El otro día un amigo me decía que no entiende cómo funciona el tema del amor no correspondido. Sostiene que si una mina no te da bola, en un momento decís “ok, listo” y buscás otra, porque no tiene sentido estar sufriendo y sufriendo por alguien que a quien no le interesás. (¡Qué fácil eeeeeeh!)

Pero no todos están tan psicoanalizados como mi amigo, parece.

El lunes estaba haciendo tiempo en una heladería con wi-fi antes de ir a una reunión, cuando entró un gordito simpaticón cachetoncito, de bermudas beige, gorrita, remera marrón con batik (onda esas que dicen “Patagonia Argentina”) y zapatillas deportivas.

Se acercó a la chica de los helados, un poco nervioso y visiblemente incómodo.

Gordito:

Disculpá… yo te hice un pedido de un cuarto de helado hoy para *********…y quería saber si había llegado… porque no era para mí…
Chica:
Sí, ya mandamos todos los pedidos, ¿a qué hora lo pediste?
Gordito:
Y… a las cuatro… quería saber si llegó.
Chica:
Sí, quedate tranquilo que lo enviamos y llegó perfecto.
Gordito:
Ah… no, porque  como… no me agradecieron ni nada… quería saber si había llegado… bueno… gracias eh, disculpá, hasta luego.

Y el gordito se fue, triste y cabizbajo, seguramente preguntándose por qué la destinataria no lo quiere, si él es bueno.

Me dieron ganas de abrazarlo.