Muleta

26 Dic 2008 En: El mío, Reflexiones y confesiones

Cuando era soltera me tenía que arreglar sola para todo. Y eso estaba muy bien, porque soy una persona independiente.

Nunca necesité ayuda para hacer las compras o cocinar, ni para pagar cuentas, ni para hacer mi carrera universitaria. Tampoco tuve problemas para acostumbrarme a mi nueva casa cuando me fui a vivir sola, ni me costó entender que muchas veces la realidad nos pasa por arriba como un tractor pampeano y hay que intentar salir adelante con paciencia.

Pero el 24 a la noche agradecí la compañía del Chango.

Eran más de 30 personas en la casa de la familia del novio de mi madre. Niños por doquier corrían y prendían pirotecnia. Un tío tomó una bolsa de cohetes mientras sostenía un cigarrillo prendido en la misma mano y tuve miedo. El Chango me consoló: “No va a pasar nada. Vení, corrámonos un poco”, mientras yo me imaginaba a los infantes desmembrados desangrándose en la pantalla de TN.

Una señora muy mayor pidió a gritos que la devolvieran al geriátrico, asustada por el estruendo. Alguien se disfrazó de Papá Noel y los chicos descubrieron quién era. Papá Noel se deprimió porque los chicos crecen. Comimos demasiado y yo me acordé del peso que llevo ganado y decidí que debo solicitar una consulta con un cirujano plástico.

Los gritos seguían y no se podía distinguir quién decía qué. Sólo nos aturdíamos con el barullo interminable y el ruido de los cubiertos que manipulaba esa cantidad enorme de personas, que por otra parte eran encantadoramente navideñas-eufóricas.

Un señor, presumo que ebrio, armó quilombo porque no quería más cañitas. Le contestaron a los gritos, que “no arruinara la fiesta con su carácter de mierda“. Un nene lloró y los demás siguieron petardeando.

Mi mamá me tiró sobre el vestido agua caliente con helado (del bol el que se pone la cuchara para servir). El Chango me ayudó a limpiarme y me dijo que me tranquilizara, que ya casi había pasado todo y que pronto nos iríamos a casa.

Pero era mentira. Aún nos quedaba pasar por lo de mi tío, donde mi abuela aguardaba pacientemente para decirme que cuando era chiquita era una maleducada, que debería hacer algo con mi pelo, que mi ropa era demasiado escotada. Yo empecé a vociferar que bastante bien me portaba en mi infancia teniendo en cuenta la familia de soretes que tenía y pensaba darle unos cuantos ejemplos, pero el Chango me acarició el brazo y me susurró “Dentro de media hora estamos haciendo pingui pingui en la camita, no te pongas tensa, bebé“. Rematé con un chiste inofensivo. Comí pasitas bañadas en chocolate, saludamos y nos retiramos.

Elena:
Dios, menos mal que ya pasó esta noche ¡qué locos están todos! ¿Viste el viejo que tuvo el pico de presión? Lo ví comerse un mantecol entero él solo y bajarlo con un champán.
Chango:
No sé, no vi nada, yo te miraba las tetas.

No llegamos a hacer pingui pingui porque las panzas repletas de grasas e hidratos no nos lo permitieron, pero nos dimos besos, el Chango me hizo masajes en la espalda y yo me dormí satisfecha por haber sobrevivido a la nochebuena y contenta porque puedo apoyarme en alguien cuando me hace falta.  Esa es mi conquista personal de 2008.

El detalle es que a cambio, al día siguiente tuve que ir a lo de mi suegra.

Baldazo festivo

24 Dic 2008 En: El mío

Como cuando vas a la peluquería y te dejan el pelo divino pero al otro día cuando te lo lavás te das cuenta de que el corte es una porquería y que sin 45 minutos de brushing tenés una nutria muerta en la cabeza, el espíritu navideño abandonó hoy mi cuerpo.

