(Buen día, Romi, Andre, Lilu, Ian).

Los largos días de búsquedas y los exhorbitantes gastos en fotocopias (¡¿30 centavos una copia?!), finalmente logré alquilar un cuchitril.

Tiene lugar para el lavarropas, es bien luminoso y el baño tiene azulejos con florcitas. Las ventanas de la
cocina están decoradas con unos pedazos de contact que simulan ser coquetos vitraux.

Para mí, es un hogar digno de una princesa, que por fin cumplirá su sueño de no viajar dos horas al trabajo
todos los días. Incluso planeo poner cortinitas de gasa color rosada y algunos móviles con estrellas, estilo mil y una noches.

No puedo imaginar que alguien pueda no adorar este lugar. Pero no se puede conformar a todo el mundo.

Maxi:
No podés mudarte de ninguna manera ahí.
Elena:
¿Por qué?
Maxi:

¡Porque el placard está en la cocina!
Elena:
¿Y? Me cambio mientras me hago el café con leche, es ideal.
Maxi:
Y te ponés ropa con olor a bife, es un asco, después te van a perseguir los perros por la calle.
Elena:
No, porque en Barrio Norte los perros son chiquititos y tienen correa y las viejas no los dejan correr.
Maxi:
Me parece una locura, me pone nevioso. ¡A quién se le ocurre poner un placard en la cocina! ¡NO VA en la
cocina! ¡No corresponde!

Elena:
Bueeeeeno, te prometo que te pongo una cajonerita en en living para que dejes tus medias, ¿dale? ¿Me dejás
mudarme ahí?
Maxi:
Ok. Pero ya me vas a dar la razón cuando tengas olor a fonda.
Elena:
¡Trágico!

Y tampoco importa, porque la que tiene que estar conforme soy yo, y yo estoy feliiiiiiizzzzz.

Ahora, tengo dos preguntas: ¿Cómo ubico una cama doble, un sillon, una mesa con sillas y un mueble con la tele en un monoambiente? ¿Tengo que decirle al Chango dónde me mudo, darle un teléfono de contacto, etc.?