensa, en la alacena no hay nunca nada privado.