No sólo porque engordé como 4 kilos antes de nochebuena y soy una piñata, sino porque recién, limpiando la casa, encontré el recibo de mi hermoso arbolito rosa.

La jodita le costó al Chango $427,72, adornos incluidos.

Supongo que debería estar contenta de que no reparó en gastos para darme una navidad soñada, pero…

$427,72.

Empiezo a sospechar que vivo con un hombre que, o me ama muchísimo o toma pintura. Por suerte no sé cuánto salió el reno de la puerta.

La alegría de este día

22 Dic 2008 En: El mío

Cuando uno empieza una relación hay muchas cosas que no tiene en cuenta. Y no me refiero a si a uno le gusta comer bife a la plancha y el otro es fan de los hornitos con aceites esenciales; ni si a uno le gusta levantarse temprano el domingo y el otro prefiere dormir hasta las tres.Tampoco a si uno es adepto del mañanero y otro del siestero, y mucho menos.

Llega diciembre, y con él el clima festivo. Calor, clericó, ensalada waldorf, capitalismo, gastos desmedidos, excesos, transpiración, discusiones familiares, alcoholismo, saludos hipócritas, oportunismo comercial y subas de precios, estrés.

Algunos de nosotros lo llevamos peor que otros. Los astros colisionan, y no precisamente al estilo comedia romántica, cuando se juntan un navideño con un odiafiestas o grinch.

El navideño adora las fiestas de fin de año. Llena la alacena de turrones importados, hace 30 km con el auto hasta su panadería de la infancia para comprar un pan dulce especial que come desde que tenía diez, arma el arbolito con la alegría de quien acaba de ganar un millón de dólares en un concurso y también pone el pesebre, planifica cada regalo y comenta todo el tiempo, con quien tenga al lado, cosas como “¡Qué linda esta época!” o “Es un momento para compartir con la familia”. Quiere pasarla con todos, va a todas las reuniones a las que lo invitan y manda por e-mail una tarjeta de fin de año con el Papá Noel más cocacolero que pueda encontrar y las palabras “próspero”, “felicidad” o “augurios”.

El grinch, en cambio, teje las estrategias más elaboradas para esquivar a la suegra, a los cuñados y, claro, a su propia familia. Es el que cada octubre dice “este año me voy afuera”, o “no voy a estar para las fiestas, no cuenten conmigo”, como si los demás ansiaran su compañía. Detesta comprar regalos en diciembre y es alérgico a la mayonesa, aunque probablemente se da atracones de maní con chocolate cuando nadie lo ve. No tiene arbolito, y si tiene es uno de esos que vienen armados y miden 20 cm. Suele excusarse de los brindis y las cenas con gente del trabajo, y jamás regala nada que cueste más de $10.

Vengo de una familia íntegramente compuesta por gente Grinch. Mi abuela se queda sola en su casa, mi mamá se pelea con el novio, mi viejo se va a la costa. Nos regalamos vinos, cremas para la celulitis o sobres con dinero, y ponemos buena voluntad para que todo pase lo más rápido posible, sin cursilerías ni rituales absurdos. Sin ir más lejos, el otro día hablé por celular con mi madre y ella fue bien clara:

Madre:
No sé, Elen, qué se yo, es un quilombo, no conseguí nada en la costa así que nos quedamos y ahora tengo que comprar los helados y encima nosotros somos dos y tenemos que llevar un montón de cosas, y el resto van como seis por cada grupo y llevan una ensaladas o un vino. ¡Un vino y van seis! Me estoy volviendo loca, mejor voy a comprar unas gaseosas por las dudas, porque la zorra de la mujer de Carlos va a empezar con que no toma alcohol y que quiere una limalimón me va a romper las pelotas. Ella, ¡que lleva una rusa hecha con jardinera tiene pretensiones!. Viene en la 4×4 y trae una jardinera, bueno, te dejo que una vieja de mierda se me está colando. ¡A Ver señora si se pone en su lugar!!!
(click).

