Ni bien entramos me sentí en casa.

El departamento era minúsculo y no podía imaginarme cómo podría meter mis cosas ahí adentro. Tengo ropa, libros, ropa, discos, ropa, toallones y sábanas, ropa… No tiene dormitorio, pero tiene un hogar que funciona. No tiene placares pero tiene patio, que está revestido en chillones azulejos color salmón. Es antiguo, de techos altos y pisos de madera, y da a un patio interno compartido lleno de verde.

Fue amor a primera vista.

Elena:
Te explico. En este lugar, por ejemplo, no hay espacio para guardar cosas, ni tiene dormitorio, por lo que tenés que poner muy pocos muebles, pero eso va en gustos. Pero fijate: las cañerías están bien, hay buena presión de agua, no tiene humedad, no es ruidoso, es aceptablemente luminoso, tiene bañadera, y hay lugar para el lavarropas. Pero no tiene placares, cosa que es un gran, gran punto en contra, ¿entendés?
Chango:
Sí pero… es “vos”. Este lugar es “Elena”.
Elena:
Ay, ya sé, ¡lo quiero!
Chango:
No te entra nada.
Elena:
Quedate con lo que no entre acá, te lo regalo todo.
Chango:
Gracias. Estoy triste, igual.
Elena:
Yo también. Pero también estoy feliz.
Chango:
Ya sé.
Elena:
Estoy como conmovida, es un paso muy grande.
Chango:
Entiendo. Igual, no te quiero tirar abajo tu probable nueva casa, pero ¿viste el bidet? ¡Es re incómodo! ¡De los que supuestamente tienen la curvita para el culo pero es mentira! ¡Ningún culo se puede apoyar ahí cómodamente!
Elena:
Es un pequeño precio que estoy dispuesta a pagar. Además, la expensa es bajísima.
Chango:
Es por el bidet, sabelo.