El año pasado pasé el día de la madre con Estela y su prole de micos masticadores. Hacía calor, los nenes más chiquitos corrían mientras comían chizitos, se atragantaban y los escupían sobre el regazo de los mayores, mientras yo me ahogaba en sidra (sí, sidra) para que la tarde pasara más rápido. Los temas de conversación no se alejaban demasiado de Tinelli, Susana, la hija de la Silvia que estaba embarazada, el nieto de la Norma que estaba preso, y la vecina, que le robaba los limones del patio a Estela. En su momento sentí que no merecía esa tortura y que mi familia política era una desgracia que debía tolerar para estar con mi príncipe Chango; pero ahora, a la distancia, recuerdo el grotesco de la situación y sonrío. Después de todo, era una fiesta barrial y popular, honesta y sin pretensiones.

No pude con mi genio, así que le dejé al Chango una bolsita con un body splash de melón para Estela. No me pregunten por qué, pero a la gente rústica, como Estela, le encanta cualquier cosa que tenga olor a melón o uva bien fuerte. Me parece que la regla es: cuanto más parecido sea el aroma al de un chicle globo, más gustará.

El Chango me agradeció, ya que, por supuesto, no había comprado nada porque a) no tenía plata y b) se olvidó que era el día de la madre.

Con ese temita solucionado, me dispuse a contener a mi ehm… “chico”, que se preparaba para un domingo difícil.

Maxi:

Si me acompañás a lo de mamá podés apoyar las zapatillas en la mesita del living toda la semana.

Elena:
Apa, veo que es un tema que te genera muchísimos conflictos… Te acompaño pero porque te quiero.

Maxi:
¿Sin pedir nada a cambio?
Elena:
Dejame quedarme un par de semanas más, que acá está todo re limpio, y estamos a mano.

Maxi:
Perfecto. ¿Querés saber qué le compré?
Elena:
Por supuesto.
Maxi:
Un colgante de Svarovsky y un CD de Valeria Lynch
Elena:
?!
Maxi:
Mamá es una mujer muy ecléctica.

El stress de los últimos meses me hizo engordar unos kilos, así que no ando con la autoestima muy alta como para vestirme demasiado chic e impresionar a Chiche. Me puse un pantalón negro de esos que disimulan los excesos pre-primavera, una remera gris flojita con unos volados que distraen la atención de la panza. Me hice un rodete con todo el pelo para atrás y me pinté un poco para que no se vean los granos que me dejó el último ciclo menstrual.

Maxi, por su parte, era un manojo de nervios. Quiero creer que era por Chiche y no por haber visto a la ex, que, por otra parte, no volvió a nombrar, cosa que me hace  sospechar que a) aún la ama y desea volver con ella; o b) se la cogió y no me quiere contar. cualquiera sea el caso, no tengo derecho a queja porque tengo al orangután usurpándome la casa todavía.

En fin, bueno, llegamos a lo de Chiche, que tenía puesto un trajecito rosa, zapatitos al tono y un collar de perlitas.

Chiche:

¡Tesoro! ¡Llegaste a horario! Ah… ¿la trajiste a esta?… hola, querida.
Elena (abrazando a Chiche, falsa):
¡Liliana! ¡Qué lindo verla! ¡Feliz día!
Chiche (soltándome):
Pasá, nene, que tengo cosas que contarte.

Nos sentamos a la mesa. Por supuesto, no había nadie porque al parecer a Chiche la odia toda su familia. Éramos nosotros tres y la “muchacha”, que se llama Florencia y tiene una cara de sufrida que me hace querer abrazarla y sacarla corriendo de esa casa.

De nuevo, Florencia trajo los platos servidos de la cocina. Esta vez eran pastas.

Chiche:
Escuchame, nene, disculpame que me meta, pero recién me llamó Laurita, me dijo que ustedes habían vuelto y ahora me traés a la gordita… ¿no te parece que me tendrías que explicar? Te dije que esa chica no me gusta para vos, y además no entiendo nada, ¿qué hace la gordita acá?
Elena:
?!
Maxi:
¿De qué hablás, mamá?
Elena:
¡Decile a tu mamá que no me diga más gordita!!
Chiche:
Explicame qué pasa acá, ¿esta chica es tu novia?
Maxi:
¿Laura te dijo que habíamos vuelto?
Chiche:
No, no, bueno, me  dijo que están volviendo, de a poco, por eso me resultó raro que trajeras a Elenita. Elenita, ¿no? ¿Vos sos la novia del nene?

Elena:
Elena, sí, no sé si soy la novia. (?!??!)
Maxi:
No te puedo creer… No solo no volví con Laura, sino que le dije que no quiero que me hable más. Está loca, no tenés que hablar más con ella, mamá, por favorrrrr, ¿qué hacés contestándole el teléfono?

Elena:
Maxi…no pasa nada, no le des bola, son cosas que pasan.
Chiche (en susurro de mentira):
Mirá, tesoro, no me quiero meter, pero me parece que antes que Laurita es mejor la gordita que por lo menos es simpática.

Elena:
Liliana, no me diga más gordita.

Chiche:
Bueno, rellenita.
Maxi:

Elena:
Bomboncito, ¿no pensás decir nada?
Maxi:
Me siento mal, me quiero ir, me siento mal. Los ravioles están todos mezclados, la salsa tiene la cebolla muy gruesa, estoy muy nervioso. Elen, me quiero ir.

Elena:
…pero mirá que los ravioles están buenísimos, eh… ¿Seguro no los querés ni probar? ¡Mirá qué buenos!
Maxi:
No, no, mezclados no, la voy a matar a Laura, qué desubicada.

Chiche:
Es que Maxi no sabe elegir mujeres…
Elena:
Sidra no hay ¿no?

Si el año pasado fue una reunión costumbrista lo de ayer fue… no sé… ¡No sé con qué me quedo!

Eso sí: NO ES NO, LAURA. Si andás solterita te puedo presentar a un muchacho divino que justo quedó soltero también, es un poco bruto pero de buen corazón. Bah, tampoco pero tiene mucho pelo, como Maxi.