Ahora bien, como no podía ser de otra manera, el Chango es navideño 100%. Todos los años me pide que le compre un arbolito y que lo armemos juntos el 8 de diciembre, compra regalos hasta entrar en default y siempre me organiza giras interminables al estilo “pasamos el 24 en lo de tu vieja y después vamos a brindar con tu papá y nos pegamos una vueltita por lo de la tía Liliana que vive ahí nomás, y el 25 comemos con mamá y a la tarde vamos a comer un pan dulce a lo de la tía Elsa. Después a la noche podemos pasar por lo de mis primos y liquidamos lo que sobró, ¿dale? De paso le llevamos unos juguetes a los nietos de doña Emilia, que me cuidaba cuando era chiquito”.

Yo pataleo, me quejo y me pongo de mal humor. Lo máximo que puedo lograr es respirar hondo y saludar con un nivel aceptable de alegría fingida. Me resigno a adelgazar la billetera por personas que no lo merecen o que ni conozco e intento no caer en un pozo depresivo demasiado profundo por no haber alcanzado ninguno de mis objetivos y seguir varada en la chata mediocridad profesional y económica. Trato de concentrarme en algo bueno que me haya pasado, sin demasiado éxito porque soy naturalmente pesimista, pero me consuelo con saber que todo terminará en un par de semanas y sólo hay que tener paciencia, total es siempre lo mismo.

De hecho, este año también estaba preparada para las discusiones que tenemos tradicionalmente con el Chango sobre su necesidad de brindar hasta con el dentista y pretender arrastrarme con él, y mi agreteamiento estival malaonda. Pero lo del último viernes fue inesperado.

Entro al edificio y en el ascensor veo pegada una tarjeta con un trineo lleno de regalos decorados con brillantina. Divertida, la abro para leer la inscripción. No tan divertida compruebo que dice “Felices fiestas a nuestros vecinos, Chango y Elena, 4to B”.

Espantada, llego a la puerta de nuestro departamento y veo con horror una de esas coronas de pino sintético, con campanitas doradas, un moño rojo y… la cabeza de un reno de plástico.

No quiero entrar, pero lo hago, y el espectáculo es…

Un pino de 1,40m color rosa, decorado con bolitas y más moños al tono, copos de algodón (digo, “nieve”) y una estrella plateada en la punta. En los marcos de las puertas hay guirnaldas, también rosas, y sobre la mesa hay velas perfumadas del mismo color. En un rincón del living encuentro varias bolsas con jabones, aceites esenciales y revistas envueltas en celofán. Me recibe el Chango, con besos y pasitas de uva con chocolate.

Chango:
¡Sorpresaaaaaaa! Me cansé de esperar a que compraras un arbolito y decidí regalártelo yo. ¿Qué te parece? Es todo para vos, para que te guste la navidad. Te despisté con el reno de la puerta, ¿no? ¡Yo sabía! ¡Sos poco festiva! Este año hacemos lo que vos quieras.

Parece que los grinch podemos convertirnos en navideños de vez en cuando… aunque sin exagerar, eh, la tarjeta del ascensor la tiré a la basura, no vaya a ser que mis vecinos que me mojan el balcón cuando riegan las plantas piensen que los estimo.

Felices fiestas, queridos lectores. Comparto con ustedes mi navidad rosa.

Pelusa

19 Dic 2008 En: Diálogos conyugales, Reflexiones y confesiones

¡Qué difícil es mantener el encanto en la pareja! A medida que vamos tomando confianza se van perdiendo los pudores, y mientras crece la intimidad y el amor se hace un poco más reconfortante y menos adrenalínico, sacamos el par de ojotas de cuando íbamos a la pileta de Racing y la remera con estampados fluo de Mickey marca Hering que jamás tiraremos a la basura.

