Después de haberle pedido a mi madre que por favor no dijera nada ni me hiciera pasar papelones, fuimos a la inmobiliaria a firmar el contrato, disfrutando de la lluvia torrencial que nos hacía mierda el pelo y los zapatos.

Allí nos esperaban el señor encargado del trámite y Esther.

Esther es, claro, la dueña del departamento. Se trata de una señora de cincuenta, bronceada, con mechitas en tonos cobrizo y el pelo eternamente planchado de peluquería, petisa y rechoncha pero cargada de joyas. Su estilo de vestir es muy Adriana Constantini, cosa que es una pena porque todos sabemos que los jeans con lentejuelas de Adriana Constantini los compramos en el coreano del barrio por $60. En fin, cacatúa con dinero.

Y cara de culo, obvio. Mal.

No quiso saludarnos ni darnos la mano.

Esther (al señor):
¿Pediste ver el original de este recibo de sueldo? Este recibo es trucho, esta empresa quién la conoce, yo quiero ver el original.
Elena:
Justo acá lo tengo… si le parece podemos llamar a la empresa ahora, no hay problema.
Esther:
A ver si nos entendemos: ustedes tienen garantía de provincia, yo ni siquiera puedo constatar que existe la propiedad, no sé ni qué es, ni dónde queda, y encima me venís con un recibo trucho.
Señor de la inmobiliaria:
Esther, esta chica presentó tres garantías, están chequeadas, y también nos trajo copias de su talonario de facturas.

Elena:
Sí, porque tengo varios trabajos…
Esther:
Así que encima monotributista. ¿Qué categoría?
Elena:
B
Esther:
Ah, una de las más bajitas… qué bueno que ahora les suben, ¡porque esta gente sigue usando la plata de nuestros impuestos y nunca paga!
Señor de la inmobiliaria:
¡Ahora van a tener que empezar a pagar por lo que usan!
Mi mamá:

(1,2,3,4,5..)
Esther:
Así que sos de Quilmes, mirá vos, yo tenía una asistente que era de Quilmes, se venía todos los días a trabajar, igual pffff después se embarazó así que le tuv que alquilar un departamentito que tengo por acá y le cambió la vida, ¡hasta consiguió marido!
Todos:
… je… jeje.
Esther:
Escuchame bien: no podés hacer NADA en el departamento. Yo te lo estoy dando impecable, recién pintado, y lo tenés que entregar como te lo dí. ¿Vos podés pagar este alquiler?
Elena:
Sí, no te preocupes.
Mi mamá:
(6,7,8,9,10,11…)
Esther:
Y vos ¿certificaste las firmas, a ver si esta gente es quien dice ser?
Señor de la inmobiliaria:
Esther, trajeron el DNI…
Esther:
Bueno, acá tienen la factura de AySA
Elena:
Pero… ¿no está incluida en el precio del alquiler? Está en el contrato...
Esther:

12 pesos chiquita, son 12 pesos.
Señor:
Bueno, ¿quién la paga?
Mi vieja:
(255, 256, 257, 258…)
Esther:
Pfff damelá, damelá, por favor, por 12 pesos…
Mi vieja:
¿Podemos firmar?

Finalmente, después de horas de leer y releer el  contrato y jurarle que los papeles no eran truchos, firmamos salimos de la inmobiliaria (corriendo) con mi vieja.

Mi vieja:
Dios mío, pellizcame, esa mujer es un monstruo.
Elena:
¡Te dije! Pero te portaste muy bien.
Mi vieja:
No me quise rebajar a su nivel porque es una vieja gorda y fulera.

El viernes me mudo.