Hacía mucho que no veía a Maxi. Estaba impecable, como siempre. Ahora que empezó el calorcito, cambió los jeans oscuros por unos más gastados, las converse por unas pony celestes y la polera por una chomba Penguin. O sea, tenía, mínimo, una luca en ropa encima.

Lo que me gusta de Maxi es que, a pesar de que la mujer lo cagó con un amigo, tiene una madre que está demente y un TOC que después de años de tratamiento le sigue dando algunos problemas, le pone onda a todo. Está en ese lugar al que van los que “ya la pasaron” y quieren hacerle las cosas más fáciles a los demás, simplemente porque pueden.

Hasta ahora, siempre estuvo cuando lo necesité, me cuida, me mima todo el tiempo y es lindo. Cuando estoy con él estoy tranquila, amén de que tengo que usar posavasos, separar las capas del pastel de papas y aderezarme la ensalada en el plato porque él la come sin nada. Y eso no es poco, aunque no tenga gran peso dramático en una anécdota o se parezca más a una apacible meseta que a una montaña rusa de emociones desopilantes.

Cuando me pasó a buscar, yo estaba en medio de un ataque de llanto, poniendo mis revistas Fierro en una caja y embolsando los pantalones que ya no me entran ni me entrarán jamás, muerta de pánico y haciendo sumas y restas desesperadas en el aire. Qué caro es mudarse, la puta madre, y encima no te agarran garantía de provincia casi nunca.

Me subí al auto con todo el maquillaje corrido y agüita corriéndome por la nariz, y le conté todo, prácticamente sin respirar y sin darle tiempo de que arranque. Él paró la marcha y me alcanzó una caja de pañuelitos de papel que tenía en la guantera.

Maxi:
Ya está. Te metiste vos solita en este bardo y ahora tenés que salir, pero va a estar todo bien. cuando yo me
separé le dejé el departamento a mi ex, los muebles, todo, y tuve que empezar de nuevo… y le pedí guita a mi mamá. Una pesadilla, pero bueno, después todo se fue acomodando, no es tan grave.

Elena:
Todos dicen que no tengo que dejar mi casa.
Maxi:
Vos hacé lo que te parezca. Ya sabés que podés venir a quedarte conmigo, pero no sé si te conviene. Quizás lo que necesitás es estar sola, pero me parece que es un buen momento para que te dejes cuidar, ya te pasó de todo. Igual… no sé si te vas a poder adaptar.

Elena:
¿Por?
Maxi:
¿Viste lo de los posavasos? Multiplicalo por mil, te tendría que hacer un manual de procedimientos…
Elena:
Si me adapté a ser mucama me puedo adaptar a vos, pero no sé, ¿vos pensás que es una buena idea?
Maxi:
¿Porque nos conocemos hace poco? Todo bien, de última, vamos viendo sobre la marcha. No nos vamos a morir por vivir juntos un tiempo. A mí me hubiera encantado tener a alguien que me ayudara cuando me tuve que ir de mi casa. Aprovechá que hay gente que te quiere. Te venís a casa, descansás, y de última, si estás incómoda vemos qué hacemos.

Elena:
¿Y la gata?
Maxi:
Hmmm… Si pasás la aspiradora todos los días no tengo problema.
Elena:
No sé qué decir… ¿Por qué me ayudás siempre?
Maxi:
No digas que es una boludez, pero vos sos la única mujer que no me pidió que cambie a la semana de conocerme. Y te reís con mis cosas, está bueno eso. Yo también me quiero relajar, será eso.

Elena:
Lo consulto con una persona capacitada y te contesto, ¿sí? No quiero mandarme más cagadas. Gracias… de verdad, sos un amor.
Maxi:
Hablalo con Adrián, por las dudas.

Elena:
…claro…justo…

El fin de semana ayudé a Mejor Amiga a pintar su casa. Cuando llego al punto en que ya no puedo pensar más, para mí no hay nada mejor que abocarse a una tarea manual rústica que nos obligue a poner la mente en blanco y concentrarnos en que nuestro cuerpo realice con eficiencia lo que le hemos encomendado.

Mientras le daba a full al rodillo (debe hacerse en varias direcciones, para evitar vetas en la pared), aproveché para psicoanalizarme gratuitamente:

Elena:
…y me quiero ir a la mierda de mi casa, me harté, te juro que no doy más.
Mejor Amiga:
No cargues tanto el rodillo que salpica. Ni da que te vayas de tu propia casa, ya sabés lo que pienso, rajalo a la mierda.
Elena:
Pero ya me agoté, boluda, y no lo puedo dejar en la calle porque me parece que es un inútil… ¡mirá si le pasa algo!
M.A:
¿Me estás jodiendo? A ese tipo se le tiene que engangrenar el pene y después caérsele. Igual vos sos incapaz de hacer un mal, asíque si querés venite unos días acá. El único problema es la gata.
Elena:
Uh, tenés razón, Mora y Benito no se van a llevar bien, pero no la puedo dejar con el Chango, la va a dejar morir de hambre o se le va a sentar encima…
M.A:
¿No tenés con quien dejarla?
Elena:
No… pero… tengo otra opción.
M.A:
No te creo. Ese pibe ni en pedo te deja ir con la gata y llenarle la casa de pelos.
Elena:

¿Cómo sabías que te iba a contar eso?
M.A:
Porque sos uy obvia. Te digo lo que vas a hacer.
Elena:
Por favor.
M.A:

Te vas a quedar esta semana acá, pero vas a ir todos los días a chequear que el orangután no se haya comido a Morita con limón, y después de hablarlo en terapia, vemos si podés irte a vivir con otro tipo tan pronto. Porque en realidad, si lo pensamos, te conviene… por la guita y por ahorrarte el viaje a capital todos los días.

Elena:
Sep… y además él siempre pone sábanas limpias, es una tentación. ¡Sería como vivir en un hotel! Y mientras me busco algo, porque no quiero volver a mi casa, no quiero nada que tenga que ver con el Chango.

M.A:
Che, sos re madura…
Elena:
¡Gracias!