Ya no corremos a cepillarnos los dientes ni bien nos despertamos, sino que nos animamos a besar así, con aroma a.m. y con la modorra cariñosa que nos dan los primeros rayos de sol que se cuelan por las persianas.

Sin embargo, cada uno de nosotros tiene algo que desearía que nunca, nunca viera el otro. Tengo una amiga que adora sacarse los mocos y hacer bolitas, otra que se come las uñas de los pies -hace yoga y es muy flexible-, y otra que le revisa el celular hasta a su madre.

También conozco gente que le ocultó su edad a su pareja hasta que estuvo segura de que la relación iba en serio, y un compañero de trabajo que se levanta a la madrugada para comer maní con chocolate y bombones marroc porque su novia cree que está a régimen y si lo ve lo reta.

En mi caso tengo un secreto oscuro, que me llena de vergüenza y me hace sentir fea, fallada de fábrica, condenada, como si en mi vida anterior hubiera cometido un crimen espantoso y ahora estuviera pagando con este castigo kármico. Y hace años que intento que el Chango no se dé cuenta.

Hoy a la mañana nos levantamos bien temprano, tomamos café y conversamos sobre las vacaciones, el último número de la revista El Amante y lo que haremos el fin de semana. Yo trataba de seguir la charla, pero tenía la mente en otra cosa. Finalmente, a las siete y media lo despedí, y corrí al baño a buscar lo que necesitaba para remediar este defecto imperdonable que padezco desde la pubertad y que aqueja a todas las mujeres de mi familia, del lado de mi mamá y del de mi papá.

Agarré el espejo con aumento y la pincita de depilar y las miré con la desesperación de un diabético al tomar las jeringas con insulina, o la de una cuarentona soltera ante un frasco de tintura rubia. Comprendí que toda mi vida seré presa de esas dos herramientas, pero no me puse nerviosa. El espejo, la pincita y yo tenemos un acuerdo tácito inquebrantable.

Me acerqué al balcón y me coloqué a la luz casi pornográfica del día, y empecé a sacarme los pelitos de la pera. Negros, duros, dios mío, cómo puedo tener esto. A medida que avanzaba con ese trabajo artesanal sentí esa especie de excitación morbosa que provoca lo asqueroso. Sacaba uno, después otro, buscaba en mi cara con la precisión de un radar, pellizcaba, tironeaba con exactitud milimétrica,  miraba cada cardo concentrada y alegre como un enanito minero, borracha del placer que me provocaba saber que pronto todo quedaría suave y yo sería por diez días una mujer normal. Chau pelito, chau pelito chau…

Y en eso escuché el ruido de las llaves. No tenía tiempo de ocultarme, no había escape. El Chango abrió la puerta y me encontró en camisón, con mis amigos depilatorios en la mano y toda la pera colorada.

 
Chango:
¡Qué boludo, me olvidé el celular!
Elena:
Te juro que no es lo que pensás…
Chango:
Qué, ¿la barbeta? No te preocupes, te la ví una vez mientras dormías, no es tan grave. A mí no me molesta, si querés dejate la chivita, yo te amo igual.
Elena:
….
Chango:
Y lo mismo con las axilas, si no querés no te pases la cosa esa eléctrica los miércoles, dejá pasar más días. Bueh, me voy que se me hace tarde, ¡dame un beso puercoespincitolindo!
Elena:
Si le contás esto a tu próxima novia te reviento a piñas.

¡Bienvenidos al nuevo sitio!

17 Dic 2008 En: Pájaro en mano

Hace unos cuantos meses que escribo Pájaro en Mano. Al principio era una excusa para poder quejarme del Chango todo el tiempo y controlar mis nervios, pero después, a medida que iba posteando sobre la vez que quiso lavar la ropa e inundó la casa porque puso el tender en el living y colgó seis toallones sin centrifugar; o cuando me defendió de un malvado kiosquero recoletiense que intentó venderme un pancho roto, me fui enamorando más y más de mi concubino, y decidí que no lo cambio ni por la silueta de Pampita.

