¿Qué nos resulta atractivo de un hombre? Cada una busca diferentes detalles. A algunas les gustan los músculos, a otras un porte elegante o, por qué no, una alegre barriga cervecera, o quizás un par de ojos expresivos, acompañados de una sonrisa blanca y pareja.

En cuanto a rasgos de carácter, la cosa no es menos variada. Yo, por ejemplo, no puedo estar con un muchacho que no tenga un gran sentido del humor, aunque a muchas esto no les interesa, y en cambio priorizan un fuerte sentido de la responsabilidad, o una inteligencia por encima del promedio, o una marcada
vocación artística.

Pero salvo algunos deslices, todas mis parejas siempre tuvieron muchísimo pelo. Me encanta el pelo oscuro, tupido, con un buen corte, brilloso y sano. Me parece un signo indiscutible de la virilidad más fértil. Un tipo con buen pelo tiene que tener un pito acorde, fornido, simpático, atento.

En mi familia son todos pelados. Onda, todos. Mi viejo, mis abuelos, mis tíos de ambos lados. En realidad, hasta mis amigos son todos pelados.Y digo todo esto sin intentar desmerecer a los pelados, quienes me consta tienen sus propios encantos.

Lo cierto es que el Chango tiene una melena negra, autóctona, que alcanzaría para fabricar media docena de pelucas. Fue lo primero que me gustó de él y lo único que se mantuvo intacto con los años. Millones de cabellos gruesos, uno pegadísimo al otro, conforman una melena nochera que le habrá quitado el sueño a más de una en el barrio del Gran Buenos Aires en el que creció.

Y Maxi es igual. ¡Qué pelo, señores! Cuando le da el viento en la cara, los mechones morenos se mueven con la suavidad con que ondulan los de un modelo de Armani Exchange. Además, tiene el corte más sentador del mundo, un poco largo pero prolijo, con el toque exacto de rebeldía. Es mi James Dean del tercer mundo, me vuelve loca.

¿Hay algo más erotizante que deslizar los dedos por esa mata sedosa mientras una se pierde en un beso profundo? ¡Rrrrroarrrrrr!

Maxi:
Ay, disculpá, no me toques el pelo, ¿sí? Es que se engrasa…