En todo vínculo amoroso, llega un momento en el que se produce un “click”. Hay un instante en el que
comprendemos con certeza cuál será el futuro de lo que hemos iniciado hace unos meses con dudas y entusiasmo.

Indefectiblemente, te das cuenta de si lo que tenés con alguien va a avanzar hacia el próximo nivel o naufragará en el limbo de las relaciones que no nacieron nunca. Después del “click”, ya no quedan dudas.

Maxi:
Ah… no te instalaste todavía…
Elena:
Sí que me instalé, ¿no ves que está todo? Falta que me  pongan internet nada más, pero el resto está todo.
Maxi:
…no, pero mejor vengo otro día, cuando hayas vaciado las cajas.
Elena:
Pero no seas tonto, ¡pasá!
Maxi:

Yo te dije que me ponen nervioso las cajas, ¿no?
Elena:
No sabía, pero me hacés acordar a un compañero de trabajo que tenía en el Estado, que no comía nada embolsado, decía que “no le gustaban las bolsas”…
Maxi:
A mí no me gusta cuando quedan las bolsas al sol. El material es poroso pero además recalienta toda la comida, le entra de todo, debe ser por eso que no le gustan.
Elena:
Entiendo… ¿Vas a pasar?
Maxi:
¿El baño cómo está?
Elena:
Impecable, pero tenés que desagotar con un balde.
Maxi:
… no puedo. ¿Vamos a tomar un café, mejor?
Elena:
Bueno, dale, de paso aprovecho y me traigo sobrecitos de edulcorante, que no lo encuentro por ningún lado.

Con Maxi recorrimos todo Barrio Norte en busca de un bar que cumpliera con los estándares de limpieza que él considera mínimos, y finalmente nos decidimos por un Café Martínez chiquito que está sobre Anchorena. La moza de ahí es maleducada, pero a Maxi no le importa, mientras esté todo prolijito.

Elena:
Contame cómo estás con lo de Laura, no dijiste más nada pero estás cada vez con peor TOC.
Maxi:
Es que me llama a la noche, no sé qué quiere, me quiere hablar, me manda mails contándome qué es de su vida y eso.
Elena:
Qué extraño… ¿y vos qué hacés?
Maxi:
Nada, la escucho, leo lo que me manda y le contesto  cortito.
Elena:

Maxi:
Es que sabés qué es lo que pasa, Laura era supuestamente la mujer con la que yo tenía que estar, yo con ella
bajaba la persiana, ¿a vos no te pasaba eso con el Chango?
Elena:
Más o menos. Yo siempre me imaginé que a la larga íbamos a fracasar, pero en cierta forma sí, pensaba que él era mi gran amor, así que te entiendo. Pero bueno, a veces las cosas no salen como uno imaginaba. Tampoco es la muerte de nadie. ¿Vos no estás mejor ahora? Yo estoy mil veces mejor.
Maxi:

Y, sí, pero a veces pienso que ahora que estoy mejor, quizás podríamos volver a intentar y ella ahora estaría
más cómoda. Pasa que ella no me pudo esperar a que yo esté bien, es lógico.

Elena:
Malísimo que pienses así, me da pena. Cuando la gente no está cuando la necesitás, la tenés que borrar de tu vida. Distinto es si vos la seguís queriendo.
Maxi:
¿Y cómo voy a saber eso?
Elena:
Para mí es fácil, o la querés o no la querés. Pero tiene que ser por quién es ella ahora, no por quién era cuando te enamoraste por primera vez. Si la seguís eligiendo es que la querés, pero tenés que pensar en el ahora, no en que querés que “todo sea como antes”. Antes no existe más.
Maxi:
… No sé, me confunde. Yo quiero estar con vos, nos llevamos bien, no discutimos, somos comprensivos. ¿A vos no te hace mal todo esto?
Elena:
No… es que sabés qué… me parece que nosotros somos mejores como amigos que como chongo y chonga.
Maxi:
Bueno, eso depende del tipo de pareja que busques. Si buscás un compañero, para mí vamos bárbaro. Ahora, si lo que querés es una onda Romeo y Julieta o Alma y Leo puede ser que no tengamos mucho que ver… pero depende de cómo lo mires.

Elena:
Es cierto eso… pero yo te quiero mucho. Si nos hubiéramos enamorado, ni yo estaría recibiendo mensajes
del imbécil del Chango, ni vos estarías acá contándome sobre Laura. Estaríamos los dos desembalando tazas y pasando el trapo de piso. ¿No querés que por ahora seamos amigos?

Maxi:
La verdad que sí, porque sos una gran amiga.
Elena:
Y vos sos un gran amigo. Y muy buenmozo.
Maxi:

Vamos que te ayudo con las cajas, de última me tomo medio rivo.
Elen:
Ok, pero al baño andá ahora, que el balde no lo vas a soportar.

En mi caso, el “click” pareció coincidir con el cambio de aire. Ahora, además de casa nueva, tengo amigo nuevo. Y todos sabemos que los tipos van y vienen, pero los amigos son para siempre. Me parece que salí ganando, ¿no?