Así que el blog fue creciendo también gracias a los lectores que nos visitan, comparten sus historias y ya se encariñaron con el Chango casi tanto como yo. Para ellos y para todos los que están por venir es el nuevo Pájaro en mano

En fin, como verán, sólo tienen que actualizar sus blogrolls y sus readers y acostumbrarse al nuevo diseño, que a mí me gusta mucho. El resto (todos los posts y todos los comments) está acá. Además, es bien fácil: http://masvalepajaroenmano.net y sólo les llevará un par de minutos.

Con el tiempo vamos a ir incorporando cosas nuevas, como hacemos en el sexo y los vamos a mantener entretenidos y felices, como hace el sexo.

¡Pasen y vean!

Sensual novedad

15 Dic 2008 En: Pájaro en mano

Como cuando el Chango se desviste lentamente, empezando por las medias de toalla que liberan a los pies con uñas como púas para seguir por el jogging con rayas a los costados que deja a la vista las piernas musculosas y velludas y continuar por la remera del maratón Carrefour que descubre las curvas más convexas y tentadoras y sugiere que algo verdaderamente bueno está por venir, este post es para avisarles, queridos lectores, que se vienen grandes cosas en Pájaro en Mano.

¡No cambien de canal (todavía)!

Crack

11 Dic 2008 En: Los otros, Reflexiones y confesiones

Todas las rupturas son difíciles.

Primero romper con mamá, darnos cuenta de que ya somos mujeres adultas y podemos tomar nuestras propias decisiones.

Después romper con la gente que nos hace mal pero a la que estamos acostumbrados o con un trabajo que sólo nos trae problemas, para enfrentarnos a una nueva búsqueda.

Y romper con una carrera universitaria que nos tiene a mal traer hace años, nos harta y nos llena de desidia.

O romper con vicios como las gomitas o los pancitos saborizados y entregarnos a las lechugas y los jugos en polvo sin azúcar.

Y ni hablar de una relación amorosa que nos ahoga, nos apaga, pierde sabor y se convierte sólo en un puñado de actividades sistemáticas que encaramos bajo el axioma “es porque nos amamos”, que junta polvo en un estante de la cocina hasta que decimos basta.

Todas las rupturas implican cambios, y todos los cambios dan miedo, nos generan ansiedad e incertidumbre.

Pero aún así le ponemos el pecho a las balas, y después de mucho meditar, luego de noches de vigilia para pensar con desesperación qué es lo que debemos hacer y qué es lo mejor para nosotros, finalmente nos decidimos.

Y rompemos.

Bueno, las cosas no iban bien. No me sentía cómoda hablando con él de mis problemas. La comunicación no fluía. Éramos dos extraños sólo unidos por cuestiones pragmáticas. A mí me quedaba cómodo y a él le convenía económicamente. No más que eso.

Ya no tenía ganas de verlo, ni de hablar con él. Estaba cansada de sentir que le estaba abriendo mi alma a una pared, que a él no le importaba nada de lo que me pasara y que sólo buscaba pasar el rato.

No tenía sentido seguir. Le dije que había aprendido mucho a su lado pero que él ya no estaba en mi futuro. Que ya había sido suficiente y que nada había cambiado desde que empezamos a vernos, y yo ya no tenía más tiempo para darle.

Él me dijo que no me precipitara, que no tomara decisiones en un estado tan emocional, que no entendía mi actitud, que siempre me voy de todos lados, que no sabe de qué me estoy escapando, que reflexione.

Pero yo no lo escuché. La decisión estaba tomada y la ruptura no tenía vuelta atrás.

Ayer corté con mi terapeuta.

Test del Chango (segunda edición)

9 Dic 2008 En: De hombre, El mío

Como dice Mirtha, el público se renueva, y ayer en los comments leí que una lectora pedía un test para evaluar el coeficiente de changuismo de su novio.

