Cada tanto aparece uno que cumple con todo.

Es bueno, limpio, simpático, te escucha cuando hablás, te hace sentir segura y tranquila, no piensa que estás excedida de peso, sino que “tenés todo lo que tiene que tener una mujer”, te cuida y te presta atención.

Después de una relación tormentosa llena de crisis y desencantos, en general viene uno de estos, que en mi caso fue Maxi, aunque eso terminó bien porque ahora somos amigos. ¿Qué hacen? Bueno, básicamente te devuelven la fe en los hombres. A su lado volvés a  creer en el amor, te divertís, desaparecen muchos de tus miedos y traumas que te inculcó el sorete con el que estuviste antes

Lo que yo quiero saber, gente, es ¿por qué demonios no nos podemos enamorar de estos pibes y nos vamos atrás de cualquier pelotudo?

Por ejemplo, el otro día salí con un muchacho que conocí en el una red social y morí por él instantáneamente. Era un croto peludo, rata, en ojotas (sí, sí), no se rió de mis chistes ni me dijo, siquiera, que tengo lindos ojos (ay, aunque los de él eran bellísimos). No me acompañó a casa, ni volvió a llamarme después de ese día. Toda la velada duró menos de dos horas, en las que se dedicó a hablar de él.

A todo esto: ¿Qué quería yo, francamente? Irme al telo.

Antes de las 23 horas ya me estaba sacando los zapatos, sola. Cerré la puerta de mi departamento y la gata se me tiró encima para que le limpie las cacas. Mientras iba poniendo las bolitas en una bolsa con la palita, me agarró una bronca tremenda. ¡Cómo me podía haber gustado un gomardo así!

¿Quieren saber qué dijo Adrián?

Adrián:

Es muy fácil. Si tenés baja autoestima, pensás que no merecés ser feliz o que no podés aspirar a un hombre que cumpla con todas tus expectativas, entonces ante la posibilidad de que este hombre exista, desconfiás y te vas. Es un tema tuyo, el tipo no tiene nada que ver. Es más fácil enamorarse de un hombre que te trate como vos te tratás a vos misma.