Qué fin de semana del demonio. El Chango anduvo dando vueltas por el departamento como un alma el pena, mientras yo intentaba ponerme al día con el laburo, que se sigue apilando como si mi vida consistiera solo en salir y comprarme pilchitas y nunca me sentara en la PC.

El sábado quiso hablar conmigo, le dije que estaba ocupada, agarré la notebook y me fui al bar de la esquina, que tiene wi-fi y hace un tostado que es de otro mundo. A la noche dormí en lo de Mejor Amiga, y el domingo volví a ver si ya se había puesto a acomodar sus cosas.

Ni había empezado, y quisiera decir que me sorprendió que no lo hiciera, pero era más que obvio que no me iba a creer que le había pedido que se fuera en serio.

También me había imaginado un momento de duda, de terror, lágrimas, algún abrazo, pero no, no.

Estoy harta. Es más que evidente que no sé qué mierda estoy haciendo, pero de algo estoy segura: quiero a este tipo lejos. Esto se termina acá.

Chango:
¿Podemos hablar?
Elena:
Qué querés.
Chango:
Te quiero agradecer por todo lo que hiciste por mí.
Elena:
De nada, todo bien, pero igual te tenés que ir.
Chango:
¿No me puedo quedar un tiempo más?
Elena:
No, estoy cansada ya. Quiero volver a mi vida, ya me alcanzó con esto. ¿Para qué te querés quedar?
Chango:
Para estar con vos…
Elena
A ver si nos entendemos. ¡Yo no te quiero más! Y tampoco te odio, ojo, pero definitivamente no te quiero más. No me parecés gracioso, no me parecés encantador ni incorregible, nada. No te quiero más, no sé por qué querés quedarte. Ya es tiempo de que me dejes en paz. Ahora, si vos te querés quedar con el depto, a mí a esta altura me chupa un huevo, quedátelo, yo me voy a lo de cualquiera, lo único que me importa es terminar con todo esto. No tengo ganas de discutir, de verdad. Mañana decime qué decidiste.

Chango:

Hoy a la mañana que me desperté temprano y entré al escritorio. Él todavía dormía, así que lo sacudí un poco.

Elena:
Me tengo que ir a laburar. ¿No laburás vos hoy?
Chango:
Entro tarde, ya me levanto.
Elena:
Bueno, ya tenés todo preparado?
Chango:

Elena:
Bien, perfecto. Me iré yo entonces, pero te aviso que me voy a llevar todos los muebles porque son míos.
Chango:
¿Tanto me odiás?
Elena:
No te odio nada, por eso te podés quedar con la casa. Hacé lo que se te cante el orto, como siempre, pero de mí no esperes más nada. Aunque sabés qué, voy a hacer una última cosa por vos. A la noche te voy a enseñar a planchar, para que Jul no sobrecargue a su mucama con tus camisas. Me voy que llego tarde, forro.
Chango:
Pensé que me habías perdonado lo de Jul.
Elena:
Ah, cierto, al final no.

Agarré una muda de ropa, la cartera y me vine a la ofi, y tendría que estar enojada y puteando por lo bajo, pero estoy tranquila.

Ok, bueno, le dije “forro”, pero me lo merezco, le estoy dejando mi casa.