Pues bien, para ella y para todos nuestros nuevos lectores llega la segunda edición del Test del Chango.

¡Respondé estas sencillas preguntas para descubrir tu potencial como concubino y tu parecido con el Chango!

1- Cuando te enfermás
a)
Vas al médico.
b) Tomás ibu 400 y tecito Vick.
c) Llorás, llamás a tu chinita a los gritos desde la cama, te quejás todo el tiempo, no la dejás salir porque, claro, se tiene que quedar a cuidarte,  tomás sólo 7up porque tu abuela te dijo que hacía bien, mirás tele y dormís 27 horas.

2- Van a comer a un restaurant. Pedís:
a)
Wok de camarones
b) Raviolones de pollo con salsa scarparo
c) De entrada unas muzzarelitas, pollo al verdeo, unas fritas, un brownie con helado. Te bajás la panera y te tomás tres cocas.

3- ¿Dónde guarda tu concubina las toallas?
a) En un armario del pasillo, donde también están los jabones y el papel higiénico.
b) Cuando necesito una toalla se la pido a ella, por las dudas.
c) No sé, yo dejo las sucias en el piso del baño y al rato aparecen unas limpias colgadas, como en los hoteles.

4- ¿Cómo se hace una milanesa?
a)
Paso la carne (cortada para milanesas, nalga o bola de lomo) por huevo batido con alguna hierba, y después por pan rallado. Luego las horneo hasta que estén doraditas.
b) Las compro hechas en la carnicería y las mando al horno.
c) Es re loco. Digo “¡Qué ganas de comer milanesas!“, y a la noche hay.

5- ¿Cuán seguido lavás los platos?
a)
Siempre, no me cuesta nada.
b) Si ella cocina, yo lavo, aunque a veces la dejo hacer las dos cosas.
c) Cuando la cara de orto de la jefa me lo indica. Por ejemplo los lavé para su cumpleaños y una vez en agosto 2007.

6- Tu domingo perfecto consiste en:
a)
Dormir hasta las 10, hacer un brunch tranqui y dedicar la tarde a leer. Tipo 7 ir al cine y después comer algo rico en un restó piola.
b) Fideos caseros en lo de la vieja y hacer la digestión en el sillón hasta las 5 de la tarde.
c) Facturas y el diario en la cama, ravioles en la cama, siesta en la cama, película en la cama, p*te en la cama.

7- ¿Cuál es el programa preferido de tu concubina?
a)
Ugly Betty los miércoles a las 21 y a veces Grey’s Anatomy de Sony,  más los clásicos como Seinfeld. También ¡No te lo pongas! en home&health, o algo de El Gourmet… mira un poco de todo.
b) Mayormente miramos series juntos y después las comentamos.
c) Qué casualidad, ¡a ella le gusta justo todo lo que yo miro, de hecho siempre me deja el control remoto!

>> Resultados

Mayoría de respuestas a): 0% Chango
Sos un tipo fuera de lo común. Tu concubina jamás te va a dejar ir, aunque corrés el riesgo de que, harta de tanta perfección, te engañe con un plomero fogoso y carnívoro que le mande mensajes de texto con groserías.

Mayoría de respuestas b): 50% Chango
Sos bastante normal. El balance perfecto entre masculinidad moderna y masculinidad clásica. Le gustás tanto a las chicas de barrio como a las jóvenes profesionales. Usás camisas de colores claros y te estás quedando un poco pelado, pero si te dejás la barba de tres días las chicas te miran con otros ojos.

Mayoría de respuestas c): 100% Chango
¡Felicitaciones! ¡Sos re chango! Sos un monstruo infame y le complicás la vida a tu mujer, que encima de laburar como una mona te tiene que cuidar a vos. Lo bueno es que a ella le encanta y siempre, siempre te va a hacer esos sanguchitos tostados que tanto te gustan. Ni te molestes en cambiar, porque si sos demasiado autosuficiente, ella va a pensar que ya no la necesitás y que seguro la estás cagando.

