Algunos dicen que en la cotidianeidad de la vida moderna, las parejas perfectas son las que se parecen en todo. Para ellos, compatibilidad es sinónimo de pedir lo mismo en el restaurant, tener sueño a la misma hora y haber votado al mismo candidato.

Estas parejas se caracterizan por tener completamente sincronizados sus relojes internos, y por ende siempre tienen las mismas ideas y los mismos proyectos. Imposible imaginarse un conflicto entre dos personas que están de acuerdo en todo, desde el lugar al que irán de vacaciones hasta qué película verán en el cine o de qué color pintarán las paredes del cuarto. Eso sí: hay que tener en cuenta que son más aburridas que el té con leche.

A mí me parece, en cambio, que las duplas que mejor funcionan son las que se complementan. Si a uno le gusta cocinar y el otro prefiere lavar los platos, por ejemplo, es genial. O si uno adora los tronquitos de la pizza y el otro los odia nunca desperdiciás comida. O si uno no entiende nada de autos y el otro es un pistero sin remedio nunca discutís por quién maneja. Y ni hablar si uno odia a su familia y el otro ama a la suya: es facilísimo decidir dónde pasar las fiestas.

Maxi tiene el auto roto, así que el otro día nos tomamos el colectivo. Yo tenía un poco de miedo, porque nunca antes habíamos tomado el colectivo juntos y yo simplemente ne-ce-si-to el asiento de la ventana. No puedo sentarme del lado del pasillo porque me agarra una especie de claustrofobia que no puedo controlar, a menos que tenga que viajar parada, en cuyo caso me jodo y sufro; pero la cuestión es que detesto el pasillo y deseo con locura la ventana. (Esto en lo que se refiere al bondi, porque en el avión me obsesiona estar del lado del pasillo, para poder ir al baño cuando quiero sin molestar al otro, a menos que sea un vuelo corto; ahí prefiero la ventana para dormir más cómoda.)

¿En qué estaba? Ah, sí, en el colectivo. Cuando estábamos a punto de subir me asaltó la más terrible duda. ¿Y si él quería la ventana? El tiene TOC así que seguro quiere la ventana, pensé. Porque es re obvio que los asientos con ventana son mucho mejores que los sin ventana, porque podés mirar para afuera y dormir y ventilarte. Mierda, se lo voy a tener que dejar porque él está en recuperación y es mejor hacérsela más fácil, en fin, todo sea por darle el gusto a él que es tan lindo.

Maxi:
Che, antes de que subamos te tengo que decir algo.
Elena:
Decime…
Maxi:
Necesito sentarme del lado del pasillo.
Elena:
¿¡En serio!?
Maxi:
Sí, de verdad, para poder bajar más rápido, y más que nada porque la ventana me da un poco de asco, se apoya cualquiera, siempre está empañada con grasa de las cabezas de la gente.
No te molesta, ¿no?
Elena:
¡Besame!

(¿Y vos? ¿Ventana o pasillo?)