Elena:
Estoy viviendo con el Chango.
Adrián
¿!¡!?
Elena:
¡Te maté con esaaaaa! No, bueno, es que me pidió un favor.
Adrián:
¿Cómo un favor?
Elena:
Me dijo que el hermano no tenía laburo y que se había ido a vivir a lo de la madre y que ya no había lugar ahí y que no tenía dónde quedarse y yo le dije que bueno, que podía quedarse en casa hasta que encuentre algo.
Adrián:
Pero vos sabés qué es lo que pasa en verdad.
Elena:
Sí, sí, que no sabe qué hacer y… bah, no, en realidad no sé qué quiere. Yo lo ayudé sin preguntar mucho.
Adrián:
¿Pensás que quiere volver con vos?
Elena:
No sé. ¿Tendría que hablar con él?
Adrián:
¿Sobre qué?
Elena:
No sé, preguntarle qué siente o algo.
Adrián:
Y si él te pregunta lo mismo, ¿vos qué le contestás?
Elena:
Que extraño mucho al Chango que vivía conmigo antes y era bueno. Pero ya no es él. Él ahora es otra cosa y yo estoy enamorada del Chango que ya no existe más y me tengo que despedir y no quiero, lo extraño mucho mucho, él me hacía reír, me compraba gomitas y era torpe pero yo lo adoraba.
Adrián:

El Chango murió.
Elena:
Boludo, en serio te digo, respetame, aunque sea porque te estoy pagando.
Adrián:

Es que es eso, hacé tu duelo de una vez. ¿Por qué lo dejaste entrar a tu casa de nuevo?
Elena:
Ya me preguntaste, no sé.
Adrián:
Hacé valer tu dinero y contestá, entonces.
Elena:
Porque quiero ver si el Chango viejo está ahí todavía, antes de que sea demasiado tarde y me enamore de otro.

Adrián:
¿Y él qué hace?
Elena:
La verdad que no hace nada, no sé, ni me lo cruzo, en realidad lo evito.
Adrián:

¿Le estás haciendo un favor a él?
Elena:
Sí…
Adrián:
¿Por qué?
Elena:
Porque lo quiero.
Adrián:
¿Por qué?
Elena:
Porque lo amaba.
Adrián:
¿Y por qué no lo amás más?
Elena:
Porque no estuvo cuando lo necesité y porque no le importó la pareja y porque me engañó con otra chica.
Adrián:
¿Y por qué lo querés?
Elena:
Porque es el hombre de mi vida.
Adrián:

Vos no creés eso, sólo lo decís.
Elena:
Es que a mí me parece que sí. Es como cuando sos pobre y podés ir a comer afuera una vez cada seis meses y te pedís algo horrible. Después ya está, ya pediste. De última te podés comprar un pancho en un kiosco, pero ya está. No te vas a quedar con hambre, pero perdiste la oportunidad de comerte algo especial porque elegiste mal. Te puede pasar.
Adrián:
Y a los seis meses vas a otro lado y te fijás mejor en la carta. Digo, para seguir con tu metáfora tan elevada.
Elena:
Sí, pero ahora hay crisis y ya no se puede ir a comer afuera, qué se yo.
Adrián:

¿Maxi es un pancho del kiosco?
Elena:
No, bueno, él es un plato de otro restaurant, que es muy rico pero…
Adrián:
¿Por qué no te querés volver a enamorar… digo…. cambiar de restaurant?
Elena:
¡Yo no dije eso!
Adrián:
Tengo acá anotado.
Elena:
Mostrame.
Adrián:
No puedo. Pero lo dijiste. Pensalo para la próxima.
Elena:
¡Esperá! ¡Decime cómo siguen las cosas!
Adrián:
Estás muy confundida y como necesitás tocar fondo para hacer cambios, estás generando la situación más difícil posible, para ver si así salís del letargo en el que te hundiste por tus propios miedos. Sólo reaccionás en situaciones extremas, cosa que no estaría mal si no te deprimieras tanto en el medio.

Elena:
¿Entonces tiene sentido lo que hago?
Adrián:
Para vos sí.
Elena:
Excelente.