Oh La Lá diciembre

5 Dic 2008 En: Pájaro en mano

011220083851 Chicos, ¡ya salió la revista  Oh la lá de diciembre!

En este número hay un montón de notas deliciosa, casi morbosamente femeninas pero la que más les recomiendo es:

Descorche empresarial
Cómo disfrutar de las fiestas corporativas sin arruinar tu reputación

Ya está. Ya recibiste el mail con la invitación. Dentro de quince días es la fiesta de fin de año de la empresa y se te vienen a la memoria escenas memorables. Como cuando tu jefe le propuso casamiento a su asistente adelante de su esposa y las dos terminaron a los bifes. O cuando una de las contadoras le bajó los pantalones al de servicio técnico en medio de la pista de baile y dejó a la vista un slip bordó con arabescos. O cuando una loca descontrolada agitó una botella de champán y empapó a todas las gerentas como si hubiera ganado una carrera fórmula 1… Ah… cierto, esa habías sido vos.  ¿Te estás preguntando si hay alguna manera de zafar? La respuesta es no.

El resto, que se pone cada vez mejor, lo pueden leer en la revista impresa o en unos días en la web de  Oh La Lá!

Voraz

3 Dic 2008 En: El mío, Reflexiones y confesiones

El Chango siempre dice que lo seduce cuando una mujer come con gusto y sin culpas. Dice que alguien que puede disfrutar de una grande de muzza será igualmente capaz de disfrutar del sexo más apasionado.

Y creo que tiene razón. Los hidratos de carbono son un pasaje directo a un placer absoluto, igual de primitivo que el coito o una felación.

Cuando comemos, todos nuestros sentidos se fusionan para provocarnos las sensaciones más intensas, más emotivas. De la misma manera, cuando tenemos sexo comprometemos nuestro cuerpo entero en un sinfín de movimientos mágicos que ponen en juego caricias, aromas, sabores, suaves sonidos, sombras sugestivas.

Para que se den idea de cómo es el Chango en la intimidad, me basta con describir cómo fagocita un alfajor cachafaz de los que conseguimos en cualquier kiosco.

1- Coloca el alfajor durante 15 minutos en la heladera. Esto le dá una textura más consistente y un sabor sutil y refinado, además de evitar pegotes en los dedos del comensal.
2-
Lo retira de la heladera y lo coloca, sin papel, en el centro de un platito de postre. Toma un chuchillo y se sienta a la mesa.
3-
Posiciona el alfajor de manera vertical, como si fuera una rueda de delicioso chocolate.
4- Procede a rebanar una de las tapitas con total cuidado y la come de a poco, saboreando cada bocado.
5-
Repite la operación con la tapita restante con la precisión de un cirujano. Se asegura de estar retirando con este procedimiento la mayor cantidad de masa posible y come, ahora con un poco más de excitación.
6-
Se pasa la lengua por los dientes para retirar los rastros de masa y chocolate y se chupa los dedos por la misma razón. Lame el cuchillo.
7- Ha llegado el momento. En el platito sólo hay un disco sólido de dulce de leche alfajorero. Murmura “hmmmbebéeee“. Lo toma entre sus dedos, lo huele y lo mira con devoción, hasta que finalmente le da un mordisco. Suspira y gime despacio mientras el manjar se derrite en su boca. Continua hasta terminar. Gime nuevamente. Sonríe.
8- Después de unos instantes, suele volver a la heladera en busca de otro alfajor, porque con uno no le alcanza. Repite desde el paso 2.

Y si, señores. El chango es un hombre que le pasa el pancito a la vida.

Brindo por él.

Sobre este blog

Basta de blogs de ingratas minas solas. ¡Estar felizmente en pareja es mucho peor! elenapaoloni@gmail.com