(Antes que nada, otra mina señó el departamento antes que yo así que me quedé sin casa en capital por ahora, pero seguiré buscando.)

Cuando una historia se termina, es un alivio. Debe pasar muchísimo tiempo, años incluso, para que podamos decir que algo definitivamente se terminó, y que nuestro ex es simplemente un conocido.

Mientras tanto, pasamos por todas las etapas del duelo (enojo, negación, negociación, depresión y
aceptación, creo), hasta que un buen día… ya está. Somos libres.

También están las relaciones cuyo final es una agonía larga, emocional, llena de llantos, gritos,
insultos, depresiones feroces, sexo, llamadas telefónicas hasta la madrugada, reproches, falsos
alejamientos y un sinfín de vaivenes que se van espaciando hasta que finalmente nos desprendemos del
sorete para siempre.

Para saber manejarse, simplemente hay que conocer qué tipo de ruptura estamos experimentando y lidiar
con ella hasta el fin.

Pero… ¿Qué pasa cuando un buen día se te aparece un muerto que pensabas que estaba enterradísimo?

¿Cómo hay que reaccionar?

Maxi:
Te tengo que contar algo…
Elena:
¿Qué pasó?
Maxi:
Me llamó mi ex hoy, yo estaba en la calle.

Elena:
¿Tu ex la que te cagó con un amigo tuyo u otra ex?
Maxi:
Mi ex la que me cagó con mi amigo.
Elena:
¿Y qué quería? ¿Pedirte algo?
Maxi:
No… no sé, peor, quería saber cómo estaba.
Elena:
¿Para qué?
Maxi:
¡Y qué se yo!
Elena:
¿Y vos qué le dijiste?
Maxi:
Le dije que estaba muy bien y le pregunté si había pasado algo que me estaba llamando.

Elena:
No entiendo cómo la gente cree que tiene derecho de llamarte. Cuando te hacen un mal, pierden todo derecho de lavar sus culpas haciéndose los que les importás. Qué gran falta de respeto… bueh, perdón, ¿entonces? ¿Qué más te dijo?
Maxi:
Nada, eso, que quería saber cómo estaba y si nos podíamos ver “para hablar bien”.
Elena:
No entiendo nada. ¿Qué tienen que hablar?
Maxi:
¡Y qué sé yo! Igual le dije que no sabía bien qué quería hablar, que me llamara en la semana porque estoy medio ocupado, no supe qué decirle.
Elena:
Bueno, yo no soy el mejor ejemplo, pero le tendrías que haber dicho que le agradecés su preocupación
pero que ella no está en una posición en la que pueda preguntarte nada de tu vida, o algo así. Qué
caradura. No entiendo a esa gente. ¿¡No les importaba antes y se hacen los que les importa ahora!?
¿Qué papel juegan sus terapeutas?! Sabés qué, boludo, el mogólico con el que anda se debe haber mandado una cagada y la mina ahora te extraña porque vos sos buen tipo. Son todas putas, todas.

Maxi:
Tranquila, tranquila. ¡Cómo te ponés!
Elena:
Es que el Chango me hace eso y yo siempre creo que le importa pero es mentira, le importa él, le
importa no sentirse culpable él. Haceme caso, no le des bola. Entiendo que te den ganas de verla
porque uno es masoquista y boludo y además cuesta mucho recuperarse de una ruptura, pero después te vas a sentir peor, en serio.

Maxi:
Vos sos de esas que nunca escuchan sus propios consejos, ¿no?

Elena:
Claro.
Maxi:
Igual tendría que verla, demostrarle que estoy re bien sin ella.
Elena:
Ni en pedo. Dejala que haga lo que quiera, no le des el gusto de verte. Ella no tiene DERECHO a
verte. Bah, eso me parece a mí.
Maxi:
¡Pero quiero que me vea bien, que vea que tengo el TOC mucho más controlado, que estoy con una chica que me hace bien…!
Elena:
Mi consejo es que no te expongas a una situación que te puede hacer mal, pero vos hacé lo que
quieras.
Maxi:
¿Y por qué no escuchas tus propios consejos?
Elena:
Porque soy pelotuda.